Oporto, ciudad eterna

Una ciudad meláncolica con alma de fado en la que disfrutar de sus nostálgicos comercios y vinos.

Rafael de Rojas

Oporto es una de esas afortunadas ciudades cuyo aspecto y carácter se quedaron varados en el pasado hace décadas. Barrios enteros de la capital portuguesa del vino sufren las consecuencias de ese parón en los relojes y exhiben una decadencia melancólica que impregna toda la urbe. Mientras los visitantes ocasionales disfrutan con sorpresa de esta ciudad varada, los nativos reaccionan con la furiosa vanguardia, accesible para el turista en tiendas, bares o galerías de arte. De momento, van perdiendo los que pretenden encaminar a la ciudad hacia el siglo XXI, y un paseo por las callejas llenas de cuestas de su zona vieja nos depara un continuo dejà vu, sobre todo al asomarnos a los comercios. Cuenta Enrique Vila-Matas que en estas calles existe la única tienda de trampas para ratones del mundo, lo que dice mucho del carácter de Oporto, chorreante de saudade, y algo del de Vila-Matas. El artículo en que lo cuenta está expuesto en la librería Lelo Irmão, a la que él califica como "la más bella del mundo, la Catedral de la literatura". Su porte de lujo decimonónico contribuye a componer un escenario ideal para el viajero que decida tomarse un oporto en su piso superior, al que se accede por unas preciosas escalinatas por las que parece que siempre esté a punto de descender la literatura. El vino es otro de los poderosos motivos para enamorarse de la ciudad. No hay que salir de allí sin degustar uno -o mejor varios- en Vinologia (www.vinologia.com), en la Ribeira. Un magnífico lugar para comprar oportos de Quinta, superiores a los de las grandes compañías que se ofrecen en las bodegas visitables de Vila Nova de Gaia, que se encuentra en la otra orilla del río Duero.

Compañías: Ryanair cuenta con vuelos desde Girona y Madrid (a partir de 0,49 e), Clickair sale de Barcelona (desde 20 e) y Air Berlin de Palma de Mallorca (desde 29 e) www.ryanair.es, www.clickair.es y www.airberlin.es