Orbaneja del Castillo, un pueblo bajo una cascada

En Burgos encontramos esta maravillosa estampa, una de las más fotogénicas de la Península Ibérica

Noelia Ferreiro
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Foto: Luis Miguel Martin / ISTOCK

Es, para muchos, el pueblo más bonito de Burgos, y para otros tantos, uno de los más fotogénicos de toda la Península Ibérica. Nada extraña, puesto que a Orbaneja del Castillo le sobran atributos para merecer sendos títulos. Entre ellos, tres fundamentales: un pintoresco entramado medieval, una atronadora cascada y el majestuoso cañón del río Ebro custodiando el horizonte.

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Con ellos la naturaleza y el hombre moldearon una postal irrepetible. Encajada entre roquedales en medio de un paisaje kárstico, una poderosa cascada que brota de la Cueva del Agua se precipita sobre el pueblo para después caer directamente en el cauce del río padre. Como si la corriente emanara de las propias casas. El torrente, de unos 25 metros de altura, nace, corre, salta y muere en unos pocos segundos, para al fin explotar en la musgosa piedra originando una poza de espuma.

Siempre con agua

Solo admirar esta famosa instantánea ya justifica la visita a esta localidad burgalesa de apenas medio centenar de habitantes y declarada Conjunto Histórico hace casi tres décadas. Y aunque dependiendo de la época del año, tendrá mayor o menor caudal, la buena noticia es que siempre llevará agua. No se conoce momento de la historia en que no haya discurrido impetuosa y atronadora.

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Después de esta pequeña catarata, y antes de verterse en el Ebro, el agua atraviesa un conjunto de terrazas que adoptan un color turquesa. Son piscinas naturales formadas por la fuerza del río en el terreno tobáceo. Y aunque, cuando el calor aprieta, son una tentación para el baño, sumergirse en ellas está estrictamente prohibido. En cualquier caso propician una fotografía de lo más curiosa y atractiva.

Villa medieval

Luego está el pueblo, encajonado entre las paredes del cañón y con casitas de estilo montañés que flanquean las empinadas callejuelas de piedra. Un pueblo que conserva intacto el sabor de villa medieval, el silencio de una pequeña aldea tan sólo alterada los fines de semana, cuando se acercan decenas de turistas. Perderse por su coqueto entramado es mucho más que una delicia: fachadas con balconadas de madera, flores engalanando las ventanas, algunos bares y tiendas diminutas. Sobre todo en la parte alta, el pueblo adquiere un peculiar encanto. Aquí se asienta la Plaza Mayor, desde donde se aprecia el lugar exacto del que brota la propia cascada: la llamada Cueva del Agua.

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La brecha del Ebro

El Cañon del Ebro vigila como un guardián a este pueblo que parece hundido en una suerte de valle. El paisaje no puede ser más hermoso. A su vera crecen las encinas y maduran los nogales entre hayas y robles gigantescos. Y por aquí y por allá, siempre la visión de esta herida abierta por el torrente fluvial en la Castilla crustácea.

Las inmediaciones de Orbaneja del Castillo son un paraíso para los amantes del senderismo. Por ellas transcurre un tramo del Camino Natural del Ebro GR 99, una ruta de Gran Recorrido que acompaña el curso del río lo largo de 930 kilómetros y 42 etapas. Más asequible es emprender el sendero que parte de esta localidad hasta Pesquera del Ebro (o vicerversa). Son 15 kilómetros en los que se invierten unas seis horas y media, que merecen mucho la pena.

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