Noche de Paz en los Alpes austriacos: aquí nació el villancico

Declarado Patrimonio de la Humanidad, hoy es un cántico universal que saltó de estos parajes al resto del planeta

Noelia Ferreiro
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La imagen bucólica del invierno encuentra su reflejo en estas montañas del corazón del Viejo Continente, salpicadas de pueblos barrocos, lagos glaciares y valles alpinos. Un catálogo de postales blancas al que los picos de hasta tres mil metros convierten en uno de los paraísos del esquí. 

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También aquí, muchos no lo saben, se esconde un hito navideño de primer orden. En una adormilada población de estos parajes de cuento nació, un buen día, el villancico Noche de Paz, todo un icono de estas fiestas que, año tras año, resuena en todo el planeta.

Un momento triste

Fue la madrugada fría del 24 de diciembre de 1818 en una diminuta aldea llamada Mariapfarr y perdida en un pliegue remoto de los Alpes austriacos, dentro del estado de Salzburgo. El sacerdote Joseph Mohr trazó unos sencillos versos agrupados en seis estrofas, en un momento en que toda Europa se hallaba sumida en la tristeza: las Guerras Napoleónicas habían devastado los ánimos y el continente estaba coronado por una nostalgia incurable.

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Para combatir este sentimiento oscuro, para avivar el espíritu entrañable de la Navidad, se dispuso a escribir un poema idealizando la magia de estas fechas. Porque pronto llegaría la celebración del nacimiento de Cristo y, frente a la adversidad, había que avivar la esperanza. Al fin y al cabo, pese a la muerte absurda, pese al sufrimiento inútil, aquella noche, al fin y al cabo, era una noche de paz. 

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Todos los rincones del mundo

Con esta letra, a la que  Franz Xaver Gruber, un maestro de escuela de la cercana localidad de Arnsdorf, puso la melodía, nacía un cántico universal que fue entonado al concluir la misa del gallo. De eso, claro, se cumple ahora 201 años. Nada hacía sospechar, en aquel momento, del alcance que tendría después. 

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Lo que vino a continuación fue la propagación de este cántico de un rincón a otro del mundo. De este pintoresco pueblo, apoyado sobre el río Salzach, a la región del Tirol. De aquí a la ciudad alemana de Leipzig, probablemente al calor de los comerciantes. De Europa hasta dar el salto a Nueva York, donde sonó por primera vez en 1936. Y de la ciudad de los rascacielos a las calles de Nueva Orleans, San Luis, Pittsburg y Filadelfia. Incluso llegó a Asia Menor y a recónditos rincones de África.  

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Más de 300 idiomas

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2011, Noche de Paz es un mensaje de conciliación que ha llegado a todos los hogares. Doscientos años después, unos dos mil millones de personas cantan este tema melancólico, que ha sido traducido a más de 300 idiomas y versionado por numerosos artistas en todos los géneros musicales. Cuentan que la adaptación Bing Crosby de 1935 llegó a vender alrededor de 10 millones de copias.

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Hoy, orgullosos de su obra maestra, los parajes de Noche de Paz exhiben numerosos recuerdos del que acabó convirtiéndose en el más famoso villancico. Así, mientras en Mariapfarr se ha habilitado un paseo temático, en Arnsdorf encontramos un museo y un santuario con su letra, y en Oberndorf exposiciones permanentes y hasta una capilla que conmemora esta canción universal. Incluso en Hallein, la localidad medieval donde Gruber tuvo sepultura, se celebran sobre la tumba “cánticos” en su honor.