Ordesa y Monte Perdido cumple 100 años

En 1918 fue declarado parque nacional, así que se convirtió en el segundo enclave con la máxima protección ambiental de España. Ahora cumple 100 años y se encuentra más en forma que nunca. Con casi 16 000 hectáreas, ocupa más del 8% de la superficie protegida de parques de montaña de nuestro país. Y aunque parezca increíble, hace 10 000 años la mayor parte de este parque nacional era un tesoro oculto bajo 500 metros de hielo.

Irene González
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Foto: herraez / ISTOCK

Hace 100 años que Alfonso XIII declaró a este increíble espacio Parque Nacional Valle de Ordesa y, así, propició el nacimiento de uno de los primeros parques nacionales del mundo. Con esta rúbrica real se puso fin a la lucha que mantenían varios aristócratas de la época por promover el naturalismo y la conservación medioambiental. Un par de años antes, Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa de Asturias, pidió al Senado la tramitación de una proposición de ley para la creación de una red de parques nacionales en el país. Aquellos naturalistas y viajeros románticos, que estaban ávidos de naturaleza salvaje, se convirtieron en los fundadores de la moda por la naturaleza. Hoy el Parque Nacional cumple 100 años y celebra una Ley que hizo posible la popularización y expansión del naturalismo, de las ciencias geológicas y de las biológicas que acapararan desde sus lugares, sus picos e hitos geológicos hasta su propia historia, flora y fauna.

Y es que Ordesa y Monte Perdido es un inmenso planeta de biodiversidad, naturaleza, flora y fauna. Este fabuloso terreno es Patrimonio Mundial de la UNESCO, Reserva de la Biosfera, Geoparque de la Unesco y Diploma del Consejo de Europa a la Conservación. Aquí, quebrantahuesos, águilas reales, alcotanes, urogallos, azores, cucos, gavilanes, halcones peregrinos, marmotas, rebecos, tritones y jabalíes surcan sus cielos y sus valles. En las solanas y crestas de Ordesa y Monte Perdido se alzan pinos y encinas y, en sus densos sotobosques, el boj es el rey. En el piso subalpino abunda el pino negro, siempre asociado con rododendros, y sauces enanos de montaña. Y sus extensos pastos, están integrados por comunidades donde el papel principal lo tienen las gramíneas azules y el Nardus stricta. En la zona alta del parque destaca la vegetación que vive en el abrigo de las rocas, muy rica en especies endémicas.

La flora del parque natural supera las 1500 especies. Todo el territorio tiene un gran valor forestal y vegetal, con una increíble gama de pino silvestre, erizón, tejos, carrasca, quejigo, abetos, hayas, arces, abedul, fresnos y olmos de las riberas que en otoño ofrecen una nota variada y multicolor. Su accidentada geografía ha servido para conservar estos parajes, su arquitectura popular y muchas tradiciones con solera. La adecuación a un medio, con un clima extremo y grandes desniveles, han sido una constante en la evolución histórica del hombre montañés. Algunos vestigios prehistóricos encontrados alrededor del macizo testifican la presencia humana desde el Paleolítico superior, de 40.000 a 10.000 a.de C. En estos lugares de vida, de sensaciones, de esfuerzos y de luchas, el hombre ha ido dejando su huella en forma de puentes, cabañas, senderos y caminos. Este sensacional universo posee sus propias esferas y todas ellas fascinantes y asombrosas y, sin duda, hay que viajar a Ordesa y Monte Perdido para celebrar su centenario.