Paisajes y oficios de antaño en Alt Urgell

El Alt Urgell es una de las comarcas mayores de Cataluña: dobla a la vecina Andorra. Pero es también de las más desconocidas. Iglesias románicas, pueblos montaraces y la memoria de viejos oficios se combinan con una calidad de vida fuera de lo común.

Carlos Pascula

Aparentemente, su estructura resulta simple: el río Segre, al que escolta como una inseparable carabina la carretera C-14, forma el eje central de la comarca, con paisajes que se estrechan o dilatan a capricho. Pero el verdadero país queda oculto detrás de esa trinchera. El Segre recibe, por un flanco y otro, dos docenas largas de ríos abismados en su vaguada correspondiente. Donde parecía acabar todo, siguiendo el hilo de alguno de esos cauces tributarios, se abre de pronto un valle insospechado, como un Shangrila risueño, extemporáneo.

Constelación románica
Con todo, esa geografía arrugada como un trozo de papel, engañosa, interminable, no constituye el único ni el mayor de los secretos del Alt Urgell. Los acogedores pueblos de piedra seca y tejados de pizarra lo mismo ocultan una preciosa joya románica que una masía equipada con todo lujo y confort. En las bien surtidas mesas de las casas de pagés se conjuntan perfectamente los sabores tradicionales de la tierra con la más inesperada sofisticación. La vida rural, apacible y sencilla, no desdeña el entusiasmo de jóvenes deportistas que tocan todos los palos.

Una de las cosas más sorprendentes del Alt Urgell es su arquitectura tradicional, y sobre todo sus importantes vestigios románicos (no sólo iglesias, también obra civil o militar, como puentes o torres de defensa). Se ha bautizado como "Vía románica" a una magnífica constelación de templos que desde el Rosellón francés, pasando por la Cerdanya, llega hasta el Alt Urgell y se prolonga por la Ribagorça y el Pirineo aragonés. Sólo en la comarca o veguería urgelina son más de un centenar los pecios románicos.

Algunas de sus iglesias cuentan con unas hermosas torres que recuerdan el porte elegante y clásico de las de Tahull (Bescarán, Valldarques, Castell-llebre, Coll de Nargó); otras tienen unas insólitas torres redondas (Ars, Gavarra), y casi todas (incluidos los ejemplos mayores de San Miguel y la Catedral de La Seu d''Urgell) siguen ese estilo llamado lombardo que propició, sobre todo, el obispo Ermengol en los albores del siglo XII.

A esa riqueza del románico hay que sumar otro aspecto: el de los oficios de antaño (ruta dels oficis d''ahir), que se pueden admirar y descubrir en pequeños museos o instalaciones (muy desiguales, todo hay que decirlo: a veces sólo se justifica la visita por el placer de sumergirse en alguno de aquellos valles o paisajes impagables). En la villa de Oliana, un pozo de hielo recuerda una industria no por artesana menos ambiciosa: los bloques de hielo que se embarcaban en Mataró, por ejemplo, llegaban hasta Cádiz, y Noruega exportaba su frío a Londres, Túnez o Brasil (?973 47 05 73 y 629 30 03 68).

En Coll de Nargó, una ermita románica aloja un museu dels raiers, almadieros o navateros que sacaban la madera del Pirineo a través de los ríos (?973 35 09 78). En Montferrer, a las puertas de La Seu d''Urgell, una harinera de 1911 (que funcionó hasta bien entrado 1963) conserva intacta toda su maquinaria (? 973 35 13 43). Lo mismo que la fábrica de lanas junto a Pont de Arsèguel; sólo que ésta sigue aprovechando la fuerza del río Segre para mover todas sus turbinas, y una familia continúa tejiendo de manera artesanal mantas, bufandas o calcetines (?973 38 40 09).

Villas entre escarpados paisajes
También merece la pena adentrarse por esa carretera hasta Ansovell, donde Artur Blasco ha reunido una colección fabulosa de acordeones diatónicos (es decir, sin semitonos) que rinde homenaje a otro oficio lúdico: el de los músicos que alegraban las fiestas y las horas felices (? 973 38 40 87).

Muy cerca de La Seu d''Urgell, pero encaramado en el risco de Calbinyá, otra familia ha dispuesto un minúsculo museo del pagés (Cal Serni. ?973 35 28 09). También es apenas un memorial lo que se ve en Tuixèn, dedicado a las trementinaires o yerbateras que anavan pel món ("recorrían mundo") con sus hierbas y sus remedios caseros, en salidas que podían durar unos días o meses, y que sólo se extinguieron durante la pasada década de los 80 (?973 37 00 30); el viaje hasta Tuixén se justifica por lo espectacular del paisaje, los valles que bordean el Parque Natural del Ca dí-Moixeró, con pueblos tan preciosos como Adraén o Fórnols, donde siempre es posible encontrar y degustar un buen guiso de jabalí, abatido por allí cerca.

Laberinto medieval
Todos estos hilos temáticos se trenzan de manera admirable en la capital comarcal, La Seu d''Urgell. Una ciudad cuyo urbanismo de origen romano se ve camuflado por un laberinto medieval de pasadizos y soportales (buen escondrijo para judíos, herejes cátaros y, más que nada, frioleros comunes). La catedral románica, sin adulteración de otros estilos, aloja en su claustro un museo sorprendente, cuya "estrella" es un beato (o comentario al Apocalipsis, del siglo X) magníficamente arropado y presentado con un audiovisual explicativo. El pulso de los días antiguos es algo que sigue vibrando, sobre todo en el mercado semanal, al que acuden recoveros y pageses a vender sus huevos, sus embutidos y quesos, sus hortalizas, las setas recogidas y conservadas, las mieles, confituras o jabones elaborados en casa. La nostalgia, en esta ciudad y en esta comarca, no tiene nada que ver con el pasado: es algo que sólo llega cuando uno tiene que alejarse de allí.

Paraíso para deportistas
Sería un error pensar que la comarca catalana del Alt Urgell está volcada sobre el pasado: todo lo contrario. La calidad de vida es muy alta, las masías y casas de pagés (clasificadas por espigas o por un TRAU -una reja forjada típica, que sirve de anagrama a Turismo Rural del Alt Urgell-) son tan abundantes como confortables. Para los deportistas, el Alt Urgell es un terreno privilegiado: a las pistas de esquí de la vecina Andorra se suman las estaciones de esquí nórdico de Tuixén y de Sant Joan de l''Erm; el Parc Olìmpic del Segre, en La Seu, vale tanto para piragüistas como para paseantes, y aloja un centro BTT; el campo de golf de Aravell tiene como soberbio telón de fondo las nieves del Cadí; la caza y la pesca, en fin, tienen aquí un verdadero paraíso. Información: www.lleidarural.info