Oporto: de vinos por la ‘ribeirinha’

Un paseo por el barrio que es el alma de la ciudad portuguesa con nombre de vino

Noelia Ferreiro
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Si el río Duero es ese espejo en el que se mira la vieja Oporto, el barrio de la ribeirinha es el alma indiscutible de esta bella ciudad del norte portugués. Sus fachadas de colores proyectadas sobre las aguas doradas, sus calles retorcidas y estrechas que se precipitan al puerto, sus tascas y restaurantes con las terrazas al sol… Todo en este rincón destila un ambiente marinero, un aroma a ropa tendida y a bacallhau recién sacado del horno, con sus batatinhas, por supuesto, y sus pimientos asados. Y todo ello resume la esencia de esta tierra con nombre de vino.

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En la Ribeira se dan cita los jóvenes para tomar el aperitivo, mientras los niños alborotan ahora que no tienen escuela y las señoras vuelven del mercado de Bolhâo con las bolsas a rebosar de frutas y verduras fresquísimas.

Al rico vinho

También de la Ribeira partían en su día aquellos barcos legendarios que transportaban el oporto, el vinho que es famoso en el mundo entero. Ese vino que hoy puede ser degustado, aperitivo mediante, en cualquiera de las terrazas que miran al río. Si lo que se quiere es realizar una cata, habrá que cruzar el Douro para elegir entre las más de veinte bodegas de Vila Nova de Gaia. 

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Aquí, en la otra orilla, descansa una mini ciudad consagrada al oporto. Una mini ciudad que ha tomado prestado el nombre de Gaia, que viene del griego y significa ‘puerto bonito’. La explicación de su separación de Oporto es meramente geográfica. Durante 18 siglos no hubo puentes que las uniera, por lo que apenas tenían relación. Hoy, sin embargo, están mucho más que hermanadas. 

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Bodegas centenarias

Además de las bodegas clásicas ineludibles (Sandeman, Calem, Ferreira...), una de las más antiguas es la de Ramos Pinto, creada en 1880, que permite visitas guiadas por sus instalaciones y su museo. Una curiosidad es que fue la primera en embotellar el vino en Oporto, puesto que antes se enviaba al resto del mundo envasado en barricas completas.

Bodega Ramos Pinto, en Oporto | Gwengoat / ISTOCK

En contraposición, una es una de las bodegas más modernas es Porto Cruz, donde además de unas vistas maravillosas, se puede disfrutar de un restaurante y de una terraza que es un espacio chill out. Un buen lugar para descubrir la bebida de moda en la ciudad: el porto tónico (vino blanco con tónica acompañados de una rama de romero).

Porto Cruz

Puro romanticismo

Más allá de los vinos, la ribeirinha supone el rincón más romántico de Oporto. Pasear bajo sus bellas fachadas es remontarse a aquella época en la que los marineros se embarcaban durante meses rumbo hacia el Océano Atlántico. Cuentan que, ante la incertidumbre de su regreso, las casas se pintaron de colores vivos que atenuaran la tristeza de las familias que se despedían en el puerto. 

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Hay que recorrer este barrio a paso lento, aspirando toda su esencia. Y después completar el paseo con unas cuantas visitas ineludibles. Como la de subir a la Torre de los Clérigos para admirar las vistas descomunales sobre los tejados.

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O más tarde, la de tomar un bolo da confeitaria en el Café Majestic para quedar prendado de su estilo art nouveau y su elegancia decadente. Por último, no hay que olvidar acercarse a la librería Lello & Irmâo. Dicen que es la más bella del mundo con su fachada neogótica y su interior de madera labrada, presidido por una escalera tortuosa. Un escenario mágico que no sólo es un viaje en el tiempo sino también un paraíso para los bibliófilos y una muestra más de que esta ciudad es puro romanticismo. 

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