Nueva Delhi, tóqueme la bocina, por favor

Las calles de Nueva Delhi han sido una sorpresa constante: el bullicio total, los bocinazos permanentes y los barberos, dentistas o sastres trabajando en plena calle. Una visita a un templo sij se saldó con experiencias un tanto límite por aquello del calor. Pero tuvimos la suerte de ver en televisión el "Gran Hermano" de la India acompañados nada menos que por Mercedes Milá.

Jorge Salvador

PRIMER DÍA
Circular en coche por la India
La primera sensación cuando aterrizas en la India llega en la carretera que te lleva del aeropuerto hasta el hotel. Te preguntas: ¿qué está pasando? ¿Por qué todo el mundo toca la bocina? ¿Acaso el Nueva Delhi Cricket Club ha ganado hoy la Champions india?

Pronto me doy cuenta de que casi todos los coches llevan un cartelito pintado en la parte trasera que pone "horn please ok", o sea, "toque el claxon por favor". India es un país donde los intermitentes no se usan nunca; para adelantar tienes que agobiar al coche de delante tocándole la bocina unas doce veces. India se ha inventado sus propias reglas de conducir. Allí tiene preferencia el más grande, así que si en una rotonda se te acerca un camión, lo mejor que puedes hacer es apartarte. Lo de viajar por carretera es como un suicidio colectivo. En las carreteras casi no hay líneas pintadas en el asfalto y, si las hay, no sirven; he llegado a ver en una carretera de dos carriles circular cuatro coches en paralelo o adelantar un autobús a un camión y a la vez otro camión viniendo en sentido contrario. Pensaréis que es imposible, pues no, en India todo es posible: donde caben dos coches entran tres o cuatro. En fi n, circular por la India es una sensación tan caótica, que parece que todos los coches lleven dentro a una embarazada a punto de parir.

SEGUNDO DÍA
Paseo por Old Delhi
Apasionantes los oficios callejeros que te encuentras por el barrio antiguo de Delhi. En plena calle de repente hay un señor con un alambre en una mano que se te ofrece para limpiarte los oídos. Como comprenderéis, salí huyendo de la situación, pero mi morbo pudo más y dos minutos más tarde volví a pasar para ver cómo ese hombre introducía el alambre por la oreja de un incauto que, como si tal cosa, se dejaba manipular tranquilamente; ni que decir tiene que el alambre era el mismo, lo que cambiaban eran las orejas y sus dueños, pero lo que no me atrevo a describir era lo que salía de las orejas.

Por las calles hay cientos de barberos que montan su barbería improvisada, colocando una silla en plena acera y apoyando un espejo en cualquier valla, o sastres que instalan su máquina de coser a pedales en una esquina y arreglan pantalones por cuatro duros. En otra esquina pudimos ver a un médico en su consulta atendiendo a un paciente, aplicándole un vendaje en el pecho, en un garito con unas condiciones higiénicas tan deplorables que serían dignas para un decorado de la nueva versión de "Torrente"; es más, pido "royalties" a Segura por si se inspira en la fotografía de la consulta médica para los decorados de "Torrente en la India".

Saliendo de Old Delhi
El "shock" de la jornada fue encontrarnos en un mercadillo a un dentista en acción. La consulta consistía en una silla en plena calle y un maletín roñoso con unas pinzas, unas tenazas, un bote de alcohol, dos moldes y una dentadura postiza. Aquel conjunto parecía el kit de "torturas reunidas" de Josef Menguele. De repente, el dentista, en un alarde de higiene, decidió demostrarnos su profesionalidad y se colocó una mascarilla que consistía en un pañuelo viejo y sucio colocado a modo de bandolero del oeste, o sea, estaba viendo una mezcla del "Zorro" dentista y el torturador de la película "Marathon man". Todo esto en la calle, con decenas de mirones, cientos de moscas y un pobre hombre abriendo la boca, poniendo cara de "lo ves, no pasa nada", pero sangrando como un miura cada vez que el dentista rascaba el sarro con un gancho.

TERCER DÍA
Visita a un templo sij
El lugar es imponente: cánticos, gente rezando, turbantes, guardianes con lanzas y cuchillos al cinto... Es un ambiente que transporta a una película de la India colonial del XIX. Pero en el cine no se aprecian los pequeños detalles. Para empezar, los sijs no se pueden cortar ningún pelo, ni de la cabeza, ni de la barba, ni los de "abajo" tampoco... Para los vi sitantes no sijs tienen una sala de invitados donde te colocaban un pañuelito anaranjado en la cabeza (yo parecía un fi gurante de la nueva versión de "Piratas del Caribe gay"). Además, te invitan a sacarte los zapatos ¡calcetines incluidos! En ese momento comprendí el hedor de "la sala de invitados". A Sardá, como deferencia, le colocaron un auténtico turbante sij, que para ponerlo requiere, por cierto, una tela de 6 metros de largo y 15 minutos de colocación. Javier Sardá con turbante era la viva estampa de "Jaffar", el malo de "Aladdin".

Media hora más tarde
Todo parecía a punto para la visita, pero nadie contó con un factor desastroso: ¡el calor! Como primer dato, un consejo: no ir a la India en mayo-junio. ¡No se puede estar! Cuarenta grados y algo en lo que nadie había caído: ¡descalzos! por un suelo de mármol de un templo que a mediodía era como el horno de Arguiñano.

De repente todo un equipo de televisión empezó a dar saltitos histéricos, mientras el sonido de cánticos espirituales era superado por los alaritines incluidos! En ese contó con un factor desastroso: ¡el calor! Como primer dato, un consejo: no ir a la India en mayo-junio. ¡No se puede estar! Cuarenta grados y algo en lo que nadie había caído: ¡descalzos! por un suelo de mármol de un templo que a mediodía era como el horno de Arguiñano. De repente todo un equipo de televisión empezó a dar saltitos histéricos, mientras el sonido de cánticos espirituales era superado por los alari dos de dolor: "aaah, ohhh, uhhh". Era como si todo un equipo de televisión saliera de la playa habiendo perdido las chanclas. Pero la salvación resultaba aún mucho peor: entre medio del mármol había una especie de alfombra roja mojada para salvar las plantas de los pies de los creyentes y ahí fuimos todos a parar, como cuando de pequeño jugabas al escondite y llegabas a "casa" y decías "¡salvado!".

Cualquier podólogo al que le digas que hay un lugar en el que hay que pisar una alfombra mojada, bajo un sol de cuarenta grados y por la que pasan miles de pies descalzos al día, diría "¡no la pises!". Eso son hongos seguro. Pues así estábamos, entre coger una infección segura de hongos o sufrir lo contrario que los alpinistas: quemaduras en los pies no por congelación sino por quemaduras de las de verdad. Preferí, sin duda, la primera opción, y así volví, con un bonito recuerdo de la India en los pies.

CUARTO DÍA
Con Mercedes Milá
Si la Milá es genial en la tele, en un viaje es mejor, es una mezcla de viajera experimentada y maestra de escuela. Ella prueba todo, sabe de todo, compra de todo y riñe a todos. Con ella descubrimos en la tele del hotel que estaban haciendo el "Gran Hermano" indio. Fue muy curioso porque resulta que, pese a la diferencia de culturas, los concursantes parecen los mismos y tienen las mismas reacciones. Resulta que Mercedes echada en la cama de mi habitación iba haciendo de presentadora de la edición india, y lo clavaba; hasta parecía que entendía el indio. La única diferencia era que en esta edición cada dos por tres paraban para hacer un numerito musical en plan Bollywood. Así que si en la próxima edición de "Gran Hermano" de España veis a Milá bailando y cantando con un coro al estilo Giorgio Aresu, tenéis que saber que esa idea se gestó en mi habitación del Intercontinental de Nueva Delhi.