Noruega, arte y ballenas en las islas del norte

Lofoten y Vesterålen. En las islas Lofoten y el archipiélago de Vesterålen, dos atractivos destinos del norte de Noruega, la naturaleza juega y se manifiesta en todo su esplendor entre los fiordos y los antiguos pueblos pesqueros. Tierra de vikingos y mar de ballenas y bacalaos, un conjunto de singulares obras de arte adorna ahora los paisajes y se mimetiza con el entorno en una original puesta en escena.

Javier Carrión
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Foto: Eduardo Grund

En Bø, un hermoso reducto al sur del archipiélago noruego de Vesterålen, un hombre de 4,3 metros de altura vigila la costa abrupta del noroeste de Noruega, una de las más bellas del planeta, en este balcón espectacular con las montañas nevadas de las islas Lofoten en el horizonte y la escarpada isla Gaukværøya delante de sus ojos. Este personaje larguirucho y desnudo es de hierro fundido y forma parte del proyecto Artscape Nordland, una apuesta cultural que aúna naturaleza y arte moderno para embellecer, todavía más, con la colaboración de un puñado de artistas locales y de 18 países del mundo, este destino escandinavo famoso por sus montañas, sus fiordos y también por sus reservas de petróleo. El objetivo de los impulsores de Artscape Nordland era concreto: crear una galería de arte al aire libre, en un espacio de 40.000 kilómetros cuadrados que no contaba con museo de arte alguno en sus pueblos... Una extraña iniciativa, pudieron pensar algunos, pero que ha dado ya sus frutos, visibles en 35 municipios de estas islas donde se dan la mano los más atrevidos ejemplos de arte contemporáneo con otras tradiciones como, por ejemplo, el pastoreo de los renos de la milenaria etnia sami.

El archipiélago de Vesterålen es un lugar que se caracteriza por grandes contrastes, desde playas de arena blanca e idílicas tierras de cultivo hasta escarpados picos de montaña que se alzan junto al mar. Es un ejemplo de paisaje ártico y de abundante vida silvestre, tanto en el mar como en la tierra. Sorprenden los gritos ensordecedores de las aves, y  también el chorro de agua que expulsa por su espiráculo el cachalote, la ballena más común en la región, y contemplar la cola del cetáceo cuando se sumerge ante la mirada asombrada de los excursionistas que navegan en los barcos de exploración que parten de la localidad de Andenes.

Excursión en zodiac por el fiordo desde Henningsvaer a Kabelvåg. | Eduardo Grund

La ciudad fantasma

Las de Vesterålen son islas conectadas en muchos casos por puentes curvilíneos asombrosos, especialmente espectaculares durante la puesta de sol, expuestos siempre a la fuerza de la naturaleza. Los pueblos de tradición pesquera se esparcen tímidamente por el interior de las islas. Hay aldeas marineras tan embaucadoras como Nyksund, considerada una ciudad fantasma en los años 70 del pasado siglo y que ha renacido de sus cenizas gracias al impulso que ha recibido por parte de una colonia de artistas. Una gran parte de sus miembros procede de Alemania. Es gente comprometida con el medio ambiente que ha logrado recuperar, sin ninguna ayuda política, los resquebrajados edificios pesqueros y comerciales de antaño. La panadería, la oficina de correos y la casa del médico ya no existen, pero en su lugar se puede visitar una galería de arte moderno puesta con mucho gusto, donde es casi inevitable comprar un recuerdo. En Nyksund no hay hoteles, pues siguen las obras de reconstrucción de muchos de sus edificios, pero sí un curioso bed and breakfast, el Holmvik Brygge Nyksund, decorado con criterio y en el que los huéspedes leen su nombre en la puerta de su habitación. También casi tocan a las gaviotas, rabiosas ante una presencia humana muy próxima a sus nidos. Lo hacen desde las ventanas de las sencillas estancias de este alojamiento situado en el pequeño canal portuario, flanqueado por dos hileras de casas de colores en cuyas fachadas priman el blanco, el color favorito de los más pudientes, y el rojo, elegido tradicionalmente por los trabajadores de condición más humilde.

Puente de cemento al pueblo pesquero de Henningsvaer. | Eduardo Grund

Ciento cincuenta personas residen ya de manera fija en Nyksund. El puerto pasó al olvido en el siglo XX por la pujanza de su hermano mayor, el puerto de Myre, ciudad pesquera y conservera que sigue apabullando por su tamaño y por las 900.000 toneladas de bacalao que se comercian cada año en sus muelles. Ambas ciudades comparten, sin embargo, la misma obra de Artscape Nordland, una elegante farola (1995) con una lámpara que muestra el rostro de una mujer, creación de Ingrid Karlsen.

Barcos de museo

Desde Myre no queda lejos la localidad de Stokmarknes, apenas una hora de viaje en coche. En esta pequeña ciudad de unos tres mil habitantes se ubica el principal aeropuerto del archipiélago de Vesterålen, aunque si la ciudad presume de algo es por haber sido la precursora de los barcos Hurtigruten, el ferry costero que fue capaz de comunicar el sur y el norte de Noruega durante los difíciles inviernos que padece el país nórdico. En el año 1893 Richard With botó el primer barco de vapor de esta compañía naviera, el DS Vesterålen, que recorría nueve puertos de la costa noruega desde Trondheim a Hammerfest y más tarde desde Bergen a Kirkenes, este último en solo siete días. De ahí el nombre de esta importante conexión, hurtigruten, que significa la ruta rápida. Hoy es factible visitar en el muelle de la ciudad el barco MS Finnmarken, que surcó la ruta costera noruega entre los años 1956 y 1993, y que está considerado la mayor pieza de museo del mundo.

Inga Sami Silda, anfitriona de la cultura sami. | Eduardo Grund

La despensa del cachalote

Antes de abandonar Vesterålen, si el viaje se realiza entre finales de mayo y septiembre hay que desplazarse por la única ruta turística nacional del archipiélago (Andøy) hasta la punta situada más al norte que preside Andenes con su esbelto faro que data de 1859. En ese finisterre noruego se alza este antiguo pueblo pesquero y su espectacular fosa marina de mil metros de profundidad, una suculenta nevera repleta de bancos de calamares, rape, gallinetas y halibuts que atraen a los grandes cachalotes. Es por eso quizás el destino donde está más asegurado el avistamiento de ballenas, no solo de cachalotes sino también de orcas, ballenas jorobadas y rorcuales. La experiencia a más de diez millas de la costa en alta mar resulta fascinante si el mal tiempo no lo impide.

Nyksund, antiguo pueblo de pescadores en el norte de la isla de Langøya, en el archipiélago de Vesterålen. | Eduardo Grund

El archipiélago de Vesterålen y las islas Lofoten están conectados por ferry desde Melbu y Digermulen. Las islas Lofoten es uno de los destinos más famosos del norte de Noruega, con paisajes que cortan la respiración: montañas nevadas de más de 1.300 metros que emergen del mar en un hermoso contraste de color y espectaculares auroras boreales que hechizan en cualquier noche estrellada. Estos son los dos grandes atractivos de esta vieja tierra de pescadores donde se captura el bacalao que llega a estas aguas para el desove.

Las islas Lofoten, entre 380 y 2.000 si nos ajustamos a todo tipo de tamaños y formas que surgen del mar, cuentan con una población de 24.000 habitantes (20 personas por kilómetro cuadrado). Cinco de las siete islas principales están conectadas por carretera, lo que permite recorrerlas con facilidad y precaución por sus estrechas vías. Pero hasta 1983 la vida en este archipiélago no resultaba nada sencilla. Al no existir una pista de asfalto que cruzara de norte a sur, las islas estaban enlazadas gracias a un servicio de ferries e incluso algunas zonas, como por ejemplo en Unstad, quedaban incomunicadas en invierno por la nieve hasta el punto de que las Fuerzas Armadas noruegas debían lanzar comida y víveres desde el aire.

Obras del proyecto Artscape Nordland, para dotar de arte a las islas del norte. | Eduardo Grund

Naturaleza virgen

La construcción de cuatro grandes puentes y de un túnel bajo el fiordo de 1.780 metros alivió la situación de los hospitalarios habitantes de estas islas, aunque sigan sufriendo los problemas derivados de la escasa luz solar que se registra en la época invernal. Del 5 de diciembre al 7 de enero todo es una penumbra mermada por la luz que proyecta la propia nieve y por las maravillosas auroras boreales que desprenden su mágica luz en las noches estrelladas. Los lugareños lo sufren, duermen menos (tres o cuatro horas diarias) y algunos se acercan a la depresión. Pero para los visitantes que se acercan a Lofoten, las cosas cambian por el maravilloso espectáculo de la naturaleza más virgen. La presencia de sus montañas, como si se tratara de una cordillera alpina, produce un fuerte impacto visual y emocional en quienes las contemplan por primera vez. En la época invernal, la nieve cubre todas estas viejas cumbres y se puede practicar el esquí, en tanto que el verano cambia la fisonomía de las islas al producirse un estallido de color que permite la práctica de otras actividades como la escalada, el senderismo, paseos en bicicleta y, por qué no, el baño en las hermosas playas del archipiélago, si uno es valiente y soporta las bajas temperaturas del agua, algunas de ellas con color caribeño, como Vik, y siempre rodeadas por flores.

Pareja de frailecillos. | Eduardo Grund

La tradición pesquera

Todos los años, entre enero y abril, la flota pesquera de las islas Lofoten, compuesta por alrededor de mil barcos, sale a diario a faenar, si el tiempo no lo impide. La pesquera es una actividad que no es exclusiva de los pescadores autóctonos del archipiélago sino que es consustancial a todos los noruegos. Toda la pesca está perfectamente regulada y organizada. Se pueden ver barcos que utilizan la técnica del palangre o de redes y otros que pertenecen a los jubilados de las islas que salen a la mar con su espíritu romántico –hilo y anzuelo artesanales– en busca de las codiciadas pesquerías, que no pueden superar las 55.000 toneladas de bacalao por temporada.

Vesterålen Kysthotell en Stokmarknes (isla de Hadsel). | Eduardo Grund

Un punto ideal para descubrir esta actividad tradicional es Henningsvaer, la llamada Venecia de las Lofoten, un pueblecito de pescadores al sur de la isla de Austvågøy que supera justamente los quinientos habitantes y que pasó a la historia porque aquí se encontró el esquí más antiguo de Noruega. La aldea cuenta con las llamadas catedrales del bacalao, grandes secaderos de madera donde permanecen los bacalaos abiertos en canal y sin su cabeza durante tres meses hasta el verano; también destacan las lonjas donde los niños cortan en invierno las lenguas de los ejemplares capturados, como mandaba la tradición, y una imponente montaña (el monte Vågakallen), ante la que los marineros novatos tenían que quitarse la gorra ante ella en señal de respeto y honor. También están las viejas rorbuer, cabañas de pescadores en las que se hospedaban los miles de extranjeros que llegaban hasta estos lares para participar en la pesca del bacalao y que hoy, por ejemplo, se pueden alquilar para pasar unos días de vacaciones.

"The man from the sea", escultura en metal de cuatro metros instalada en Bø, obra del proyecto Artscape Nordland. | Eduardo Grund

La huella vikinga

Marcharse de Lofoten sin pisar su museo vikingo sería un error imperdonable. En lo alto de una colina de Borg aparece este sorprendente edificio reconstruido, que fue levantado tras encontrarse en este lugar los restos de una vivienda que perteneció a un jefe de un clan vikingo. La construcción, que tiene 83 metros de largo, recrea la vida de los vikingos de las Lofoten, nada que ver con los de la tradición heredada de las óperas de Wagner o la importada de Hollywood, con aquellos filmes en los que los guerreros lucían casco con dos cuernos, toda una invención trasmitida de generación en generación.

Tienda-Museo tradicional para pescadores en Svinøya. | Eduardo Grund

En el ala derecha del museo se encuentran las estancias privadas de la familia, con el gran salón, que solo compartían con invitados muy especiales. También utilizaban la estancia como dormitorio, para adorar a sus dioses o para celebrar grandes banquetes. Los vikingos ya empleaban vasos de cristal –con forma de cono–, aunque solo estaban al alcance de los más pudientes. "Poseer un vaso de cristal –comenta el guía del museo que viste al estilo vikingo– era mucho más difícil que tener uno de plata. Se consideraba que eran más valiosos y solo los usaban los jefes en las celebraciones más importantes". Los arqueólogos, que consideran que la vivienda estuvo habitada hasta el año 950, descubrieron en este yacimiento amuletos de oro y varios objetos de cristal que se exponen actualmente en el museo.

El paraíso del bacalao. | Eduardo Grund

El paraíso del bacalao

La pesca y el secado del bacalao constituyeron casi el único modo de vida de los habitantes de las islas Lofoten y todavía hoy sigue siendo la principal industria de la zona junto al turismo. El momento álgido de la temporada de pesca se sitúa entre los meses de enero y abril, cuando el skrei se traslada desde el Mar de Barents hasta Vestfjorden para iniciar el desove. Para secar este sabroso bacalao, que se exporta a Italia, Portugal y España, hay que limpiar el pescado salado, volver a salarlo y secarlo definitivamente durante unas tres semanas. En Lofoten hay que recorrer los impresionantes secaderos en forma de A, donde el pescado expuesto puede ser visto y fotografiado: las cabezas y el cuerpo se conservan durante años por separado y mantienen un alto valor energético. En Henningsvaer existe incluso la posibilidad de asistir a un evento explicativo del bacalao tradicional que culmina con una cena configurada con este pescado y que incluye la exquisita lengua, el bacalao marinado, el aceite de hígado –solo o con un poco de alcohol, y siempre muy saludable, como saben las abuelas–, guiso con patatas y pimientos y, también, hasta tarta de bacalao. Información sobre este evento en lofotenarctichotel.no

Eduardo Grund

5 experiencias que no hay que perderse

Participar en una fiesta vikinga. Para volver 1.200 años atrás en la historia y descubrir el modo de vida del mítico pueblo escandinavo, la fiesta vikinga del Museo Lofotr incluye entrada guiada al museo, cena con cordero, abundante guarnición y dos copas de aguamiel (con un 15 por ciento de alcohol), música y bailes durante la velada.

Aprender de ballenas. En Andenes, las excursiones que organiza Whale Safari se desarrollan entre finales de mayo y mediados de septiembre e incluyen una visita guiada al centro ballenero, donde hay un esqueleto de cachalote de 15,5 metros de longitud, y se descubre que el corazón de la ballena azul tiene el tamaño de un elefante.

Aviso de precaución ante el posible cruce de alces por la calzada. | Eduardo Grund

Ver cazar al águila pescadora en Bleik. El norte de Noruega cuenta con la mayor población en Europa de águilas de cola blanca. La especie habita la mayor parte de la costa noruega e incluso han sido llevadas para que colonicen la costa de Escocia. En Bleik, junto a su maravillosa playa de aguas caribeñas, se puede ver cómo estas aves capturan pescados en el mar, mientras cientos de frailecillos revolotean por la isla de Bleiksøya.

Conocer la cultura sami. Una familia sami de Sortland organiza esta experiencia para mezclarse con los renos y disfrutar de esta cultura autóctona en compañía de su simpática anfitriona, Inga Sami Silda. Escuchará el idioma sami, tomará café, té y un snap en su tienda y dará de comer a los renos en el exterior. También se puede pasar una noche en un lavvo o tienda sami.

"Explorar" una aurora boreal. En el Centro Espacial Andøya, en Vesterålen, puede participar en una emocionante misión, explorar una aurora boreal y aprender sobre los viajes espaciales. Desde 1962 este centro localizado en Andenes ha enviado más de mil cohetes científicos y ahora los visitantes pueden experimentar un viaje virtual al espacio, aprender de las auroras boreales y de las tormentas solares y lanzar sondas virtuales.