Núremberg, el retrovisor del pasado alemán

Esta ciudad ligada a un episodio de la historia figura entre las más aplaudidas de Europa por su calidad de vida

Noelia Ferreiro
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Foto: SeanPavonePhoto / ISTOCK

Sólo su nombre ya remite a una época, a un acontecimiento, a uno de los capítulos más trágicos de los tiempos modernos. Es el color con el que pinta su pasado esta ciudad alemana que, sin embargo, está cargada de proyección futura. Esta ciudad que se reinventa cada temporada para demostrar que sabe pasar página.

Porque si algo es Núremberg, por encima de todo, es una lección de historia, un museo al aire libre que repasa las luces y las sombras del país teutón. Nada puede despegar a este lugar de su implicación con el Tercer Reich, de aquel rincón donde Hitler desarrolló los más subliminales actos de exaltación, donde llevó a cabo los más espectrales desfiles nacionalsocialistas, donde prendió la mecha del antisemitismo para darse los más inexplicables baños de masas. La que fue considerada por los nazis “la ciudad más alemana de Alemania” fue el escenario donde el führer puso a prueba aquella megalomanía que acabó conduciendo a la gran catástrofe universal.

Iglesia de Nuestra Señora. | narvikk / ISTOCK

Muchos son los testimonios que evidencian este cruento dislate en la que hoy es la segunda urbe más grande de Baviera y antaño fuera la capital no declarada del Sacro Imperio Romano (y también la residencia favorita de los reyes germánicos). Como el Recinto de Concentraciones del Partido Nazi, donde está el Campo de Zeppelín (con la tribuna desde la que pronunciaba sus discursos a la muchedumbre) y el antiguo Pabellón de Congresos (que fue concebido para una capacidad de 50.000 personas, pero que nunca fue finalizado). Aquí se erige hoy el Centro de Documentación donde avivar el fuego de la memoria.

Nadie que visite esta ciudad debería perderse tampoco la sala del tribunal 600 del Palacio de Justicia donde, en 1946, se acusaron y juzgaron a los principales responsables de esta infamia. Fueron los famosos Juicios de Núremberg donde, por primera vez en la historia, los más atroces crímenes contra la humanidad fueron expuestos ante los ojos del mundo.

Pero más allá del ayer, Núremberg es una metrópoli abierta, moderna y confesamente entregada a la cultura como cuna de Alberto Durero, el más famoso artista del Renacimiento alemán (del que se conserva la casa donde vivió y trabajó durante años). Además se trata de un enclave de indiscutible belleza. Su casco histórico, abrochado por una muralla medieval, y su entramado de angostas galerías a orillas del río Pegnitz tienen como corona un imponente castillo que domina el perfil urbano.

Weissgerbergasse, Nuremberg | Juergen Sack / GETTY

Aquí, dicen, se experimenta una de las mayores calidades de vida del Viejo Continente, algo a lo que sin duda contribuye su particular gastronomía. La ciudad con mayor densidad de cervecerías del país presume de sus salchichas fritas Bratwurst, más pequeñas que en otros rincones germanos, que pueden ser degustadas en los miles de puestos desperdigados por las calles.

Pero también la escena musical tiene mucho que decir. De un lado, con múltiples salas de jazz como el Jazzstudio, el más antiguo de Baviera y el segundo de toda Alemania, que es un club mítico que acoge a genios internacionales. De otro, con la música clásica, con los dos conciertos estivales (Classic Open Air) de la Orquesta Filarmónica y la Orquesta Sinfónica de Núremberg, que reúnen a más de cien mil seguidores en un picnic festivo.