El país más infravalorado de Europa es también uno de los más baratos: castillos medievales, lagos irreales y Patrimonios de la Humanidad
A la hora de viajar, lo mejor es abrir la mente para conocer lugares nuevos como este precioso país olvidado de Europa.

Viajar por el que llaman el Viejo Continente es una auténtica aventura que puede convertirse en la experiencia de una vida o en una búsqueda de lo más popular, algo que cada vez va perdiendo más interés. Francia, Alemania, Italia, Turquía o Grecia son algunos de los países más visitados de Europa -junto con España-. Sus monumentos más famosos reciben millones de turistas cada año que olvidan el encanto y la importancia de otros países como Rumanía.

Quizá no aparezca en la lista de destinos a visitar de muchas personas, pero debería. Tanto por su patrimonio y gentes como por su naturaleza y gastronomía. Es un país con un folclore y unas tradiciones fascinantes, repleto de misterio, leyendas y belleza. Es una de las joyas ocultas más valiosas del continente, que sorprende a todo aquel que se decide a visitarlo. Si todavía no sabes a dónde viajar este año, decídete por esta maravilla del este de Europa.
Un recorrido por la olvidada Rumanía
Rumanía cuenta con varios puntos imprescindibles, comenzando por su capital, Bucarest, con un enorme contraste entre la arquitectura comunista, los barrios históricos y la vida más urbanita. No puede faltar una visita al monasterio de Snagov, rodeado por un lago y unos jardines idílicos. Aquí se dice que está enterrado el príncipe Vlad Tepes, quien, según la leyenda, había sido la inspiración de Bram Stocker para escribir 'Drácula'.

La ciudad de Targoviste es otra parada obligatoria, bañada por el río Ialomita, alberga el Museo del Comunismo y la Corte Principesca donde vivió Vlad Tepes. Muy cerca está también la Torre Chindia que él mismo mandó construir. Si hay una región que cabe destacar es la de Transilvania. Protegida por los gigantescos y preciosos montes Cárpatos, se considera una de las regiones naturales más bellas de Europa.

Sinaia es "la perla de los Cárpatos", un pueblo desde donde contemplar unas vistas impresionantes sobre el Parque Natural de Bucegi. Al lado se ubica el castillo de Peles, que mandó construir Carlos I de Rumanía. Después, la carretera Transfagarasan, que solo puede recorrerse entera en los meses más cálidos del año. En los más fríos, se pone a disposición de los visitantes un teleférico que conduce hasta el lago glacial de Balea, Vidraru.

Allí mismo, después de subir casi 1.500 escalones, aparece el famoso Castillo de Poenari, la verdadera fortaleza del Conde Drácula que hoy se encuentra en ruinas. También destaca el pueblo de Viscri, con un tamaño muy pequeño pero que alberga un Patrimonio de la Humanidad muy especial: la iglesia Blanca, alrededor de la cual se construyó el resto del pueblo y desde donde se observa todo el paisaje, al encontrarse en lo alto de una montaña.

Patrimonios de la Humanidad y gastronomía a precios de infarto
En total, Rumanía alberga doce Patrimonios de la Humanidad, entre los que destacan el delta del Danubio, las aldeas con iglesias fortificadas de Transilvania, el monasterio de Horezu, el centro histórico de Sighisoara, el conjunto monumental de Brâncusi en Târgu Jiu o los bosques antiguos y primarios de hayas de los Cárpatos. Cada uno de ellos tiene un interés propio, como también lo tienen los múltiples balnearios con aguas medicinales.

O el Cementerio Alegre o Feliz, junto a la aldea de Sapanta. Recibe este curioso nombre porque el artista local Stan Patras decidió decorar con colores muy vivos una lápida en 1935. A partir de entonces, lo tétrico se convirtió en algo encantador. Cada lápida cuenta algo de la historia de la persona fallecida, tratando la muerte desde una perspectiva muy diferente. Y diferente también es la deliciosa gastronomía del país.

Sus tradición gastronómica es muy rica y variada, con influencias balcánicas, turcas, húngaras y mediterráneas, destacando platos como los sarmale, las ciorba, los mititei o la mamaliga. Pero lo mejor de Rumanía es, sin duda, sus precios. Aunque a veces los vuelos parezcan algo más caros, la vida allí es muy barata, con noches de hotel por menos de 30 euros, menús del día por menos de diez o alquileres de coche desde un euro al día.
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