Todo al ocre: la Provenza tiene su "cañón del Colorado"

Paisajes insólitos al otro lado de la frontera que nos recuerdan al cañón del Colorado. Así son Roussillon y Rustrel, dos bonitas comunas de la Provenza francesa

José Miguel Barrantes Martín
 | 
Foto: Marcobarone / ISTOCK

Atravesamos la frontera entre España y Francia en dirección a Montpellier, y a la altura de Avignon nos desviamos hacia uno de los espacios más pintorescos del territorio vecino, ante la presencia del Parque Natural Regional del Luberon.

Sendero de los Ocres. | helovi / ISTOCK

Allí nos esperan Roussillon y Rustrel, dos bonitas comunas del departamento de Vaucluse, en la actual región de Provenza-Alpes-Costa Azul, donde nos encontramos con dos auténticas odas al color ocre, en sendos y llamativos paisajes que asombran cada año a miles de turistas.

Roussillon y su Sendero de los Ocres

La preciosa villa de Roussillon nos recibe desde el comienzo con una propuesta totalmente hechizante. Frente a nosotros, mientras recorremos sus calles, se levanta un conjunto de casas que han utilizado históricamente los materiales de la zona para su construcción, en los que las diferentes tonalidades del color ocre se muestran de manera majestuosa. Este pigmento natural que va del amarillo al violáceo inunda con su óxido de hierro el entorno urbano de la localidad.

Roussillon. | trabantos / ISTOCK

El encanto de esta población situada entre antiguas canteras nos conduce en un recorrido que nos lleva hasta la parte alta del pueblo, topándonos a nuestro paso con vetustas viviendas con varios siglos de antigüedad, plazoletas espléndidas y unas vistas impresionantes sobre el entorno desde su punto más alto, en el paseo de ronda, donde el verdor de los montes circundantes domina el encuadre.

Sendero de los Ocres. | mammuth / ISTOCK

Pero más allá de la población en sí, Roussillon está bien señalado en el mapa turístico de Francia gracias a su célebre Sendero de los Ocres. Un sendero pensado en dos recorridos que permiten adentrarse por unas viejas canteras a cielo abierto cuya explotación dio riqueza a la zona durante siglos, con la presencia de una planta que daba empleo a miles de trabajadores. Dos vías de diferente duración de tiempo que permiten visitar un increíble paisaje moldeado a partes iguales por la naturaleza y el ser humano. Una experiencia cargada de interés geológico, vegetal e histórico –la vieja fábrica aún se conserva– que seguramente nos dejará un recuerdo imborrable, en nuestra memoria, de las numerosas tonalidades del ocre de este macizo.

Roussillon.  | Flavio Vallenari / ISTOCK

El Colorado Provenzal de Rustrel

A tan solo veinte kilómetros de Rousillon hacia el este nos aguarda otra gran sorpresa que continúa el espectáculo de estos impresionantes paisajes. Conocido popularmente como el Colorado Provenzal, este espacio de treinta hectáreas conforma el icono indiscutible de la población de Rustrel, de la cual se parte para llegar, a muy poca distancia, a las principales áreas de esta colorida maravilla.

Paisaje de Rustrel. | Marcobarone / ISTOCK

Paisajes que bien valen el apodo que toma, más allá de su reducido tamaño, donde la erosión se entremezcla, al igual que en el Sendero de los Ocres, con las antiguas canteras explotadas desde hace siglos hasta épocas recientes. El camino de quince kilómetros nos conduce entre las formas esculpidas que en ocasiones se muestran nítidas de colores y, en otras, aparecen como una amalgama de tonalidades.

La histórica explotación aún deja relucir, como en un lapso de tiempo capturado antaño, las estructuras, elementos y galerías que albergaban las entrañas de estos parajes. Es así como podemos mimetizarnos en este insólito escenario, penetrando en alguna de las grutas de este Colorado Provenzal. Grutas que deben su existencia a la labor de excavación de la zona o bien a la acción del agua en su devenir por estas cavidades, algunas de extraordinario valor como la de la Plaine de Muset.

Panel informativo para el senderista.  | Gilles_Paire / ISTOCK

Mientras, el otro gran tesoro de este lugar se lo debemos a las cascadas que se forman contrastando poderosamente con la árida apariencia imperante, destacando no tanto por su tamaño o por su sostén ocre –de tonos más apagados que en los sectores más llamativos–, sino por su sonido y armonía en un ambiente tan atrayente.