
Este país combina tradición y modernidad no desde el despliegue de riqueza, sino desde la pasión por la cultura / Unsplash / Rowen Smith
El país más acogedor de Oriente Medio: desiertos eternos, edificios imposibles, mezquitas de fantasía y cocina fusión y de producto
Catar combina museos de premios Pritzker, rascacielos, zocos y dunas con una cocina fusión donde el producto estrella es la ostra.
Si crees que Oriente Medio solo es futurismo, tecnología y lujo desmedido, viajar a Catares la forma de descubrir que estabas equivocado. Tiene edificios impresionantes, sí, pero creados desde la pasión por la arquitectura, no la búsqueda del exceso. Tiene comunidad internacional –de hecho, cercana al 80% de sus habitantes–, pero que vive en el propio tejido de la ciudad, no en comunidades aisladas. Y tiene construcciones futuristas, pero también tiene zoco tradicional y mezquitas que parecen salidas de Las mil y una noches.

La West Bay de Catar es el reino de rascacielos en la ciudad / Unsplash / Visit Qatar
Ciudad, cultura y desierto: las tres patas de un viaje a Doha
Doha se entiende mejor desde los tres escenarios que definen su identidad. El primero es la ciudad contemporánea, representada por los rascacielos de West Bay, los nuevos barrios residenciales y la arquitectura de premios Pritzker. El segundo es el que abraza la cultura catarí a través de los museos, Souq Waqif y Katara Cultural Village. El tercero comienza más allá de la urbe.
A menos de una hora de los edificios de vidrio, las carreteras se abren a un paisaje de dunas que puede recorrerse en todoterreno hasta Khor Al Adaid, el mar interior. Esa proximidad permite contemplar un Jean Nouvel por la mañana, perderse entre tiendas de especias y halcones por la tarde y terminar el día viendo cómo el desierto llega directamente al agua.

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Qué ver en Doha si viajas a Catar
Una de las mejores formas de empezar el día en Doha es dirigirte a La Corniche, donde disfrutarás de la primera panorámica del distrito financiaero West Bay. Desde ahí, podrás divisar la Torre Doha de Jean Novel, la Tornado Tower, con forma de reloj de arena y estructura tubilar visible y el Sheraton Grand Doha, el primer hotel de la costa catarí.
El centro, por su parte, permite entender cómo Catar intenta reconciliar este despliegue contemporáneo con su identidad. En Msheireb Downtown se ha creado un barrio donde patios, sombras y sistemas de ventilación están diseñados para proteger pasivamente del calor, como en la arquitectura árabe tradicional.

El Museo Nacional de Catar, un imprescindible en la ciudad / Unsplash / Omar Elsharawi
A tiro de piedra está Souq Waqif, un zoco de estilo tradicional; y Katara Cultural Village, que agrupa galerías de arte, un anfiteatro de inspiración romana y mezquitas de ensueño. Merecen mención especial Katara Mosque, cubierta de azulejos en color pastel, y la Mezquita Dorada, cuyo brillo la convierte en la más fotogénica de la ciudad. No obstante, que no te engañe la visión: no hay una piedra de la ciudad que tenga más de 30 años.
Los amantes de la arquitectura disfrutarán con los complejos edificios cataríes. Merecen una mención especial el Museo Nacional de Catar, un ejemplo de arquitectura pasiva de Nouvel, el Museo de Arte Islámico, del también Pritzker Ieoh Ming Pei y la Biblioteca Nacional, de Rem Koolhas.

Las mezquitas de Katara Cultural Village / Unsplash / Visit Qatar
Dónde comer en Doha, la nueva gran capital gastronómica de Oriente Medio
Con una abrumadora mayoría de comunidad internacional, no es de extrañar que Doha se haya convertido en un hervidero de referencias gastronómicas. La cocina catarí –fundamentada en hummus, arroces y estofados– se une a técnicas, ingredientes y tendencias internacionales en restaurantes como Jiwan, en la última planta del Museo Nacional de Catar; o The Flying Carpet, en el edificio The Torch. Hay, incluso, un Bibo Doha, en el Hotel St. Regis, que ofrece una interesante versión oriental de la comida española.

Doha es una ciudad con muchas caras / Unsplash / Jimmy Woo
Cómo organizar un viaje a Catar
Aunque Doha suele aparecer como una escala, decidir cuánto tiempo dedicarle y cómo combinar sus distintas caras no siempre es sencillo. La arquitectura contemporánea, los museos, Souq Waqif y el desierto permiten organizar desde una parada de uno o dos días hasta una estancia más completa, siempre que se calculen bien los desplazamientos y se prioricen las visitas según los intereses del viajero.
La ventaja de reservar con Club VIAJAR y PANGEA reside precisamente en eso: partiendo de la inspiración y las recomendaciones relatados en un artículo de VIAJAR, los asesores de PANGEA pueden diseñar un viaje completamente a medida. El itinerario se adapta tanto al tiempo disponible como al presupuesto y al tipo de experiencia buscada, ya sea para convertir una escala larga en un pequeño viaje o para descubrir Catar como destino principal.
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El zoco de Doha, un baile de especias, animales y textiles / Unsplash / Emre
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