Naturaleza y cultura en el norte de Costa Rica

Costa Rica es uno de los países más verdes del mundo y lo es gracias a sus políticas ecológicas a través de las que se ha unido turismo y sostenibilidad haciendo el uno imprescindible para el otro.

Sara Acosta Díaz

En Costa Rica el amor por la naturaleza se palpa en cada momento, ya sea paseando por las calles de San José o en la selva más profunda. Y esto es posible gracias a su cultura que ha apostado por una educación desde la infancia de estos valores ecológicos que hace de Costa Rica uno de los países más verdes del mundo.

La puerta de entrada a Costa Rica es San José, capital del país ubicada en una depresión creada por la actividad tectónica y volcánica, y es que está rodeada por las Montañas de Talamanca y la cordillera volcánica. San José fue fundada en 1737 aunque no fue hasta 1823 cuando le arrebató la capitalidad definitiva del país a Cartago.

Aunque es cierto que no es una de las ciudades más bellas del mundo, San José es una urbe llena de vida donde la seguridad para el viajero es absoluta. De ella, lo que más llama la atención son los edificios históricos que, si bien, no se remontan más allá del siglo XIX poseen una belleza colonial peculiar. Este es el caso de las casas de la Avenida Central o Paseo de Cólon -llamado así porque mide 1502 metros, fecha en la que Colón llegó a Cosa Rica-. Aquí y en las calles aledañas es donde vive la élite de la ciudad, en casas coloniales rehabilitadas con gusto. Estas casas también las encontramos en el barrio de Amón, donde la arquitectura colonial francesa con edificios decorados con estuco y madera son los más llamativos.

Volviendo al Paseo de Colón, aquí se encuentra el Mercado Central, construido en 1880 como mercado de abastos, función que hoy sigue desempeñando. Su remodelación está prevista por secciones para el año que viene. Mientras, se puede comprar de todo: desde zapatos hasta fruta, carne e, incluso, flores. Además, cuenta con varios restaurantes y cafeterías en su interior, por lo que es un buen lugar para probar el "café chorreao", la forma tradicional de hacer el café costarricense que consiste en poner en café molido en un filtro del tela sobre el que se vierte agua hirviendo. Este filtro tiene forma triangular por lo que el café ya hecho cae sin derramarse en la jarra.

Justo al final del Paseo Colón se encuentran dos de los edificios financieros de la ciudad: El Banco Central y el Banco Nacional de Costa Rica. Entre ambos, el Monumento a los Campesinos está formado por una serie de esculturas a tamaño real con las que se quiere honrar la honestidad y el trabajo de los agricultores.

San José ofrece otras joyas arquitectónicas como el Edificio de Correos y Telégrafos (1917) en estilo neoclásico o, justo enfrente, el Club Unión que data de 1923 y fue el lugar donde se inició la masonería en Costa Rica. También el Teatro Nacional, construido en 1897, es uno de los imprescindibles. Este edificio está coronado por tres estatuas de ángeles que representan la fama, la música y la danza, y flanqueado por Beethoven y Calderón de la Barca en honor a la música y el teatro. Las estatuas que se ven en la fachada son en realidad copias debido a las inclemencias del tiempo; las originales se puede ver en el vestíbulo interior del teatro. El Teatro Nacional en realidad marcó la historia de San José. Y es que gracias a él se construyó una planta eléctrica para que le abasteciera -a él y a 10 cuadras alrededor- de luz eléctrica. Esto convirtió a la capital costarricense en la tercera ciudad del mundo en tener electricidad tras Nueva York y París.

Para conocer un poco más sobre la historia del país, el lugar al que todos tienen que ir a parar es el Museo Nacional de Costa Rica. Ubicado en el antiguo cuartel de Bellavista, del que se pueden visitar algunas dependencia, lo primero que se ve del museo es su mariposario con 25 especies de mariposas diferentes. Tras él espera una exposición de más de 800 objetos precolombinos, donde la influencia maya, azteca e inca es patente. Pero si algo llama la atención de este museo son las enormes esferas de piedra maciza que datan del 3000 a.C. Aunque no se sabe a ciencia cierta la historia de estas esferas, algunas adornadas con petroglifos, una de las teorías sostiene que fueron construidas por los olmecas y que señalaban constelaciones y planetas.

Disfrutar de la naturaleza en la capital es posible en el Parque Metropolitano de la Sabana, el pulmón verde de la ciudad. Desde los años ''30 del siglo XX y hasta 1965 el lugar en el que se enclava fue el aeropuerto internacional que continuó con su actividad hasta los años ''70. Actualmente, la terminal es el Museo de Arte Costarricense. Junto al parque, el Estadio de la Sabana es la sede de la selección de futbol de Costa Rica y apenas 4 años de vida. Este estadio tiene forma de grano de café y fue un regalo de China por haber roto Costa Rica las relaciones con Taiwan.

Y si de lugares reconvertidos hablamos, mención aparte merece el Museo de los Niños que está ubicado en la Antigua Penitenciaría Central. Remodelada en forma de castillo medieval de película se conservan las torres de vigilancia, adornadas como si de la misma Edad Media datasen. Junto al museo, también alberga el Teatro Auditorio Nacional, la Galería Nacional y el proyecto Crea+ , dedicado a la educación, interacción y entretenimiento de los jóvenes costarricenses.

Café y fresas de camino al Poás

Una vez paseado por San José y vivido sus barrios -como Barrio México, conocido por su ocio nocturno-, es hora de conocer la naturaleza costarricense del Parque Nacional Volcán Poás. Aquí, los cafetales, visitables a través de varios tours privados, invaden el trayecto de apenas una hora desde San José. Y es que es el Valle Central, a una altura de entre 800 y 1800 metros, donde se cultiva la mayor parte del café de Costa Rica. Este cultivo se alterna con el de la fresa, fruta por la que es famoso Poasito, el último pueblo antes de llegar al volcán y donde hay que parar a tomar un jugo de fresa -con agua o leche- o a probar las típicas y riquísimas fresas con chocolate, leche condensada o queso palmito.

Ya en el Parque Nacional Volcán Poas, el acceso al mirador se hace a través de una carretera pavimentada accesible para todo tipo de personas. Este volcán activo tiene unos de los cráteres más grandes del mundo con más de 1,6 kilómetros de de ancho y más de 300 metros de profundidad desde el mirador. En él, la laguna Botos es de agua de lluvia y se encuentra a una temperatura entre 40 y 240 ºC. Ver el cráter es, a veces, un acto de fe y es que tan pronto bajan las nubes como se despeja en un espectáculo precioso. No ver el cráter es tan habitual que los encargados del parque han puesto carteles compadeciendo al visitante que se queda sin verlo.

Tras el Poás espera otra de las atracciones naturales más llamativas de Costa Rica: las cataratas. Muy cerca del volcán, el establecimiento Piece Lodge ofrece una ruta, además de por su jardín y su refugio animal, por tres de las cataratas más bellas de la zona llamadas El templo, la Paz y Magia Blanca. Si no se quiere hacer la excursión, que cuesta el módico precio de 79 dólares, La Paz ofrece un lindo espectáculo al pie de la carretera camino a La Fortuna. En el trayecto, también se puede divisar a lo lejos Catarata de San Gerardo de 56 metros de altura.

En Costa Rica, vayas donde vayas siempre te acompaña una vegetación exuberante y llamativa protagonizada por palmeras -con hasta 60 tipos diferentes-, orquídeas -con 1200 tipos entres los que la Guardia Morada es la flor nacional- o la trompeta de ángel o reina de la noche, una especie de planta que es un poderos alucinógeno si se consume.

Arenal y La Fortuna

Siguiendo con los volcanes costarricenses, no nos podemos olvidar del Volcán Arenal, sin duda el más fotogénico del país. Su perfecta forma cónica ofrece paisajes inolvidables desde todas sus perspectivas, sobre todo desde el lago Arenal, mitad natural mitad artificial, que en realidad es una represa eléctrica que abastece al 60% del país y exporta energía a Nicaragua. Este volcán ha estado en erupción constante desde 1965 hasta 2010. En 1968 fue de tal magnitud que destruyó por completo los pueblos de Tabacón y Pueblo Nuevo, que fue trasladado de ubicación.

La Fortuna es el punto de partida para conocer todo lo que ofrece el Arenal: canopy en mitad de la selva con Ecoglide, aguas termales que manan directamente del volcán en las que relajar el cuerpo y la mente o la catarata La Fortuna, de 70 metros de altura y con fácil acceso a su laguna -en la que está permitida el baño- través de una escalera recientemente reformada. Además, podemos encaramarnos a las faldas del volcán, concretamente hasta las coladas del Arenal, a 1670 metros de altura a través de un agradable paseo por la selva que descubrirá un la fauna -lagartija chisbala arcoiris, basiliscos- y la flora de la zona.

Desde La Fortuna, casi imprescindible se hace una visita al Rancho Margot, un establecimiento autosostenible que genera su propia luz, depura su propia agua y genera la mayor parte de la comida que consume a través de una pequeña granja de gallinas, vacas y cerdos, así como zonas de cultivo. Este rancho tiene 162 hectáreas de las que el 60% son bosques mientras que el 40% restante está destinado a un alojamiento, la granja y pastos para el ganado.

Hasta el Rancho Margot se puede acudir para un visita o para alojarnos ya que cuenta con una serie de búngalos construidos en teca con capacidad de hasta 5 personas y un edificio con habitaciones con capacidad para 4 personas donde además de clientes se alojan los voluntarios que trabajan en rancho.

Y Sibú pintó el río

Cuenta la leyenda de los indígenas bribri que cuando Sibú acabó de pintar el cielo lavó los pinceles en el río Celeste. Formado a partir de los ríos Agrio y Buenavista, el río Celeste forma parte del parque nacional del Volcán Tenorio -entre Guatuso y Bijagua- y el color de sus aguas es hipnotizante. Rodeado por una selva húmeda, un agradable y embarrado paseo lleva al visitante a conocer su espectacular cascada, su laguna, los borbollones -que alcanzan más de 100 ºC- y los teñideros.

Es en los teñideros donde el agua transforma su color de una transparente perfecto a un celeste imposible. Esta transformación es, en realidad una ilusión óptica provocada por el contacto del el silicato de aluminio con el agua, pero no por ello el efecto es menos sorprendente.

En el parque el baño en el río Celeste está prohibido pero no lo está en lugares fuera del mismo. Así el hotel Rio Celeste Hideaway cuenta, además de con 26 bungalows, con una acceso privado hasta una de las pozas de río Celeste en la que descansar tras la caminata por la selva.

Por otra parte, saliendo del parque se encuentra el Árbol de la Paz, una enorme ceiba -árbol sagrado maya- de 52 metros de altura y 800 años de antigüedad. Óscar Arias, presidente de Costa Rica, fue quien nombró a esta ceiba Árbol de la Paz en 1989 tras haber sido él galardonado con el Nobel de la Paz en 1987.

Guanacaste, la provincia de las orejas

Al norte de Costa Rica, la provincia de Guanacaste toma el nombre del árbol homónimo que en realidad es el árbol nacional y que en lengua náhuatl (maya) significa "árbol de orejas" por la forma que adquiere su fruto, una vaina de un color pardo con forma de oreja humana. La capital de Guanacaste es Liberia donde son habituales, como en el resto del país, las cooperativas de mujeres autogestionadas. Una de ellas es Los Comales, un restaurante en el que comer, si se tiene oportunidad, el típico desayunos costarricense: gallo pinto -arroz y frijoles con natilla, huevo, plátano- acompañado por uno de los jugos de tamarindo o guanaba naturales tan refrescantes. Los más golosos no pueden dejar de probar la resbaladera, un refresco a base de arroz y canela.

Tras coger fuerza, Guanacaste ofrece conocer un poco más de su historia y su cultura a través de la Hacienda el Viejo Wetlands. Con 150 años de antigüedad esta casa típica guanacasteca es una de las más antigua del país y cuenta con un tour cultural y otro natural. En el primero una actriz -o actor- vestido con el traje típico guanacasteco lleva al visitante a través del trapiche - molino utilizado para extraer el jugo de la caña de azúcar- y la casa de sabanero mientras explica cómo era la vida hace 150 años.

En el tour natural se hace en el Refugio de Vida Silvestre de la Hacienda que tiene 2000 hectáreas y donde se ha recuperado el bosque seco y los humedales. Una de las atracciones principales es navegar por el río Tempisque, de 135 kilómetros de longitud (nace en el Volcán Rincón de la Vieja y desemboca en el golfo de Nicoya). A lo largo de esta excursión, con paciencia se pueden ver numerosos animales como cocodrilos, iguanas, ranas, varios tipos de garzas o momotos -o pájaro bobo-. La mejor época es mayo ya q es cuando nacen las crías y cuando se ven mejor los animales.

Pero Guanacaste también es playa. Con las aguas del Pacífico como protagonistas, nadie debería dejar la provincia, ni el país, sin darse un chapuzón en playa Flamingo, que además cuenta con uno de los atardeceres más bellos del país.