Playas de Papagayo: cuando la roca, la arena y el océano dibujan un paisaje soberbio

Descubrimos las playas (porque son varias) más bonitas de Lanzarote

Noelia Ferreiro
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Foto: Bogdan Lazar / ISTOCK

Dicen que Lanzarote guarda similitudes con Marte, acaso por ese paisaje rojizo que le confiere su naturaleza telúrica. Aceptamos la comparación, si bien remarcamos un dato a favor de nuestra isla afortunada: ya le gustaría al planeta rojo contar con lo que se ha bautizado como Playas de Papagayo, un lugar convertido en un mito al que muy pocos arenales han conseguido eclipsar.

Playas de Papagayo, Lanzarote | ThomasFluegge / ISTOCK

Asentado en el sur de la isla, los dos kilómetros de calas (porque son varias) que reciben este nombre genérico condensan el baño más apetecible de la más cinematográfica del archipiélago canario. Un deslumbrante paisaje de roca, arena y océano, en el que se materializa la sensación de aislamiento, soledad y silencio que solo propicia la naturaleza.

Playas de Papagayo, Lanzarote | jcfmorata / ISTOCK

Origen volcánico

Papagayo forma parte del Monumento Natural de Los Ajaches, un macizo volcánico de más de tres mil hectáreas que combina picos elevados de hasta 560 metros (La Aceituna, la Hacha Grande y la Hacha Chica), con barrancos y acantilados que se precipitan al mar.

Playas de Papagayo, Lanzarote | Flavio Vallenari / ISTOCK

Debido a esta fisionomía, las aguas de color esmeralda se colaron por sus recovecos, alumbrando un conjunto majestuoso que alterna roquedales volcánicos con abanicos de arenas doradas. Papagayo se abre a sotavento, lo que significa oleaje en calma, resguardo de los vientos alisios y bronceado asegurado.

La trayectoria del sol

¿Pero por qué son las playas más célebres? Más allá de su entorno idílico, lo curioso es que, al estar en una punta, permiten que podamos asistir tanto a la salida como a la puesta del sol. Caleta del Congrio, la más expuesta al mar de fondo, es testigo del amanecer, mientras que el atardecer es patrimonio de la más fotogénica, la Caleta del Papagayo, con el marco de Fuerteventura y el islote de Lobos a lo lejos.

Playas de Papagayo, Lanzarote | LUNAMARINA / ISTOCK

En todas es su carácter salvaje el que las confiere una belleza única. Estas playas, a las que se accede por un camino de tierra y donde que hay que pagar por vehículo puesto que es un espacio protegido, carecen de servicios. Nada de tumbonas, ni de sombrillas, aunque, eso sí, existe un popular chiringuito, emplazado sobre un risco y con vistas espectaculares.

Bañarse o tomar el sol

Hay que buscar los pequeños recovecos que se ocultan en estos parajes para disfrutar de unas aguas que destacan por su extrema calidad. Su transparencia y su intenso color azul caribeño, matizado de múltiples tonos, convierte a Papagayo en un auténtico paraíso para los buceadores.  

Playas de Papagayo, Lanzarote | LUNAMARINA / ISTOCK

A ello contribuye la siempre magnífica climatología del sur de Lanzarote, donde el mar aparece como un plato y el sol brilla casi todos los días. Por su extensión, los niños disfrutan de un seguro esparcimiento, mientras que los más aventureros se entregan a la práctica deportiva y los más relajados gozan de broncearse sin piedad o de emprender apacibles paseos. En ellos, siempre reinará el silencio, tan solo perturbado por el murmullo del Atlántico.

Playas de Papagayo, Lanzarote | LUNAMARINA / ISTOCK

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