Esta es "la orilla del mundo" y su nombre es Chiribiquete

Una desconocida porción de nuestro planeta, Patrimonio de la Humanidad

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Antoine Boureau / GETTY

«La maloka cósmica», «el mundo perdido», «la Capilla Sixtina de la Amazonía»… Son muchos los nombres con los que se conoce a una porción de la selva colombiana que está maravillando al mundo desde que se descubriera para la sociedad hace unas pocas décadas.

Chiribiquete, considerado ancestralmente entre los indígenas como «la orilla del mundo», se abre ante nuestros ojos para regalarnos un lugar asombroso. Un espacio de nuestro planeta inexplorado hasta tiempos recientes, cargado de secretos que no dejan de sorprendernos año tras año, en el que aún resta una enorme riqueza por hallar.

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Un lugar perdido en el corazón de la Amazonía colombiana

Cuentan las comunidades indígenas que Chiribiquete es su centro espiritual, cultural y religioso, su representación del universo. Un lugar mágico donde todo comienza y todo termina. Quizás por esto último lo consideran «la orilla del mundo».

Carlos Castaño-Uribe es el reputado antropólogo que desveló ante el mundo la existencia de este lugar increíble inexplorado de la selva amazónica. En su libro más exhaustivo sobre este rincón colombiano, Chiribiquete. La maloka cósmica de los hombres jaguar, no puede contener su admiración por sus secretos. Misterios que permanecían ocultos y que han marcado toda una revolución en el mundo científico.

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Existían ya destacadas referencias de este espacio natural pero no saltó a la palestra hasta que el arqueólogo y antropólogo Carlos Castaño lo descubrió por pura casualidad. Fue durante un complicado viaje en avioneta, en el que las condiciones del tiempo hicieron desviar el rumbo, cuando localizó desde las alturas un espacio maravilloso, con formaciones geológicas impresionantes y de una riqueza natural incuestionable. El destino quiso que fuera él, por aquel entonces director de Parques Nacionales de Colombia, quien hallase un lugar tan extraordinario, percibiendo rápidamente la importancia del descubrimiento.

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La serranía de Chiribiquete se ubica en el corazón mismo de la selva amazónica colombiana, en un corredor biológico vital para la salud ambiental de toda esa franja del planeta. Un gran telón de roca que se ha convertido con los años en el Parque Nacional Natural de selva húmeda tropical más grande de todo el continente americano, albergando una biodiversidad única en el mundo. Se estima que Chiribiquete acoge al 70% de los mamíferos de Colombia, el 35% de las aves, el 40% de los anfibios y más de la mitad de los reptiles, así como casi las tres cuartas partes de los peces continentales. Esto, hablando del segundo país más biodiverso del mundo.

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La mayor muestra de arte rupestre del mundo

El Parque Nacional Natural Sierra de Chiribiquete – el más grande de Colombia – no es sólo una joya biológica y uno de los rincones más inexplorados del planeta. Es también una auténtica reliquia arqueológica y cultural de las comunidades indígenas que han vivido en estas tierras desde tiempos ancestrales.

Chiribiquete, en la lengua del pueblo indígena karijona o carijona, significa literalmente «cerro donde se dibuja». Un nombre que deja entrever, de alguna manera, el hecho de que toda esta zona ha estado y está marcada por toda una cultura que ha dejado una huella indeleble en este espacio natural.

Carlos Castaño Urib

Las formaciones más características de Chiribiquete son los tepuyes, localizados en la parte final de toda una cadena montañosa que conserva las formaciones geológicas más antiguas de la Tierra.

Los tepuyes son mesetas elevadas de paredes verticales – el más famoso es el que posibilita la cascada Salto Ángel, la caída de agua más alta del mundo, en Venezuela -. Mientras, en Chiribiquete, el tepuy más icónico es el conocido como «El Estadio», de medio kilómetro de diámetro y 700 metros de altura, descubierto por el célebre biólogo Patricio Von Hildebrand, la otra figura clave en el conocimiento de Chiribiquete.

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Es en estos magníficos escenarios en los que se encontraron los numerosos murales que presentan más de 70000 pinturas rupestres, algunas de las cuales alcanzan una antigüedad de casi 20000 años. Un descubrimiento que muestra la cosmología ritual de los pueblos indígenas de esta parte de la Amazonía, a la vez que ha desmontado las teorías tradicionales sobre la llegada del ser humano a América, atrasando ampliamente la fecha que hasta entonces se venía reconociendo.

Carlos Castaño Uribe

Las múltiples representaciones de los grabados, con el jaguar como símbolo absoluto, forman el mayor conjunto de pinturas rupestres encontradas hasta la fecha en el mundo, aún con la reserva de saber que es una ínfima parte de todos los que quedan por descubrir debido a lo inaccesible del terreno. No es de extrañar que la riqueza y espectacularidad de los conjuntos le hayan otorgado el sobrenombre de «la Capilla Sixtina de la Amazonía».

Estos abrigos rocosos exhiben las más arcaicas manifestaciones culturales del continente, marcadas por una tradición histórica en la que el simbolismo, la cosmología y las representaciones han permanecido intactas a lo largo de miles de años, llevándose a cabo aún por las comunidades indígenas actuales que permanecen en aislamiento voluntario en esta parte del mundo. Algo sencillamente extraordinario que es único en todo el planeta. Una identidad mantenida desde tiempos inmemoriales que se ha preservado intacta desde finales del Pleistoceno.

Lo remoto del lugar y la dificultad de acceso han facilitado que aún habiten estas tierras pueblos que nunca han sido contactados. Un mundo perdido en la selva que es una de las zonas más desconocidas de la Tierra.

Carlos Castaño Uribe

Una maravilla natural, arqueológica y antropológica de Colombia que ha sido reconocida por la Unesco en 2018 como Patrimonio Mundial Mixto. Un nombramiento que no ha hecho sino avivar el interés por esta joya amazónica, a pesar de lo recóndito de su ubicación.

Sólo accesible por helicóptero, desde 2019 se ha comenzado a abrir levemente al turismo a través de vuelos que visitan la zona desde el aire, haciendo de este Parque Nacional Natural el primero del país en el que es posible realizar ecoturismo aéreo.