Oviedo: un recorrido por la ciudad con motivo de los Premios Princesa de Asturias

Un paseo a las puertas de los Premios Princesa de Asturias

José Miguel Barrantes Martín
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Como cada año, Oviedo celebra una nueva edición de los célebres y reputados Premios Princesa de Asturias, uno de los galardones de mayor envergadura y repercusión internacional que existen actualmente. Los premios, que distinguen los valores científicos, culturales y humanísticos dividiéndolos en varias categorías, se entregan en una ceremonia que discurre en el interior del Teatro Campoamor, en el centro de la capital asturiana.

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Aprovechando este evento, realizamos un singular recorrido que nos llevará de la mano, en un agradable paseo, por la ciudad que tantos personajes ilustres han ensalzado a lo largo de la historia.

La benemérita, invicta, heroica, buena, muy noble y muy leal, ciudad de Oviedo 

Con este extenso y ensalzador título del escudo de la ciudad se podría pensar que nos encontramos ante una población especial. No nos falta razón, y no sólo por los largos siglos de historia que atesora bajo este lema, sino por el encanto, elegancia y hospitalidad que rezuma por sus cuatro costados.

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Oviedo sorprende por su armonía y, dicho sea de paso, por su limpieza – no obstante está considerada la ciudad más limpia de España y una de las mejores en este sentido de Europa -. Algo que llama poderosamente la atención teniendo en cuenta que nos encontramos en el corazón de Asturias, donde la sidra es religión y escanciarla con buen tino y estilo es una asignatura que hay aprender rápidamente cuando uno llega a la región. Así, aunque compartir esta bebida en la calle es tradición popular, veremos el asfalto impoluto cada mañana al levantarnos. 

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Hablando de ella – de la sidra – no conviene olvidarnos de hacer una visita a la calle por excelencia de esta bebida en la capital asturiana: la calle Gascona. La conocida como «Bulevar de la sidra», cuyo inicio es fácilmente reconocible gracias a una gran cuba, es una de las vías más animadas de la ciudad para saborearla.

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No hay que dejar tampoco pasar la ocasión para visitar, en uno de los extremos de la calle Gascona, la Fuente de Foncalada, el monumento civil en uso continuado más antiguo de España, datado en el siglo IX.

Paseando por Oviedo

Junto al epicentro de la ceremonia de los Premios Princesa de Asturias, el Teatro Campoamor, nos topamos con una de las esculturas más controvertidas de la ciudad, el Culis monumentabilus que, como su propio nombre indica sin dejar lugar a dudas es, efectivamente, un «culo monumental». Una polémica obra de Eduardo Úrculo – valga la redundancia -, que cuenta a igual número con detractores y defensores pero que se ha convertido – por derecho propio – en una de las más populares esculturas de entre el más de un centenar que se reparten por todo el paisaje urbano de Oviedo. 

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Atravesando desde allí la calle de Argüelles llegamos hasta la carismática plaza de la Escandalera que, como ya indica su nombre – aunque por otros motivos históricos – es uno de los lugares más transitados y bulliciosos de esta parte de la ciudad. Presidiendo la plaza, el inconfundible edificio de la histórica sede de la Caja de Ahorros de Asturias nos recuerda a cada hora donde nos encontramos entonando la familiar melodía del «Asturias patria querida», amenizando la jornada de propios y extraños a su paso por este emblemático lugar.

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Su mejor oyente es, a ciencia cierta, la escultura en honor a la maternidad de Fernando Botero que se ubica en la misma plaza, otro de los símbolos de la misma. Otra calle - la considerada más importante de la ciudad -, la calle Uría, nos separa de la plaza y el gran pulmón urbano de Oviedo, el Campo de San Francisco, un enorme parque con árboles centenarios, fuentes y un gran número de atracciones, por el que pasan a diario miles de habitantes. 

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Los ovetenses o «carbayones» - como se conocen coloquialmente - deben su nombre precisamente a un enorme roble (carbayo) de 30 metros de altura que crecía en la superficie de este parque, cuya tala en el siglo XIX generó un enorme revuelo en la ciudad.

Abandonamos el Campo de San Francisco – no sin antes saludar a la paciente «Mafalda» sentada en un banco – y vamos en busca de otra de las esculturas más reconocidas y fotografiadas de Oviedo, la de Woody Allen, en la calle Milicias Nacionales, que pareciera absorto en sus pensamientos mientras espera al siguiente visitante que busque una instantánea junto a su figura.

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Desde allí, a menos de diez minutos andando, llegamos hasta el centro neurálgico de la ciudad, la plaza de Alfonso II el Casto, donde se alza majestuosa la maravillosa Catedral de San Salvador. Tras admirar desde lejos la silueta de la nave con la única torre, situados junto a la célebre escultura en honor a la novela La Regenta - un punto de fotografía «clásico» entre los turistas -, podremos encaminarnos hacia el interior del insigne templo para contemplar las joyas que alberga mientras, tal vez, tengamos la suerte de escuchar el replicar de la campana más antigua de España – colgando en la torre -, con sus 800 años recién cumplidos.

Deambulando bajo los techos de la catedral encontraremos lugares imprescindibles como la Capilla del Rey Casto, con el Panteón de los Reyes, o la Cámara Santa – edificio del siglo IX declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO -, cuyos muros custodian reliquias tan importantes como la Cruz de la Victoria – la cruz latina que es el símbolo de Asturias -, el Arca Santa o la Sábana Santa – conocido como el «Pañolón de Oviedo» -, que se ha venido identificando tradicionalmente como parte del famoso sudario de Turín, a pesar de que su datación lo ha situado en el siglo VII. Unas antiquísimas reliquias que hacen una buena distinción del marcado carácter histórico de la ciudad de Oviedo, como ya señaló Leopoldo Alas «Clarín» al calificarla como «vetusta».

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