El país más infravalorado de Europa es también el más barato: se conoce como “la última frontera del Mediterráneo”, tiene una ciudad Patrimonio de la Humanidad y playas mejores que las del Caribe
Se trata de uno de los países más bonitos de la península balcánica, y guarda restos arqueológicos de las épocas romana y otomana.

Extendiéndose más de 300 kilómetros a orillas del mar Adriático, y con una historia de lo más rica e interesante, durante los últimos años Albania se ha convertido en uno de los destinos imprescindibles del sur de Europa; no es solo por el hecho de que es un lugar barato, sino porque cuenta con algunos de los entornos naturales más espectaculares de toda la península balcánica -desde playas a playas y fiordos-, así como ciudades repletas de historia y yacimientos arqueológicos declarados Patrimonio de la Humanidad.

La gran mayoría de la gente que se desplaza hasta este maravilloso país se limita a descubrir su capital, la extraordinaria ciudad de Tirana. Pero Albania tiene muchísimo más por ofrecer, tan solo hacer falta alquilar un coche y empezar a recorrer las carreteras que atraviesan el país y que llevan a los lugares más secretos y especiales que uno puede visitar.
El mejor secreto de los Balcanes
Después de aterrizar en el aeropuerto de Tirana, la mejor opción para emprender tu viaje es alquilar un coche. Normalmente, suelen ser 10 los días que se recomiendan para visitar Albania con calma, aprovechando cada momento para descubrir y disfrutar de sus rincones más mágicos. La primera parada, indispensable para saber más acerca de la historia de Albania, es, como no, la ciudad de Tirana. El pasado comunista del país se hace evidente en las calles de la capital, en las que destacan la Plaza Skanderberg, la Mezquita Eh’tm Bey, o la curiosa pirámide, herencia de la dictadura.

Otras ciudades muy destacadas que visitar en Albania son Berat y Gjirokastra, ambas incluidas en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO. La primera de ellas, conocida durante la época comunista como la “ciudad de las mil ventanas”, se asienta en el valle Topallti y destaca por las reminiscencias tanto otomanas como bizantinas que se encuentran por toda la ciudad. Por otro lado, Gjirokastra es conocida como la “ciudad de piedra” y destaca por su castillo, el antiguo bazar, y la arquitectura otomana que caracteriza su centro histórico.

Para viajar todavía más atrás en el tiempo, una visita imprescindible que hacer en Albania es el Parque Nacional de Butrinto, también declarado Patrimonio de la Humanidad. Situado al sur del país, este magnífico entorno se caracteriza por la armonía que crean el bonito paraje natural por el que se extiende y los yacimientos arqueológicos que se han descubierto en él. Así, junto con el lago Brutrinto, destino ecoturístico de primer orden, en el parque se encuentran los restos arqueológicos de antiguas ciudades griegas y romanas, donde destaca un teatro del siglo IV a.C., así como restos bizantinos, venecianos y otomanos. Otro yacimiento arqueológico muy importante es el de Apolonia, una antigua ciudad helenística establecida en el siglo VI a.C., y donde el primer emperador romano Octavio Augusto llevó a cabo sus estudios.
País lleno de historia y testigo de innumerables batallas y pugnas entre los vecinos de alrededor, Albania cuenta con cantidad de castillos y fortalezas repartidos por su territorio, los cuales datan desde tiempos prehistóricos hasta la Edad Medieval. Algunos de estos son el Castillo de Krujë, que sirvió como centro de la rebelión de Skanderberg contra el Imperio Otomano en el siglo XV; el Castillo de Durrës, construido en el siglo V por el emperador bizantino Anastasio I; o el Castillo de Porto Palermo, datado del siglo XV y con una curiosa estructura triangular.

Entornos naturales de ensueño
Los paisajes de Albania se dividen en dos categorías muy claras: costa e interior. Bañado en su gran mayoría por el Adriático, el litoral albanés alberga una gran cantidad de playas, las cuales nada tienen que envidiar a las playas del caribe. Conocida como la Riviera albanesa, la costa del sur del país es uno de los lugares naturales más pintorescos del país, repleto de playas de ensueño, como Ksamil o Borsh, donde relajarse con el sonido de las olas.

En contraste con el litoral, el interior del país ofrece paisajes escarpados y verdes, con montañas, ríos, valles y cascadas. Pero si hay un enclave natural que destaca por encima del resto, ese es el conocido como Blue Eye. Situado cerca del pueblo de Theth, se trata de unos manantiales de agua dulce de más de 50 metros de profundidad y rodeados de frondosos bosques, donde el agua brota con tonos verdes y azulados, y donde parece que el tiempo se detenga.
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