Olivenza, el pueblo sin fronteras que acabó 2019 por todo lo alto

La preciosa localidad de La Raya te está esperando

José Miguel Barrantes Martín
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Olivenza u Olivença; mitad española, mitad portuguesa… Así se resume en pocas palabras la esencia de esta esbelta localidad situada al suroeste de Badajoz, en la franja fronteriza con el país lusitano denominada La Raya.

Un lugar de simbiosis cultural ligado a los vaivenes territoriales que durante siglos se han tratado de dirimir en esta extensa porción de la península ibérica si bien, para el caso de Olivenza, nunca han llegado a resolverse de manera efectiva, lo que ha dado pie a un conflicto histórico que, en la actualidad, es ciertamente anecdótico en las agendas diplomáticas de España y Portugal.

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Un conflicto que se mantiene desde principios del siglo XIX y que ha dado como resultado una indefinición fronteriza histórica que convierte a Olivenza en un caso atípico – junto con el municipio de Táliga -, pero que, lejos de haber sido perjudicial, ha enriquecido a la población con un acervo empapado de las realidades de ambas fronteras.

Olivenza, una localidad «rayana» con mucho que ofrecer y que celebrar

La Raya ha dado una marcada personalidad a los municipios que se asientan sobre ella, con tintes culturales y patrimoniales que han bebido y beben de ambos lados de la frontera entre España y Portugal. Olivenza, como no podía ser menos, parte de esta premisa y nos regala una belleza que cabalga entre ambas realidades con una elegancia especial.

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Este rasgo ha sido determinante para que esta población haya acabado 2019 por todo lo alto celebrando, en los últimos compases del año pasado, su inclusión en la Asociación de 'Los pueblos más bonitos de España'.

Una noticia que ha llegado a la localidad rayana como un reconocimiento a su papel protagonista a este lado del Guadiana, gracias a un entramado urbano delineado por sus sucesivas murallas – de las cuales aún se conserva una parte -, y un buen número de edificios con un latente acento portugués en su estilo.

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Fundada en el siglo XIII, esta capital de comarca tiene mucho que ofrecer a quien la visite, comenzando por sus construcciones defensivas, seña de identidad de su pasado y su situación fronteriza.

Sus murallas, su ciudadela medieval o su alcázar nos recuerdan esa historia. La torre del homenaje del castillo se levanta imponente con su envergadura y su solidez, fruto de la creación de la primera barrera defensiva en el siglo XIV. También formando parte de esa primera muralla y como testigos de aquellos tiempos se conservan aún varias puertas.

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La Plaza de Santa María, centro neurálgico de esa parte medieval de Olivenza, nos regala también la estampa de la Parroquia de Santa María del Castillo, una de las joyas patrimoniales de esta zona. Pero, un poco más allá, en la Plaza de la Magdalena, se erigió la que seguramente es la iglesia más admirada de toda la población, la Iglesia de Santa María Magdalena, cuyo interior, además de su fascinante colorido, desprende un aire portugués que rezuma por sus cuatro costados. Su bello azulejado nos trasporta al país vecino mientras nos quedamos extasiados ante la perfección de las maravillosas columnas que sostienen el templo.

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No muy lejos de allí nos podemos seguir sumergiendo en el estilo portugués si visitamos la capilla del Hospital y Santa Casa de la Misericordia, donde podremos encontrar otra sublime muestra de azulejado.

Seguramente el que sea el icono tanto de Olivenza como de su influencia portuguesa es la puerta de entrada de las Casas Consistoriales, confundidas tradicionalmente con el palacio de los Duques de Cadaval, en su tiempo alcaldes mayores de la localidad.

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Volviendo a la Plaza de Santa María, no nos podemos ir de Olivenza sin descubrir un edificio anexo al castillo conocido como Panadería del Rey. En efecto, esta construcción del siglo XVIII sirvió como centro para la fabricación de pan y, en la actualidad, se ha reconvertido en el Museo Etnográfico Extremeño González Santana, una sensacional muestra de la historia de Extremadura a través de miles de objetos tradicionales de todo tipo.

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Desde allí, un recorrido por Olivenza hacia el noroeste del casco urbano nos conducirá hacia la emblemática Puerta del Calvario, un punto idóneo para finalizar toda visita a esta población mientras contemplamos la realidad histórica de esta localidad fortificada, donde tanto la monumental puerta como los baluartes – correspondientes a sus defensas del siglo XVII - o el foso nos transportarán a otra época. Un lugar que, a modo de Técula-Mécula – el dulce típico de Olivenza -, nos pone la guinda a la visita al recientemente considerado como uno de los pueblos más bonitos de España.

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