Ngorongoro, el volcán del edén

Ninguna otra reserva ofrece un espectáculo tan grandioso como el cráter del Ngorongoro, una caldera volcánica de 600 metros de profundidad y más de 20 kilómetros de diámetro que contiene la mayor concentración "permanente" de vida salvaje en África. Situada en Tanzania y con una superficie de 8.300 kilómetros cuadrados, esta zona fue originalmente parte del Parque Nacional de Serengeti, pero en 1959 se estableció como unidad administrativa independiente. Ambas zonas, el Ngorongoro y el Serengeti, son Patrimonio de la Humanidad.

Julio Teigell

El espectacular paisaje del Área del Ngorongoro (que significa "lugar frío" en el idioma masai y está habitado por más de 40.000 pastores de esta etnia) aparece dominado por el valle del Rift y los volcanes. Los nueve volcanes de Ngorongoro se iniciaron hace mas de cuatro millones de años. De estos volcanes, el único que está actualmente activo es el de Oldoinyo Lengai, la montaña de Dios, ubicado en la zona cercana al lago Natron, que ha continuado sufriendo erupciones volcánicas durante los últimos años sin causar afortunadamente daños a la población local. Hace millones de años, los polvos y las cenizas de cada erupción volcánica fueron enviados por el viento hacia el noroeste y construyeron los suelos fértiles de las llanuras del Serengeti, cubriéndolas y quedando fuera sólo los kopjes, las colinas de roca de origen más antiguo.

Lo que actualmente es el cráter de Ngorongoro fue un gigantesco volcán, quizá mas alto que el propio Kilimanjaro. Hace unos tres millones de años su alto pico se colapsó, convirtiéndose en una enorme caldera. En su interior pastan miles de ñus (Connochaetes taurinus), cebras (Equus quagga), búfalos del Cabo (Syncerus caffer) y gacelas de Thomson (Gazella rufifrons) y de Grant (Gazella granti). Al contrario que la población de Serengeti, los ñus y las cebras del cráter de Ngorongoro no son migratorios, pues la continua presencia de agua en la zona les asegura su permanente sustento.

En esta gran reserva natural también se pueden observar con suma facilidad antílopes eland (Taurotragus oryx), antílopes acuáticos (Kobus ellipsiprymnus), alcéfalos o kongonis (Alcelaphus buselaphus) y los facóqueros o jabalíes verrugosos (Phacochoerus africanus). Los llamativos elefantes machos (Loxodonta africana) del cráter de Ngorongoro, que son especialmente famosos por su elevada edad y sus enormes colmillos, se pueden observar fundamentalmente en la pequeña zona del bosque Lerai, un singular paisaje que se contempla en el cráter y cuyo nombre en la lengua masai corresponde al de un árbol muy abundante en la zona: la acacia de corteza amarilla.

El cráter también alberga una importante población de hipopótamos (Hippopotamus amphibius), que habitan los lagos y los charcos y están mas concentrados en los llamados Hippo Pool (charcos de los Hipopótamos) del lago de Ngoitokitok y del manantial de Mandusi. Muchas veces se pueden observar a los hipopótamos rodeados de aves como las garcillas bueyeras (Bubulcus ibis) las garcillas cangrejeras (Ardeola ralloides), las garcillas malgache (Ardeola idea), los picabueyes de pico rojo (Buphagus erythrorhynchus) o los picabueyes de pico amarillo (Buphagus africanus). Todas estas especies se instalan siempre encima de estos enormes mamíferos para alimentarse con los insectos que se posan en su cuerpo.

En Ngorongoro, los abundantes leones (Panthera Leo), con machos de melena negra, son tan famosos como los que transitan por las llanuras de Serengeti. Se estima que puede haber más de cien, repartidos en familias de diez a veinte ejemplares territoriales. Los machos protectores del territorio no han aceptado la llegada de leones procedentes de otras zonas del Área de Conservación. Por tanto, el aumento de la población se ha producido debido a una buena reproducción de los leones residentes en el cráter, que han generado muchos cachorros.

Las hienas manchadas (Crocuta crocuta), con su pelaje corto, entre amarillento y rojizo, constituyen el predador más abundante en toda la zona protegida del cráter. Hay más de 400 ejemplares que se dedican a dar caza a sus presas favoritas como ñus, cebras y gacelas. También se observan con cierta facilidad a los chacales dorados (Canis aureus), los chacales de dorso negro (Canis mesomelas), los gatos servales (Felis serval) y los zorros orejudos (Otocyon megalotis), que son carroñeros.

En el cráter además se pueden localizar algunos ejemplares de guepardos (Acinonyx jubatus), que, aunque tienen mucho alimento debido al elevado número de gacelas existentes, no resultan muy abundantes debido a la numerosa cantidad de especies competidoras como las hienas y los leones. Los leopardos (Pantera pardus), carnívoros solitarios, sólo se concentran en las zonas del bosque, buscando alimento por la noche y durmiendo en un árbol durante el día. Por tanto, avistarles en un safari fotográfico es como una lotería: cuestion de suerte.

Diezmado a lo largo y ancho de todo el continente africano, el rinoceronte negro (Diceros bicornis), encuentra en el cráter un último refugio seguro. Incluso aquí hubo caza furtiva, en los años 80, pero felizmente fue eliminada y la población de rinoceronte negro se ha recuperado. En 2008 se calcula que en el cráter de Ngorongoro hay unos 30 rinocerontes. En mi primera visita, en el año 1980, antes de que se iniciara la caza furtiva, se podían observar unos 100 ejemplares. Ahora todos esperamos que la población siga aumentando en esta zona tan bien protegida.

Desde el borde del Ngorongoro, a más de 2.000 metros de altura, el panorama resulta inigualable, especialmente el inmenso diámetro de la Gran Caldera. A la derecha, las paredes aparecen cubiertas de un enorme bosque de montaña que se cubre de niebla cada madrugada. Al fondo del cráter están las corrientes de agua dulce y el lago Magadi, alcalino, cuyas variaciones estacionales lo convierten en un inmenso paraíso para los flamencos o bien en un lecho seco cubierto de sosa.

Durante casi todos los meses del año pasado y del anterior, el lago Magadi se quedó casi sin flamencos, debido a que las intensas lluvias lo mantuvieron con un nivel muy alto de agua y eso impedía a los flamencos enanos encontrar las algas, su comida fundamental, con lo cual se trasladaron casi todos al lago Natron, que se llenó de millones de flamencos procedentes de casi todos los lagos de Kenia y el norte de Tanzania. Desde los primeros meses de este año los flamencos enanos ya han vuelto al lago Magadi. Ahora bien, este hecho no se ha producido porque haya disminuido el nivel de agua, sino, al contrario, porque ha crecido, pero en este caso tanta agua ha extendido los límites del lago y formado playas con escasa profundidad, lo que ya les facilita el hallazgo de las algas, su alimento fundamental.

En la misma orilla de la carretera que bordea el cráter, un monolito preside las tumbas de Bernhard y Michael Grzimek, padre e hijo, que entregaron sus vidas a la causa de la conservación y cuya aportación fue decisiva para la salvación del Ngorongoro y Serengeti, cuando a finales de los 50 estaban más amenazados que nunca. Su obra, El Serengeti no debe morir, dio la vuelta al mundo y atrajo las simpatías necesarias para su causa.