Orgullo sardo: Cerdeña con nombre de mujer
Desde las casitas de colores de Bosa hasta el corazón de Cagliari, recorremos Cerdeña con un objetivo: dar voz a las mujeres que son protagonistas, guardianas e intérpretes de la isla a través de su historia, su cultura y su paisaje. Artesanía, hospitalidad, cocina e investigación son solo algunos de los pilares que nos confirman que Cerdeña tiene nombre de mujer.

Cerdeña: la isla y sus protagonistas femeninas. / Istock / kekko73
Cierro los ojos y, al abrirlos, la cabeza me juega una mala pasada. La carretera, entre acantilados rocosos y un entorno verde, me transporta a Escocia. Las ovejas tampoco ayudan a sacarme de mi error. Lo que sí lo hace es la música tradicional sarda que ha puesto Franco, guía turístico de Sardinia Tourist Guide que hará de cicerone en un recorrido único. Durante varios días me acompañará a descubrir algunos rincones de Cerdeña, aunque la verdadera magia de este viaje reside en los encuentros que voy a tener con algunas mujeres que ya forman parte de la Historia de la isla de los nuragas.

Redacción Viajar
Tras aterrizar en Alguero es momento de coger la SP 49, carretera costera que ofrece un paisaje único. Pasamos acantilados que se entregan a un Mediterráneo con infinitas tonalidades de azul, cogemos altura para atravesar nubes y en menos de una hora llegamos a Bosa, el único pueblo de Cerdeña que ha crecido a orillas de un río, el Temo. La estructura urbana se ha adaptado a la pequeña colina en la que se asienta, dominada por el castillo Malaspina. Y las casitas, de colores vivos, estrechas y apretadas unas contra otras, son la postal más reconocible del lugar.
Bosa y su Malvasía: la señora Columbu
Callejeamos por vías estrechas y empedradas hasta llegar a la Cantina Giovanni Battista Columbu (via Carmine 104), única bodega sarda en obtener el reconocimiento ‘4 viti’ otorgado por la Associazione Italiana Sommelier, gracias a la producción de unos caldos que representan modelos de referencia de gran valor territorial, a la vez que han rescatado variedades de uva olvidadas y las han vuelto a poner en el punto de mira del sector.

Callejeando por Bosa, Cerdeña. / Istock / AlKane
Allí ya nos espera Vanna Mazzon, enóloga que, junto a su pareja e hijo del fundador Giovanni Battista Columbu, mantiene la bodega. Durante nuestra charla, hablamos del terroir y descubrimos que la Malvasía de Bosa es la DOC más pequeña de Italia, ya que solo se cultiva en tres valles por debajo de Bosa. La familia Columbu solo produce dos vinos, la malvasía homónima, que es un vino oxidativo bajo velo de flor y el Alvarega, un vino dulce que es ambrosía pura. Bosa alberga una de las concentraciones de fósiles más alta de Europa, lo que ofrece un suelo calcáreo, esencial para darle acidez al vino.
Vanna nos habla de su amor por una isla y un territorio que la han acogido con los brazos abiertos y que ya siente como propios. Habla con pasión, demostrando que “detrás del cultivo del viñedo se encuentra la preservación del pasado, del terruño, del medio ambiente y de nosotros mismos”, parafraseando las palabras que su suegro, Giovanni Battista Columbu, le dijo a Jonathan Nossiter en el documental Mondovino (2005), que colocó a la Malvasía de Bosa en un lugar privilegiado.

Viñedos en Cerdeña. / Istock / RomanBabakin
Santu Lussurgiu y la hospitalidad sarda: Lucilla Speciale y Gabriella Belloni
Está empezando a oscurecer, pero llegamos a Santu Lussurgiu con algo de luz que nos permite disfrutar de esta pequeña ciudad medieval de algo más de 2.400 habitantes. En una especie de anfiteatro de origen volcánico descubrimos lo que entre los siglos XIX y XX fue un centro cultural de renombre, así como residencia de verano de nobles y escritores. Un ejemplo lo encontramos en Grazia Deledda, célebre autora sarda y ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1926, que frecuentó la zona y se inspiró en paisajes de pueblos como Santu Lussurgiu para sus obras.
Con el tiempo, ha desaparecido el esplendor de antaño y, como tantos otros lugares del interior de Cerdeña, ha vivido una creciente despoblación. Mientras la gente emigra a las ciudades, intelectuales y filósofas como Gabriella Belloni rinden homenaje a esta tierra y le dan el protagonismo que necesita. De hecho, Gabriella es una de las impulsoras de los hoteles difusos, establecimientos que se dispersan por el pueblo: la recepción y el restaurante están en una casa, mientras que las habitaciones se sitúan en otros edificios antiguos acondicionados.

Gabriella Belloni, impulsora de los hoteles difusos y su hija, Lucilla Speciale. / Alba Armida
La misión de la Antica dimora del gruccione “es servir como un verdadero baluarte para la comunidad local. Una forma resiliente de hacer negocios, que reafirma la belleza de lugares poco convencionales y da nueva voz a la tierra y a su gente”, nos cuenta Belloni ante la atenta mirada de su hija Lucilla Speciale, que la ayuda en la gestión de su hotel.
Lucilla, formada en derecho internacional, está empeñada en promover el turismo responsable. “Desde mi posición intento lograr un equilibrio sostenible entre las necesidades del negocio y los principios que luchan por un mundo más justo”. Y parece que, tras más de 20 años, su hotel difuso lo está consiguiendo.

Vista del nuraghe Losa, en Abbasanta. / Alba Armida
Mogoro y las tejedoras de Su Trobiasciu
Dejamos Santu Lussurgiu y dedicamos parte de la mañana a visitar el nuraghe Losa, en Abbasanta y el pozo de Santa Cristina, en Paulilatino. Debemos remontarnos a la Edad de Bronce para descubrir un pueblo habitante de Cerdeña, que durante milenios se dedicó a construir gigantescos edificios de piedra como Su Nuraxi, único Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO de la isla.

Tejedora de la cooperativa artesanal de Su Trobiasciu. / Alba Armida
Las mujeres en la sociedad nurágica eran esenciales para su economía, puesto que sostenían la producción diaria, generaban bienes clave (sobre todo textiles) y aseguraban la estabilidad del sistema económico. Y, la mejor muestra de ese legado, la tenemos en Mogoro. Allí descubrimos a las mujeres de la cooperativa artesanal de Su Trobiasciu (fundada en 1978) que, como sus antepasadas de la época nurágica, muestran lo arraigada que está la cultura del tejido en este pequeño pueblo de la zona de Oristano. En el telar se producían las telas que conformaban el ajuar: desde manteles y mantas hasta tejidos decorativos como tapices, mientras que hoy son uno de los mejores exponentes de la tradición textil sarda.

Federica Orrú, hija de la pintora contemporánea Rosanna Rossi con un cuadro de su madre detrás. / Alba Armida
Arte contemporáneo en Cagliari de la mano de Rosanna Rossi y Simona Campus
Y finalizamos este recorrido que nos ha llevado a descubrir la cara más femenina de Cerdeña en su capital, Cagliari. Allí, es momento de pasear por el histórico barrio de Castello. Contemplamos sus imponentes murallas, las torres de San Pancracio y del elefante, la puerta de los Leones o la catedral de Santa María. Las estrechas callejuelas nos llevan hasta la vía Santa Croce, donde se encuentra el MUACC (Museo universitario de las artes y cultura contemporánea). Nos recibe la comisaria Simona Campus horas antes de inaugurar una exposición de una única obra: In tasca solo pezzi di casa, de la artista multidisciplinar Maria Jole Serreli.

Cagliari, paisaje urbano de la capital sarda. / Istock / Sean Pavone
Del centro histórico damos un salto al barrio europeo para entrar en la casa de la pintora Rosanna Rossi. A sus 88 años ya ha dejado los pinceles a un lado, pero puede presumir de una obra de lo más prolífica. Su hija, Federica Orrú, nos lo demuestra enseñándonos miles de obras que esperan ser organizadas y clasificadas en su taller. Y es que Rosana forma parte de la evolución del arte contemporáneo en Italia gracias a su coherencia y la profundidad de sus obras. Una muestra más de que Cerdeña tiene nombre de mujer.
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