Nave de recreo en el mar manchego

Cuando se piensa en esta comarca manchega, uno se imagina rodeado de paisajes ocres, secos y llanos. Lo que no aguarda el viajero inadvertido es que en estas tierras le reciba un interminable océano color turquesa, surcado de veleros y con sus propio club náutico y escuela de vela. Se trata del embalse de Entrepeñas, que detiene al Tajo y lo vuelve azul intenso gracias a la caliza que lo soporta y a la intensa luz manchega que lo enciende. En mitad de este paisaje acuático anatópico se alza Isla Alcarria, en un brazo de tierra de cuatro kilómetros de superficie. Su apariencia es la de un chalecito de los años 70, de los que se construía la burguesía predemocrática en los extrarradios de Madrid o en las sierras adyacentes. Esto es, dos plantas -una de ellas abuhardillada-, tejado de pizarra a dos aguas, muros y chimeneas de piedra, muebles de mimbre o de madera oscura y un cuidado jardín pensado para que correteen los niños.

El anterior dueño de toda esta finca, que ocupa 26 hectáreas, fue el barón de Gotor, más conocido catódicamente como padre del exaltado Pocholo, mientras que el vecino fue y es su tío, el marqués de Villaverde. Ni tanta sangre azul en los títulos de propiedad ni las fiestas legendarias que organizaba el célebre concursante televisivo han cambiado un ápice el ecosistema hipnótico del entorno.

El jardín y el embalse se pueden observar desde cualquiera de las doce habitaciones del hotel. Están situadas en edificios independientes de una sola planta, escalonados en una ladera con vistas. Pintadas en diferentes colores pastel, su decoración pivota alrededor de las antigüedades y los muebles rústicos. Su comodidad se cifra en unos colchones dignos de Las mil y una noches y en unas sábanas sedosas y perfumadas.

La júnior suite número 4 -llamada El Torreón de la Cornicabra - se comunica con una torre anexa que alojaba un aljibe abovedado, convertido ahora en una bañera-piscina alicatada. La número 3 -El Laurel - ofrece, por su parte, una cama con dosel y una bañera de hidromasaje. De las zonas comunes destaca el amplio salón abuhardillado, antiguo dormitorio del barón, rematado en una terraza frente a la que se extiende la mayor extensión de agua dulce de la Península. Su entorno de pinares y acantilados propicia largos paseos matutinos. Además, desde el hotel organizan excursiones a caballo y cuentan con un completo catálogo de actividades acuáticas -tienen embarcadero propio- y hasta paseos en globo, algo poco apropiado para el otoño. Sí que lo son las visitas a Brihuega y Cifuentes, a pocos kilómetros al norte. O a Pastrana y el Monasterio de Monsalud, en el cercano sur de Isla Alcarria. Se elija lo que se elija, sería imperdonable no reservar un día para probar el restaurante del hotel, Las Candelas . Con una carta en la que no faltan los productos de una huerta propia, conjuga magistralmente las recetas tradicionales con los platos creativos y la sabrosa cocina de temporada.

Situación: Isla Alcarria se ubica en el kilómetro 17,5 de la N-204. A 60 kilómetros de Guadalajara, tomando la N-320 hasta Sacedón y luego la N-204 en dirección a Cifuentes.
Habitaciones: ocho dobles y cuatro júnior suites. Todas ellas con baño, aire acondicionado, calefacción, televisión y teléfono.
Precio: doble, unos 85 €.
Servicios e instalaciones: restaurante, piscina, jardines, terraza, salón con chimenea, pista de pádel, embarcadero y aparcamiento.
Contacto: Tel. 949 827 004 y www.hotelislaalcarria.com
Un detalle: puedes sorprender a tu pareja con un baño de pétalos, acompañado de cava frío y fresas que se puede encargar al hacer la reserva para que nos esté esperando.