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Palermo fuera de temporada: mercados coloridos y cultura viva en el corazón de Sicilia

La capital de Sicilia es una opción fantástica para descubrir por qué la cocina italiana se ha convertido en patrimonio cultural por la UNESCO. A sus temperaturas suaves en pleno invierno, se suman unos mercados callejeros que nos permiten tomar el pulso de una de las mejores ciudades del mundo para practicar el street food.

Los mercados de Palermo fuera de temporada: disfruta del mejor street food.

Los mercados de Palermo fuera de temporada: disfruta del mejor street food. / Istock / Paolo Gagliardi

A los martillos neumáticos que resuenan en cada rincón de la ciudad se unen los gritos de los vendedores ambulantes que ofrecen spremuta a un euro. En cada puesto de fruta y verdura se dan cita todos los pantones posibles. Si no encuentras aquí un color, es que no existe. Y los olores son difíciles de definir o de clasificar, puesto que entran en nuestras fosas nasales con una virulencia similar a la que ha mostrado el Etna, despertando para dar la bienvenida al 2026. Palermo es ciudad de extremos, de caos, de ruido, de un carpe diem continuo. Y, a esto, se suman unas temperaturas en invierno que la convierten en un paraíso sin las multitudes que visitan la ciudad cuando los cruceros atracan de forma ininterrumpida en el puerto de Palermo y los termómetros no bajan de los 40 grados.

Mercados de Palermo: descubriendo la capital de Sicilia a bocados.

Mercados de Palermo: descubriendo la capital de Sicilia a bocados. / Istock / poludziber

Cuando se habla de comida callejera, el viajero se traslada a esos mercadillos del Sudeste Asiático que son un paraíso para los amantes del street food. Pero, a veces, no hace falta irse tan lejos. A menos de 3 horas en avión desde España, nos encontramos con un paraíso gastronómico que, desde diciembre del pasado año, ha sido declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO: la comida italiana. Y, en los mercados callejeros de Palermo encontramos la mejor muestra de ello. Un diamante en bruto, sin pulir, en el que no solo vamos a poder gozar de platos icónicos, sino de toda una tradición culinaria, con sus rituales y la forma de cocinar y compartir comida.

Llamada Ziz por los fenicios en el año 734 a. C., por Palermo han pasado cartagineses, romanos, bizantinos, normando y árabes. Quizá, de estos últimos, han sacado los palermitanos su vena comercial. Como si estuviéramos en algún zoco de Tarudant, los mercados callejeros de la ciudad son una muestra de cultura viva en el corazón de Sicilia. Desde el mercado de Ballaró, el más antiguo de la ciudad hasta el de pulgas en la plaza Peranni, vamos a descubrir todo lo que ofrecen tanto al palermitano, que los sigue frecuentando a diario como parte de su rutina, como al viajero que se deja envolver por los gritos, la música y ese carácter arrabalero, pero acogedor de los vendedores ambulantes.

Puestos de fruta y verdura en el corazón de Sicilia.

Puestos de fruta y verdura en el corazón de Sicilia. / Istock / Richard Clark

Ballaró: el mercado más antiguo de Palermo

En pleno centro histórico de Palermo, en el barrio de Albergheria, el intrincado laberinto de calles medievales cobra vida desde primera hora de la mañana. Los toldos se despliegan y, en las zonas más estrechas, apenas dejan pasar la luz (o la lluvia, si es uno de esos días que amanece lluvioso). Las basuras que no han sido recogidas se amontonan en las esquinas y las cajas de plástico sirven como borriquetas de tablones que ofrecen la mejor mercancía. Estamos en el mercado de Ballaró, el más antiguo de la ciudad y en funcionamiento desde el siglo X durante el dominio árabe. Su nombre deriva del término Suq al-Balhara y en él, como antaño, se sigue poniendo en práctica la abbanniata, un canto en dialecto siciliano para atraer clientes.

Hoy se encuentra en lo que se considera el centro, justo detrás del palacio de los Normandos y la Porta Nuova, que data del XVI. Y, precisamente esta puerta es la que daba acceso al interior de la ciudad, dejando fuera de las murallas fenicias al propio mercado de Ballaró. De esta manera, los comerciantes no pagaban impuestos y había luz verde para entrar y salir del mercado a cualquier hora, mientras que las puertas de la villa se cerraban a cierta hora y, desde ese momento, no se podía entrar ni salir.

La abbanniata es un canto en dialecto siciliano para atraer clientes.

La abbanniata es un canto en dialecto siciliano para atraer clientes. / Istock / Radiokukka

La Vucciria: el mercado más famoso

A poco más de un kilómetro de Ballaró y atravesando partes de la ciudad que todo viajero debe visitar (como la via Maqueda o la intersección que forman los Quattro Canti) llegamos a La Vucciria, el mercado callejero más famoso y ‘decadente’ de Palermo. De origen medieval, con el paso de los años ha ido perdiendo la parte de mercado tradicional y hoy en día se ha convertido más en una zona de ocio y street food en la que los palermitanos se reúnen al caer la tarde.

Magistralmente reflejado en la mítica obra homónima del pintor siciliano Renato Guttuso, el nombre del mercado ‘Vucciria’ deriva del francés boucherie, que significa carnicería, mientras que en dialecto palermitano significa confusión, una palabra muy adecuada para definir todo lo que La Vucciria tiene que ofrecer.

Calles estrechas, con ropa tendida en el corazón de Palermo.

Calles estrechas, con ropa tendida en el corazón de Palermo. / Istock / PapillencePhoto

Los puestos de fruta y verdura o de carne conviven junto a los de ropa con vistosos estampados de limones (sicilianos, ¡cómo no!) que vendedoras africanas ofrecen como souvenirs a los turistas. También hay imanes que captan la atención de quien busca algo que llevarse a casa más allá de especias o una bolsa con el nombre de Sicilia bordado, pero con una etiqueta en la que se puede leer ‘made in Bangladesh’.

Pasear por los mercados callejeros de Palermo fuera de temporada y antes de que arranque la primavera es un lujo. La ciudad, que anda por debajo de los 700 000 residentes, muestra su cara más auténtica en el mercado del Capo. A un paso del teatro Massimo y entrando por la via Porta Carini, este mercado se despliega a lo largo de la via Sant’Agostino, escoltado por numerosas iglesias que, tras una fachada de lo más austera, esconden verdaderas joyas del barroco siciliano, como en la de Santa Ninfa dei Crociferi.

El mercado del Capo se encuentra a un paso del teatro Massimo.

El mercado del Capo se encuentra a un paso del teatro Massimo. / Istock / Flavio Vallenari

Mercados de Palermo: compras del día a día

El mercado del Capo tiene su origen, como el de Ballaró, en época árabe y hoy sigue, como antaño, ofreciendo fruta, verduras, especias, pescado y productos artesanales. Los precios ajustados hacen que sea frecuentado por los palermitanos en su día a día. Y aquí, entre arancini y pane ca meusa, compran, charlan y comen con una banda sonora de lo más ecléctica: mientras que Bad Bunny resuena por unos altavoces con luces, algunos vendedores se desgañitan poniendo en práctica la abbanniata, más por añadir decibelios al mercado que por captar público.

Ballaró, La Vucciria y el Capo son los principales mercados callejeros de la ciudad, pero no son los únicos. En el barrio de Montepellegrino se encuentra el mercato Ortofrutticolo, que cuenta con la mayor oferta mayorista de frutas y verduras de Palermo o, el mercato dei Lattarini, antiguo mercado árabe de especias en el barrio de Kalsa, que está ganando popularidad entre los jóvenes que lo han convertido en su SoHo particular.

Kalsa, el SoHo palermitano.

Kalsa, el SoHo palermitano. / Istock / Dragoncello

Y, como no todo va a ser comer, el viajero que busque antigüedades o verdaderas joyas, no debería perderse el Delle Pulci. Este mercado de pulgas situado en el centro de la ciudad es muy pequeño, pero esconde tesoros siempre que se tenga paciencia y se sepa rebuscar entre objetos de lo más estrafalarios. Y, cuando el viajero se alce con su trofeo soñado, es momento de celebrarlo, volviendo a cualquiera de los mercados callejeros en los que llevarse a la boca alguna de las especialidades locales que bien le han valido a la comida italiana su hueco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Bona manciata!