Los ocho castillos que no te puedes perder en el Valle del Loira

Entre Orléans y Tours, en el centro de Francia, se dibuja una bella ruta por el Loira, el río más salvaje del país galo. Se trata de una franja que cautivó a los reyes de Francia hasta el punto de que abandonaron París y decidieron instalarse en este lugar durante un siglo y medio. Allí cazaron, pescaron salmones, cosecharon vino y levantaron los castillos más hermosos de Europa. He aquí los imprescindibles en cualquier visita al Valle del Loira.

Javier Carrión
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Clos Lucé, la última morada de Leonardo da Vinci

El Castillo de Clos Lucé, erigido en la bella localidad francesa de Amboise, fue la última morada de Leonardo da Vinci. Aquí vivió el gran genio italiano los tres últimos años de su vida, acompañado de sus tres cuadros favoritos, La Gioconda, el San Juan Bautista y la Santa Ana, y aquí se erige hoy la casa-museo y parque que llevan su nombre, donde el visitante puede “respirar” la atmósfera de la vida diaria de Leonardo, para muchos la figura clave del Renacimiento, y visitar alguna de sus estancias como la cocina o el dormitorio, desde donde divisaba el castillo de Amboise y falleció el 2 de mayo de 1519 a la edad de 67 años.

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En el exterior, el Parque de Leonardo da Vinci ofrece un divertido paseo cultural con unas 40 máquinas a tamaño real inspiradas en los bocetos del genio que construyó IBM en el siglo XX con materiales de la época

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. Viendo también sus planos y sus dibujos el visitante comprueba como el aeroplano, el automóvil, el helicóptero, el carro de asalto, la ametralladora, el paracaídas o el puente giratorio ya estaban en la cabeza del maestro con cuatro siglos de antelación.

Villandry, ”el castillo español”

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Si hay un castillo con reminiscencias españolas entre los más de mil que se levantan en el Valle del Loira ese es el de Villandry, un bello edificio de estilo renacentista datado en el siglo XV que fue adquirido en 1906 por un extremeño, el doctor Joaquín Carvallo, nacido en Don Benito, quien se encargó personalmente de adornarlo con unos bellísimos jardines que son hoy su principal reclamo turístico.

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La visita puede iniciarse por el interior del castillo, donde destacan algunas piezas como el comedor, una bella estancia acondicionada al estilo del siglo XVIII, la habitación de los Fosos, perteneciente a Ann Coleman, esposa del doctor Carvallo, o la bella escalera de honor, clasificada en 1934. Sin embargo, lo que más llama la atención, especialmente al turista español, es la bella galería donde se expone la magnífica colección del matrimonio Carvallo de pintura española con unas 40 obras de Murillo, Alonso Cano, Luis de Morales y Zurbarán.

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Al final de la galería, situada en la primera planta resalta un techo árabe procedente del palacio de los duques de Maqueda construido en Toledo en el siglo XV. Joaquín Carvallo trajo este impresionante techo a Villandry en 3.600 piezas y tardó más de un año en ensamblar este auténtico puzzle. El techo de estilo mudéjar, de una gran belleza, mezcla elementos decorativos del cristianismo y del Islam.

La gran atracción del castillo son sus jardines, distribuidos en cuatro áreas temáticas: el jardín ornamental (dedicado al amor tierno, el amor apasionado, el amor infiel y el amor trágico), el jardín del agua, el jardín de las hierbas aromáticas y medicinales y el huerto. 

Tintín, Don Quijote y Cheverny

Eduardo Grund

Diseñado por el arquitecto Jacques Bougier entre 1620 y 1640, el Castillo de Cheverny es precursor del estilo francés que se impuso durante el reinado de Luis XIV y se le considera uno de los mejores conservados del Valle del Loira gracias a que pertenece a la misma familia desde hace seis siglos y sus herederos, el marqués y la marquesa de Vibraye, extreman al máximo el cuidado de su patrimonio. 

Eduardo Grund

El comedor del Castillo de Cheverny es la primera estancia que se visita en el castillo. La sala, que fue en parte acondicionada en el siglo XIX para cenas y recepciones de gala, llama la atención por los techos y muros tapizados de cuero y por su chimenea monumental, aunque la mirada del visitante se dirige a estos paneles quijotescos que estaban muy de moda en el siglo XVII y que resaltan escenas tan conocidas como la de la pelea con los molinos de viento, la del enamoramiento de Don Quijote y Dulcinea del Toboso, o la mismísima muerte del ingenioso caballero español.

Otras estancias imprescindibles en la visita son la Cámara del Rey y la Sala de Armas, magnífica con su colección de armaduras auténticas. 

Eduardo Grund

Al salir al parque, hacia el invernadero de naranjos, se descubre la fachada trasera del castillo, de estilo Luis XIII, pero la más célebre de Cheverny es la fachada principal  que inspiró a Hergé para el castillo de Moulinsart, escenario de la aventuras de Tintín. Muy próximo, en un edificio contiguo al castillo, se puede recorrer la exposición dedicada al popular comic.

Eduardo Grund

Muy recomendable para los fans de Hergé y de su admirado héroe de los tebeos, pues durante la visita podrán reconocer los trajes de Tintín, su mesa de trabajo con su máquina de escribir, entre otros recuerdos y pertenencias de todos los personajes que creó el dibujante belga.

Blois, la principal morada de los reyes franceses

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Residencia de siete reyes y diez reinas de Francia, Blois es el castillo que evoca mejor el poder y la vida cotidiana de la corte durante el Renacimiento ya que fue la principal morada de los monarcas franceses hasta que Enrique IV trasladó de nuevo la Corte a París en 1598. Posteriormente, en el siglo XVII, Luis XIV ordenó levantar el castillo de Versalles, lo que significó el eclipse final de Blois. 

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Hoy, aunque está considerado un museo, con sus más de 30.000 piezas registradas, los visitantes se asombran más con la escalinata en espiral del patio, repleta de finas esculturas, ornamentos de estilo italiano (estatuas, balaustres, candelabros) y emblemas reales, y la torre octogonal del Ala Francisco I.

En este mismo sector se encuentran los aposentos reales de Francisco I y de su nuera, Catalina de Médicis, con un gabinete real que se ha conservado intacto con sus recubrimientos originales de madera.

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La última novedad del castillo es la Sala de los Estados Generales, un espacio de interpretación con seis pantallas gigantes que, a través de maquetas interactivas 3D, presentan la evolución arquitectónica del edificio. Blois también goza de gran popularidad por su espectáculo de luces y sonidos que se puede disfrutar en primavera y verano. La fachada del castillo convierte en una pantalla gigante donde se proyectan los episodios más importantes vividos a lo largo de su historia. 

Chambord, el delirio de Francisco I

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Situado en el corazón del valle, en medio de un frondoso bosque de 52 kilómetros cuadrados donde viven ciervos y jabalíes en libertad, es la mayor residencia real del Loira. Un sueño hecho realidad por Francisco I con 8 grandiosas torres, 426 habitaciones, 282 chimeneas y 77 escaleras, entre las que destaca en este último apartado la Gran Escalinata, diseñada por Leonardo da Vinci.

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Esta escalera fue diseñada de tal forma que las personas que suben y bajan nunca pueden encontrarse. Francisco I construyó la mayor parte del castillo en 18 años (1519-1537) e incluso se planteó la posibilidad de desviar el curso del Loira para que pasara enfrente de sus murallas, pero acabó descartando la idea. Curiosamente solo pasó 72 días en el castillo a lo largo de su vida porque quizás para el soberano solo era un coto de caza con un gran edificio y fue su hijo Enrique II quien le dio el aspecto que ofrece en la actualidad. 

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Del castillo asombra su tamaño, sus chimeneas (aunque funcionan muy pocas en invierno) y su maravilloso tejado repleto de terrazas y un conjunto de encantadores  pináculos, claraboyas y tiros de chimenea.

Por otro lado, el exterior se caracteriza por su sobriedad y su belleza recuperada gracias al último proyecto desarrollado en 2017 por el que se inauguró  un nuevo jardín en la cara norte, con la flor de lis como principal motivo ornamental. Más de 600 árboles, 850 arbustos y 15.000 plantas se plantaron también gracias a un millonario norteamericano llamado Steve Shwartzman, quien sufragó el plan con 3,5 millones de euros.

Chenonceau, el castillo de las Damas

Eduardo Grund

Creado gracias al impulso de tres damas aristocráticas, Catherine Briconet, esposa del primer propietario, Diana de Poitiers y Catalina de Médicis, destaca en este romántico castillo su galería de 60 metros levantada sobre una serie de arcos que se reflejan en las aguas fluviales del Cher, pero también su interior, grandioso con sus espaciosas estancias y sus magníficas obras de arte.

Eduardo Grund

Durante la I Guerra Mundial se transformó en un hospital militar y en la segunda gran contienda su puente se convertiría en frontera para llegar a la Francia Libre, hasta tal punto que la familia Menier, propietaria del castillo, ayudó a refugiados, judíos y miembros de la resistencia para liberarles de la opresión nazi.

Eduardo Grund

Chenonceau es el castillo francés más visitado después de Versalles y otro de sus alicientes es sus jardines de fama mundial.

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Los dos principales están dedicados a Diana de Poitiers y Catalina de Médicis, el primero con sus ocho grandes triángulos de césped decorados con cientos de santolinas y el segundo con sus rosales y sus cordones de lavandas alrededor de un elegante estanque. El conjunto maravilla a los visitantes en los meses de julio y agosto por su armonía con la arquitectura renacentista.

Amboise, una residencia real privilegiada

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Pocos edificios han tenido tanta relevancia histórica en Francia como el Castillo de Amboise. Lo que se ve hoy no es ni siquiera una quinta parte de lo que fue esta fortaleza donde nació y vivió Carlos VIII, creció Francisco I y se criaron los hijos de Enrique II y Catalina de Médicis. Amboise se convirtió así, desde su espectacular promontorio, en una residencia real privilegiada en la que se introdujeron las primeras influencias italianas en el Valle del Loira, culminadas por Francisco I en compañía del genio toscano Leonardo da Vinci.

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De su visita cabe destacar la capilla de St. Hubert, donde se halla la tumba de Leonardo, la Torre Minimes, muy famosa por su rampa en espiral por la que podían ascender los jinetes a caballo y el balcón de los guardias, un mirador de lujo hacia el Loira.

En la actualidad, durante el verano, el castillos luce más gracias a un llamativo espectáculo de luces y sonidos, “La Profecía de Amboise”, que revive de alguna manera la época fastuosa de la corte de Carlos VIII. Doscientos cincuenta figurantes y especialistas a caballo participan en este show a orillas del Loira.

Azay-le-Rideau, una joya del Renacimiento

Eduardo Grund

Del castillo de Azay-le-Rideau se dice que Balzac lo comparó con un diamante en el río Indra y que soló un rey, Luis XIII, pasó una noche en una de sus estancias. De ahí que al castillo se le considere el más seductor del valle. Azay-le-Rideau está ubicado en una pequeña isla del río al lado de varios estanques y un parque inglés con especies traídas de países lejanos: secuoyas, cedros del Atlas, cipreses calvos de América, gingkos de Asia.

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El castillo fue reconstruido hacia 1510 por Giles Berthelot, consejero del rey Luis XII, y lo convirtió en un lujoso palacio de recreo, hasta que fue adquirido por el Estado en 1905 después de pasar pos las manos de varios propietarios. Azay-le-Rideau fue declarado Monumento Histórico en 1914 y hoy es uno de los castillos favoritos de los visitantes por su romántico jardín con unas aguas en las que se refleja el edificio como si se tratara de un espejo. En 2014 el castillo fue restaurado, tanto en sus jardines como en sus muros y en el tejado donde se colocaron unas nuevas tejas de pizarra negra procedentes de Galicia  por ser las más parecidas a las originales.