Numancia, la ciudad heroica

La desaparecida población celtíbera se ha erigido como un ejemplo de resistencia a lo largo de los siglos. 

Manuel Mateo Pérez
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Foto: Pedro Antonio Salaverria Calahorra / ALAMY

Numancia es mucho más que un yacimiento arqueológico. Ante todo, es el símbolo universal de la lucha de un pueblo por defender su libertad. Es el referente de la disputa entre el débil y el fuerte, entre el indefenso y el opresor. Veinte años tardó Numancia en caer en manos de las legiones romanas. Para los conquistadores su resistencia se convirtió en un ejemplo imperecedero, mil veces citado en sus fuentes clásicas y glosado hasta la saciedad por los senadores y poetas de la capital del imperio.

Todo comenzó el año 153 antes de Cristo. Los arévacos, una de las tribus más poderosas de la cultura celtíbera, resistieron durante años las hostilidades de las legiones romanas hasta que la capital del imperio decidió mandar hasta aquella tierra desabrigada y fría a su más valeroso general. Publio Cornelio Escipión puso cerco a Numancia ordenando establecer siete campamentos en otros tantos cerros próximos a la ciudadela celtíbera. Escipión dispuso unir los campamentos con un sólido muro de nueve kilómetros de diámetro, defendido con un foso y una estacada de madera. En el encuentro de los ríos Duero y Tera fueron levantados dos fortines para controlar el agua y evitar que los arévacos pudieran hacerse con ella.

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Publio Cornelio Escipión demostró que la paciencia es a la larga la mejor estrategia militar. Once meses resistió Numancia. Sus habitantes murieron de inanición, y los pocos que continuaron con vida decidieron suicidarse antes que someterse a los dictados romanos. Todo acabó el verano del año 133 antes de Cristo. Finalmente, la ciudad fue arrasada y sus tierras entregadas a los indígenas que habían ayudado al general romano.

Numancia está a siete kilómetros de Soria. Su mítica historia la ha convertido en uno de los parques arqueológicos más visitados de Castilla. Enclavada en el valle del Duero, en mitad de una ancha campiña flanqueada por las altas cumbres del Sistema Ibérico, la vieja ciudad es uno de los hitos más importantes de la llamada Celtiberia, una ancha y fascinante época histórica de la que Soria posee algunos de sus elementos constructivos más valiosos.

Pedro Antonio Salaverria Calahorra / ALAMY

A la entrada de Numancia existe una casa de recepción donde se ha reconstruido la historia de la ciudad. La visita se inicia con una explicación espacial del cerco al que Escipión sometió a sus habitantes. En una mesa plano se aprecia la posición topográfica de los siete campamentos dispuestos en los cerros próximos a la ciudadela. A lo largo del recorrido el visitante comprueba que Numancia estuvo protegida hasta el final de sus días por una sólida muralla reforzada por torreones. Para guarecerse del viento frío, los arévacos dispusieron sus calles en sentido este-oeste, uniendo sus tramos de forma escalonada para cortar el aire, agrupando sus casas en manzanas. Entre las calles había grandes piedras en el centro para caminar entre una acera y otra. Los arévacos y después los romanos recogían el agua de lluvia de aljibes circulares, estratégicamente situados. En el parque arqueológico hay dos casas reconstruidas. Una pertenece a la cultura celtíbera y otra a la romana. En el barrio sur, ocupado tras la conquista romana por la clase social más acomodada, se aprecian huellas de suntuosas casas que trataron de imitar el modelo patricio, disponiendo anchos patios con finas columnas.

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Las sucesivas campañas arqueológicas de las que fue objeto la ciudad heroica pusieron al descubierto una realidad más antigua, de época celtíbera, y sobre ella otra bajo los dominios de Roma.

Numancia es la ciudad arqueológica más importante de Soria. Pero no es la única. En la Serranía Norte aún quedan las huellas de un puñado de castros construidos entre los siglos VI-IV antes de Cristo, ejemplo de pequeñas aldeas de reducidas dimensiones bien situadas en lugares estratégicos. Aquellos castros fueron el germen de ciudades como Numancia, pero también de otras como Uxama o Tiermes, el tránsito entre el modelo rural y urbano para los miembros de la cultura celtíbera.