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Entre palacetes y vida marinera: 48 horas para conocer los lugares más icónicos de Getxo

A doce minutos de Bilbao y a la orilla del Cantábrico, Getxo esconde una de las propuestas de viaje más desconocidas (y completas) del norte de España: acantilados de millones de años, palacios de la belle époque, pintxos marineros y el puente colgante más antiguo del mundo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Un pueblo marinero del norte de España que ya deberías conocer.

Un pueblo marinero del norte de España que ya deberías conocer. / Istock

Aristocrática, sofisticada y residencial, esa es la imagen que Getxo da al llegar; un municipio marcado por su carácter marinero que a día de hoy se ha convertido en un epicentro lujoso, moderno y codiciado en los alrededores de Bilbao. Y es que, a escasos minutos del centro de la capital, Getxo recibe a viajeros y visitantes con una imagen imponente: es el lugar donde la ría se abre paso hacia el mar abierto y una de las áreas con más poder adquisitivo –especialmente su barrio de Neguri, considerado una de las zonas residenciales más exclusivas–, no del País Vasco, sino de España.

Vista panorámica de Getxo

Vista panorámica de Getxo / iStock

De tradicional a elitista

Con la pesca como fuente de sustento, la industria –especialmente, la explotación del hierro, la siderurgia y el desarrollo de grandes navieras– y la ría como vía de conexión, Getxo comenzó a crecer entre los siglos XVIII y XIX de la misma forma que aumentaba el valor estratégico de la desembocadura de su ría. Y es que la industrialización de Vizcaya, junto a la consolidación del puerto de Bilbao como uno de los motores comerciales más importantes del norte, generaron una nueva clase social; una burguesía poderosa y cosmopolita que necesitaba estar cerca de sus negocios, pero lejos del humo, el ruido y de la ciudad industrial. Así es como surgió Getxo, un lugar donde a finales del siglo XIX comenzaron a establecerse estos ciudadanos convirtiendo para siempre estas villas marineras en un lugar exclusivo plagado de villas señoriales cerca del mar –con una arquitectura que se inspiraba en Inglaterra–, jardines amplios y un urbanismo planificado provocando que Getxo dejase de ser un conjunto de pueblos para convertirse en un escaparate de estatus social.

La ciudad del País Vasco considerada una de las más bonitas del mundo tiene casas de colores, muralla medieval y unos pintxos exquisitos

Adriana Fernández

A medida que crecía el municipio, toda la zona comenzó a dividirse en diferentes barrios con identidad diferenciada: el de carácter elitista perduró en Neguri; Las Arenas y Romo, se convirtieron en las áreas más residenciales y comerciales; la esencia marinera, con su barrio tradicional y su Puerto Viejo se mantuvo en Algorta; y Andra Mari, se consolidó como un lugar de chalets y caseríos. Este es el contraste que todavía a día de hoy forma parte de Getxo, un territorio que combina un entorno natural privilegiado con una historia fuertemente enraizada a lo local y su cercanía a Bilbao, convirtiéndolo en una alternativa estupenda para tomarlo como base y recorrer esta parte de Vizcaya.

Puente Colgante

Puente Colgante / iStock

Entre patrimonio y naturaleza

El icono más reconocible de Getxo –y de la Revolución Industrial sufrida en esta zona– es, posiblemente, el Puente de Vizcaya, más conocido como el Puente Colgante; un puente-transbordador diseñado en 1893 por el arquitecto vizcaíno Alberto de Palacio y Elissague (discípulo de Gustave Eiffel) que cruza el río Nervión uniendo Getxo con Portugalete. Diseñado bajo una técnica tradicional de construcción metálica del siglo XIX, este fue el primer puente del mundo que permitió, simultáneamente, el paso de navíos por el río y el transporte de pasajeros y vehículos de una orilla a otra, gracias a una barquilla suspendida; motivo por el cuál en 2006 la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad. Otro de sus legados históricos se encuentra en las Galerías de Punta Begoña, uno de los edificios más significativos del País Vasco en el siglo XX; una estructura que originalmente se construyó como muro de contención para la protección del acantilado pero que terminaron por convertirse en lugar de ocio y paseo para la burguesía de la época. Hoy, más de 100 años después, este antiguo complejo está siendo rehabilitado como espacio cultural y realiza visitas guidas para todo el que quiera conocerlo a de primera mano.

Puerto Viejo de Algorta

Puerto Viejo de Algorta / iStock

Sin embargo, además de sus símbolos históricos, el atractivo de Getxo reside también en descubrir su historia más local. El paseo marítimo que une Las Arenas con el Puerto Viejo de Algorta permite a los viajeros conocer la esencia de una zona que se ha mantenido cuasi intacta, su barrio de pescadores, desde donde salían los marineros al mar a seguir el rastro de las ballenas. Este es uno de los lugares más auténticos del municipio, con sus calles empedradas, sus casas encaladas con puertas y ventanas pintadas en colores marineros y sus tabernas locales, donde probar algunos de sus pintxos más locales, como sus rabas, los pimientos rellenos de bacalao, sus bígaros o los boquerones, o platos de pescados a la parrilla, un bocado indiscutible con vistas al mar Cantábrico.

Más al norte, los acantilados de Punta Galea ofrecen al viajero la imagen más salvaje y natural de Getxo, una visita indispensable para conocer uno de los monumentos naturales más importantes del norte de España, las formaciones geológicas del Flysch. Marcada por una historia de más de cien millones de años de antigüedad, cuando esta zona de la tierra se encontraba sumergida bajo el mar a 1.500 metros de profundidad, aparece a lo largo de una ruta de seis kilómetros que arranca en Getxo, junto al molino de Aixerrota, y recorre la costa hasta Sopela, una de las excursiones más espectaculares de la zona en la que se pasean acantilados de hasta 80 metros de altura. En este recorrido, los senderistas podrán conocer de primera mano el resultado visible de la acumulación de sedimentos en el fondo marino que ha dado lugar al conocido Flysch: una sucesión de estratos multicolores que emergen verticales del mar como las páginas de un libro de historia de la Tierra. Una de las paradas más interesantes se encuentra en la playa de Gorrondatxe-Azkorri, donde uno de los estratos lleva incrustado el llamado clavo de oro, uno de los 75 estratotipos reconocidos en todo el mundo, que marca el límite geológico entre el Cretácico y el Terciario —el mismo periodo en que se extinguieron los dinosaurios—. Una distinción que convierte a Getxo en un lugar único de referencia mundial para la ciencia geológica.

Hotel Palacio Arriluce

Hotel Palacio Arriluce / Palacio Arriluce

La belle époque vasca

Rodeado de palacetes, mansiones y villas pertenecientes a la burguesía vizcaína de la época, el paseo de Neguri es algo que tampoco hay que perderse. Aquí aparecen edificios de arquitectura renacentista, modernista, inglesa, francesa, neogótica y ecléctica; construcciones imponentes que compiten en originalidad y tamaño a lo largo de todo el litoral. En su mayoría privadas, estos edificios lamentablemente no permiten la visita a su interior a menos de que te alojes en uno de ellos, como Palacio Arriluce, uno de los grandes iconos de la zona. Construido en 1912 por encargo del Marqués de Arriluce, tras una rehabilitación de tres años, este imponente edificio de sillería neogótica ubicado sobre el acantilado se ha convertido en el primer hotel cinco estrellas lujo del País Vasco y en uno de los alojamientos más singulares del norte de España.