De A Palma a A Nogueirosa, por tierras del golfo Ártabro

Entre el castillo de A Palma y el de A Noguirosa, en Galicia, se despliega el Golfo Ártabro, al que los romanos llamaron Portus Magnus Artabrorum. Este entorno fascinante fue tierra de ártabros, aquellos celtas navegantes que aquí se asentaron.

Irene González
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Foto: Ramonespelt / ISTOCK

El golfo Ártabro es una de las zonas gallegas más bellas. Está cuajada de magníficas villas asentadas al borde del mar, que gozan de un clima suave y de unas playas recogidas. Este golfo, al que los geógrafos romanos llamaron Portus Magnus Artabrorum, recorre uno de los litorales más fascinantes y con un encanto irresistible. Desde el castillo de A Palma al Castillo de A Nogueirosa, viajamos por tierras del Golfo Ártabro, de una riqueza paisajística sensacional, no en vano, muchos tramos han sido declarados Paraje Pintoresco. El golfo Ártabro forma un arco marítimo que acoge las rías de A Coruña, Ares, Betanzos y Ferrol, una increíble comarca natural donde el mar es el protagonista. Son parajes donde vivían, antes de la invasión romana, los ártabros, aquellos celtas navegantes que se asentaron en esta zona. Al parecer, hasta aquí llegaron por mar y, fascinados por la hermosura de este litoral, se asentaron en las márgenes de las cuatro Rías Altas.

A Coruña, Betanzos, Ares y Ferrol son las espléndidas bahías donde encuentran su destino final los ríos Mero, Mandeo, Eume y Xubia. Juntas configuran este paraíso donde el mar disuelve los colores azules marinos en la arena de la playa. El recorrido por el golfo Ártabro arranca en la Real Villa de Mugardos y su cercano castillo de A Palma. El objetivo de esta atalaya del siglo XVI era defender la ría de Ferrol de buques enemigos, así que ofrece unas vistas excelentes. Muy cerca se alza el faro, con sus inmejorables vistas. Imprescindible subir por el revirado camino de Montefaro de Ares por su panorámica que ofrece de la fértil península, y por el medieval monasterio de Santa Catalina de Montefaro, una joya del siglo XIV. Y cerca, Ares, donde se entremezclan casas modernas y antiguas, algunas con un característico estilo judío. Al parecer, una importante colonia hebrea se estableció en Ares huyendo de la persecución de los Reyes Católicos.

Y se asentaron en la orilla del mar, en el barrio de O Porto, para trabajar en el comercio de la sal. La importancia de esta colonia era tan grande que, caso raro en Galicia, tenía su propia sinagoga. Y más adelante, Redes, la pequeña población indiana, que cautivo a Pedro Almodóvar y que la convirtió en plató de cine para rodar Julieta. Un poco más allá, Cabanas, donde la gran protagonista es la playa A Madalena, que domina toda la ciudad con su más de un kilómetro de arena dorada, y sus aguas cristalinas. Hasta alcanzar Pontedeume, paso histórico en las tierras de As Mariñas y puerta de entrada al Parque Natural das Fragas do Eume. Cerca, el castillo de Nogueirosa, también conocido  como el castillo de los Andrade. Esta antigua fortaleza medieval, levantada sobre una antigua fortificación del siglo XII, es Bien de Interés Cultural. Según las leyendas, el castillo estaba comunicado con el Palacio de los Andrade en pleno Pontedeume por un pasadizo secreto de unos tres kilómetros de largo.

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