Navegar por el Canal de Beagle: donde la tierra dice adiós

Una bonita travesía por la porción más austral del planeta

Noelia Ferreiro
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Foto: saiko3p / ISTOCK

Allí donde los Andes se funden con el mar, donde el Atlántico se abraza con el Pacífico, donde el continente americano se estrecha en una puntiaguda cola para servir de antesala a la inmensidad helada de la Antártida. Allí, en el sur del sur, el planeta da su abrupto adiós a la tierra habitada por el hombre.

Estamos en la parte más austral del globo. En el extremo de Argentina, un territorio en forma de triángulo que, separado de tierra firme por el Estrecho de Magallanes, penetra en las misteriosas soledades del océano bajo el sugerente nombre de Tierra de Fuego.

Como en las primeras exploraciones

Es en este remoto confín, tocado por la mística del finis terrae, donde reside el Canal de Beagle, que separa la isla grande de los islotes del sur del archipiélago fueguino. Un lugar donde se puede revivir la aventura de los primeros exploradores.

Canal de Beagle | miralex / ISTOCK

Porque si hay algo que mantiene intacta la aureola de los viajes de antaño, en los que se dio con este lugar inhóspito, es la experiencia de surcar las míticas aguas de este paso que comunica los océanos, y que ha sido foco de disputas a lo largo y ancho de la historia.

Estrecho de Magallanes, entre mares salvajes

Islas desamparadas

El Beagle, que toma su nombre de la embarcación con la que se descubrió en 1830 al mando del capitán Fitz Roy, es un canal recto de más de dos millas salpicado de espectrales islas y atolones tocados por la magia del desamparo. En los días cálidos hay quien se atreve a navegarlo en kayak, sin alejarse demasiado de la costa. Pero lo suyo es hacerlo a bordo de veleros o catamaranes.

Ushuaia | saiko3p / ISTOCK

Las excursiones pueden ser contratadas directamente en el muelle turístico de Ushuaia, la conocida como la ciudad del fin del mundo. Desde aquí, varias embarcaciones parten a diario con diferentes itinerarios y una duración de cuatro a ocho horas.

Faros y lobos marinos

En el trayecto aguarda el perfil costero que fue el hogar de los indios yámanas, grandes colonias de fauna marina y algunos de los emblemas de esta travesía iniciada por el hombre hace más de seis mil años.

Faro Les Éclaireurs | Ignacio Leonardi / ISTOCK

La Isla de los Pájaros, con sus vociferantes cormoranes; la Isla de Lobos, colonizada por leones marinos; y el faro Les Éclaireurs, con su título impostor del fin del mundo (no es éste el que inspiró la famosa novela de Julio Verne, pero así ha quedado para la posteridad), son los hitos del circuito clásico, que puede hacerse por la mañana o por la tarde, ya bajo las luces de la bahía.

Islas de Lobos | xeni4ka / ISTOCK

Pero otras excursiones más largas también brindan caminatas por las islas H y Karelo, el paseo por la pingüinera de la Isla Martillo, donde nidifican simpáticos pingüinos magallánicos, o la navegación por la Bahía Lapataia, ya en el Parque Nacional Tierra de Fuego. Esta reserva, que integra mar y montaña, está poblada por bosques de guindos, lengas y ñires, lagos y turberas, guanacos y zorros fueguinos que deambulan por el extremo austral.

Bahía Lapataia | xeni4ka / ISTOCK