Naturaleza desbordante: 15 paraísos en los Parques Nacionales de España

Los 15 Parques Nacionales españoles cuentan con rincones, enclaves y valles que son un regalo de la naturaleza. Paraísos que están ahí, esperando.

Luis Uribarri
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El primer Parque Nacional declarado en España fue el de los Picos de Europa, en el año 1918, que se extiende por parte de los territorios de las Comunidades Autónomas de Cantabria, Asturias y Castilla y León. La declaración más reciente correspondió al Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, en 2013, que protege territorio natural de las Comunidades de Madrid y de Castilla y León.

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En total son quince los espacios definidos en España como Parque Nacional, que son aquellos catalogados como de alto valor natural y cultural, que han sido poco alterados por la actividad humana y merecen una atención preferente en su conservación por la singularidad de su fauna, de su flora o de sus formaciones geomorfológicas. Los Parques Nacionales constituyen la máxima expresión del patrimonio natural español. Por su parte, la consideración o distinción de Parque Natural se concede a nivel autonómico y hay más de 130 repartidos por la geografía española.  

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La Comunidad Autónoma que más Parques Nacionales posee es Canarias, con cuatro: Caldera de Taburiente, Garajonay, Teide y Timanfaya. De ellos, el del Teide es el más visitado de España, Patrimonio de la Humanidad desde 2007, con la cima española más alta como principal reclamo, el volcán del Teide, que con 3.718 metros de altura es a su vez el tercer volcán más grande del mundo. Andalucía y Castilla-La Mancha cuentan con dos Parques Nacionales cada una. En Andalucía se ubican Doñana y Sierra Nevada, y en Castilla-La Mancha, Cabañeros y Tablas de Damiel.

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Cada Parque Nacional español alberga lugares, rincones o formaciones naturales por los que son reconocidos y recordados. Estos son algunos de ellos...

El mejor final de etapa

El primer espacio natural protegido de nuestro país, el Parque Nacional de los Picos de Europa, acoge una de las mejores reservas mundiales de los ecosistemas ligados al bosque atlántico e incluye la mayor formación caliza de la Europa Atlántica. Quien vislumbra sus cumbres y desfiladeros nunca los olvida, como tampoco a los Lagos de Covadonga, uno de sus iconos más bellos y conocidos. Su frecuente uso como final de etapa de montaña de la Vuelta Ciclista a España ha popularizado el paraje y obligado a extremar su protección y limitar las visitas.

Lago Ercina, en el Principado de Asturias, dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa. | Victor Marques Fernandez / ISTOCK

El gran cañón de Aragón

Discurre de forma rectilínea en dirección sur durante más de diez kilómetros desde el circo de Añisclo hasta los pies del Monte Perdido, en la confluencia con el valle del río Aso. Es uno de los parajes más espectaculares y ensoñadores de la Comunidad de Aragón, una profunda garganta esculpida durante siglos por la intensa acción erosiva del río Bellós en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. La postal la completan sus numerosas y vertiginosas cascadas y un frondoso bosque. En otoño la confluencia de los colores vivos de la estación con la piedra y el agua conforman una imagen memorable.

Cañón de Añisclo, en Ordesa y Monte Perdido (Aragón). | D.R. / ISTOCK

Una imagen, mil pesetas

El Parque Nacional del Teide es el más visitado de los quince parques españoles y está declarado Patrimonio de la Humanidad. Una de sus formaciones rocosas más singulares se encuentra en pleno corazón de la isla de Tenerife, el Roque Cinchado, situado a unos 300 metros de distancia del Teide y a 2.100 metros sobre el nivel del mar, esto es, 1.700 metros por debajo de la cima del volcán. Su imagen aparecía en los billetes de mil pesetas con el volcán Teide a su espalda. Por su peculiar forma, el Roque Cinchado es conocido también, coloquialmente, como árbol de piedra.

Roque Cinchado, en el Parque Nacional del Teide (Tenerife). | Marek SLUSARCZYK / ISTOCK

El circo de la Geología

La isla canaria de La Palma regala el espacio protegido de la Caldera de Taburiente, originado por las rocas basálticas producidas por el enfriamiento de un extenso cráter con lava. La geología de este Parque Nacional, en el corazón de la isla, está marcada por un extraordinario circo de más de 8 kilómetros de diámetro con forma de caldera de la que toma su nombre. Desde cumbres como el Roque de los Muchachos o La Cumbrecita, al fondo de la Caldera, el agua se precipita en multitud de arroyos y cascadas a lo largo de un desnivel que llega en ocasiones a los 2.000 metros. Además de sus impresionantes paisajes, destaca la presencia de gran diversidad de especies animales y vegetales, muchas de las cuales son exclusivas de los hábitats del archipiélago canario.

Salto de agua en la Caldera de Taburiente, en la isla canaria de La Palma.  | Flavio Vallenari / ISTOCK

La maldición del domingo

Uno de los enclaves más bellos de los Pirineos y del Parque Nacional de Aiguas Tortas. Situado a 1.910 metros de altura, en el fondo de un circo glaciar, el lago de San Mauricio ofrece una magnífica postal con los picos de Los Encantados al fondo, el Grande (2.747 metros) y el Pequeño (2.738 metros), separados por una garganta de 2.624 metros. Los picos deben su nombre a una leyenda en la que dos cazadores fueron a cazar rebecos en domingo: saltarse la misa dominical fue castigado con una maldición que los convirtió en roca.

Parque Nacional de Aiguas Tortas y Lago de San Mauricio, en Lérida (Cataluña). | Digoarpi / ISTOCK

Tarde de bosque en familia

Situado al sureste del Parque Nacional de Doñana, en la margen izquierda del río Guadalquivir, el Pinar de la Algaida, de 691 hectáreas, es la zona verde más importante de Sanlúcar de Barrameda y constituye un área habitual de recreo para los sanluqueños. Su nombre procede del árabe Al Gaida, que significa “el bosque”. En un extremo del pinar hay un gran eucalipto que ha sido catalogado como Árbol Singular de Andalucía. Diversas excavaciones en el pinar han hallado restos romanos y arqueológicos con objetos de culto, algunos de los cuales se exponen en el Museo de Cádiz. Se pueden avistar buitres, águilas, cigüeñas negras y, sobre todo, milanos, ente otras aves. Es también hábitat del camaleón común. Para las familias que van a pasar el día  el pinar cuenta con un área recreativa equipada con mesas, bancos y también barbacoas.

Caballo en el parque nacional de Doñana | jacquesvandinteren / ISTOCK

Las montañas de la Luna

Como un paseo por la Luna sin salir de la Tierra. Esa es la impresión que deja un paseo por estas montañas producto de la lava y el fuego que desolaron el sur de Lanzarote entre los años 1730 y 1736 y dieron origen al Parque Nacional de Timanfaya. Haciendo honor a su nombre, las Montañas del Fuego regalan una sinfonía de colores ocres que imprimen una obra de arte natural en la que el artista César Manrique ha concebido un espacio en el que conviven el arte, el hombre y la naturaleza de forma armónica. Aquí el visitante puede realizar la denominada Ruta de los Volcanes a bordo de vehículos especialmente acondicionados para descubrir las maravillas naturales que esconde este singular paisaje lunar.

Montañas del Fuego en Timanfaya, en la isla canaria de Lanzarote. | Konstantin Kalishko / ISTOCK

La Mancha más húmeda

Además de Parque Nacional, el humedal manchego de las Tablas de Daimiel, uno de los ecosistemas más valiosos de nuestro planeta, ha sido declarado Reserva de la Biosfera (1981) y Zona de Especial Protección para las Aves. Ubicado entre las localidades de Daimiel y Villarrubia de los Ojos, el humedal se nutre del desbordamiento estacional de los ríos Guadiana y Cigüela. Las Tablas se pueden recorrer por libre o con visitas guiadas. Varios itinerarios conectan sus escenarios más bellos. La entrada es gratuita todo el año.

Humedal de las Tablas de Daimiel, en Ciudad Real. | JOSE A. MORENO / GETTY

El altar de los gomeros

El Alto de Garajonay (1.487 metros), en el Parque Nacional homónimo, es el punto más alto de la isla de La Gomera. En días despejados desde aquí se puede puede contemplar La Gomera casi al completo, así como vislumbrar las islas de La Palma, El Hierro, Tenerife e incluso Gran Canaria si el día es especialmente muy claro. Por su situación estratégica, el lugar está envuelto en un halo mágico desde tiempos remotos. Así lo demuestran los restos de aras de sacrificio de origen prehispánico encontrados por toda la zona, que le confieren el título de montaña sagrada para los antiguos gomeros. Un sendero accesible permite ascender hasta esta cima de leyenda.

Alto de Garajonay, punto más alto de la isla de La Gomera | Orietta Gaspari / ISTOCK

Azules bajo el mar

La Cueva Azul o Cova Blava del Parque Nacional de Cabrera es una pequeña gruta excavada por el mar en la roca calcárea, en la zona norte de la isla balear, que va desde los seis metros de altura en la entrada hasta los 20 metros en el interior. Gracias a su orientación, a media tarde los rayos del sol iluminan la cueva produciendo efectos de luz y color espectaculares. En la parte sumergida, la entrada más amplia permite que el agua se ilumine en un gradiente que recorre toda la gama de los azules, de ahí su nombre. La experiencia de bañarse dentro de la cueva es de las que no se olvidan.

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Safari en la Raña

Las grandes dehesas del castellanomanchego Parque Nacional de Cabañeros (una de las mejores representaciones de bosque mediterráneo), más sus barrancos y farallones rocosos, acogen una de las mayores riquezas faunísticas de la Península, con ejemplares de grandes rapaces y carroñeros como el águila imperial ibérica y el buitre negro, además de la cigüeña negra, las grullas y manadas de ciervos y jabalíes, y es uno de los hábitats del esquivo y muy protegido lince ibérico. Un recorrido a caballo o en vehículo 4x4 por la dehesa es una experiencia imprescindible.

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La tumba del rey nazarí

El Mulhacén, en el Parque Nacional de Sierra Nevada, es el pico más alto de la Península Ibérica (3.482 metros) y el más alto de Europa fuera del Cáucaso y los Alpes. Su nombre proviene de Muley Hacén, castellanización de Mulay Hasan, penúltimo rey nazarí de Granada en el siglo XV, del que se dice fue enterrado en esta montaña. El ascenso a su cumbre no es especialmente complicado, pero, ojo, se puede experimentar mal de altura. Desde su cima se contempla a su hermano, el Veleta (3.398 metros), y más abajo la singular laguna de la Caldera, a 3.026 metros.

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La playa de “The Guardian”

Uno de los lugares más secretos y mejor guardados de la curiosidad ajena en Galicia saltó a la fama mundial en el año 2007 cuando el diario británico The Guardian proclamó a la playa de Rodas, en el Parque Nacional de las Islas Atlánticas, como “la mejor del mundo” por su ubicación, su inmaculada agua turquesa y la finura de su blanca arena hilvanada en forma de media luna. Con una extensión de 2.658 hectáreas marinas y 433 terrestres, el archipiélago de las Cíes está formado por tres islas: Faro, Monteagudo y San Martiño, unidas estas dos últimas por la citada playa de Rodas hasta casi formar una sola. Un puente de piedra la conecta con una laguna interior, lo que hace aún más especial el lugar, muy cerca del muelle al que llegan los ferris.

Playa de Rodas, en las islas Cíes (Galicia). | arousa / ISTOCK

¡Alto a la Guardia Civil!

Uno de los lugares de visita obligada en el extremeño Parque Nacional de Monfragüe es el Roquedo de Peña Falcón, más conocido como Salto del Gitano, una mole de cuarcita que enseñorea su estampa sobre el río Tajo. Cuenta la leyenda que desde aquí saltó al río un gitano bandolero cuando era perseguido por la Guardia Civil. Al ver la magnitud tal salto, uno de los guardias quedó petrificado, por la forma de una de las rocas se asemeja a un tricornio de la Benemérita. Desde aquí se pueden contemplar poblaciones de buitres leonados y ejemplares de águilas imperiales y alimoches sobrevolando las rocas.

Bandada de buitres sobre el Salto del Gitano, en Monfragüe (Cáceres). | JoseIgnacioSoto / ISTOCK

El oxígeno de la capital

Pese a su proximidad a la capital de España, la Pedriza atesora parajes solitarios y extremadamente bellos. Un laberinto de sol, silencio y granito que figura entre las escapadas favoritas de los madrileños a la naturaleza. La llamada Autopista de la Pedriza, un cómodo camino entre Canto Cochino y el refugio Giner, es, por su baja dificultad, uno de los senderos más concurridos. El de Guadarrama, además de ejercer de balón de oxígeno para su Comunidad Autónoma, es el segundo Parque Nacional más visitado de España, solo por detrás del Teide.

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