Nairobi, vibrante y moderna

La construcción del gran ferrocarril de África Oriental convirtió a Nairobi en un centro estratégico en los intercambios comerciales. Hoy Nairobi, que es una ciudad vibrante y moderna, merece una parada para disfrutar de alguna de las numerosas opciones de ocio que ofrece o para descubrir algunas de las joyas del pasado colonial y la historia de Kenia.

Nairobi se fundó en el año 1899 como un asentamiento creado por europeos para la construcción de la estación de cabecera del ferrocarril del Este de África, que debía de unir el puerto de Mombasa con la ciudad de Kampala, en Uganda. El lugar al que llegaron los colonos era un terreno pantanoso conocido por los masais como Nyrobi, que en su lengua significa "lugar de aguas frías". Nada jugaba a favor de la que hoy es la capital de Kenia, salvo que era la última planicie antes de adentrarse en los escarpados y peligrosos territorios del Valle del Rift. Así pues, Nairobi se convirtió casi por casualidad en un centro de negocios esencial para los intercambios comerciales de la era colonial por la que deambulaban leones y rinocerontes entre las pequeñas casas con techos de hojalata.

Centro financiero

De esa pretérita época perduran pocos edificios, que se encuentran en lo que hoy es el centro financiero y administrativo de una ciudad que se aferra cada vez más a la modernidad y en la que habitan cerca de tres millones de habitantes. El centro financiero de esta gran urbe se caracteriza por sus altos rascacielos grises, que contrastan con la exuberante vegetación del cercanoUhuru Park y con los jardines de las mansiones coloniales de los barrios periféricos, como Karen o Langata.

Los ejecutivos con traje se mezclan en sus calles con cooperantes, diplomáticos y turistas de paso. La mayor parte de los hoteles se encuentran en el área financiera y un paseo por sus calles durante un día laborable permitirá al viajero vibrar con el ritmo frenético de esta ciudad.

En el centro financiero o downtown, y en un radio de menos de un kilómetro de distancia se pueden admirar los edificios del Parlamento, el Tribunal de Justicia, el Ayuntamiento o el centro de convenciones Jomo Kenyatta, desde cuyo mirador, situado en su cubierta, es posible admirar en toda su plenitud el extraordinario tamaño de la capital del país, e incluso, en los días más claros, avistar algún que otro elefante en el cercano Parque Nacional de Nairobi.

Vestigios prehistóricos

El Museo Nacional de Nairobi (www.museums.or.ke) constituye una de las visitas esenciales del centro de la capital si lo que se quiere es conocer la historia y el legado de Kenia a la humanidad. En sus galerías es posible admirar una amplia colección de piezas geológicas, animales y fósiles. Destaca la sala dedicada a la Prehistoria, donde se encuentran los cráneos que han contribuido a construir la teoría del origen de la humanidad y que hacen retroceder nuestros orígenes a más de 2,5 millones de años. Se muestran también el esqueleto más antiguo de un niño Homo erectus, réplicas de algunas de las mejores pinturas rupestres de Tanzania realizadas por los arqueólogos Mary y Louis Leakey en 1951 y diferentes cuadros que muestran las costumbres de nuestros más antiguos antepasados. Otras salas del museo incluyen exposiciones interesantes sobre la cultura y forma de vida de las principales tribus de Kenia.

También los hoteles Norkfolk y Standley merecen una visita para empaparse de su historia, que es un fiel reflejo del pasado colonial de una Kenia donde exploradores y estrellas de Hollywood se sentaban en sus terrazas a observar la vida en las calles de Nairobi. Todavía hoy, al caer la tarde, la terraza Delamere del Norfolk o el café del Standley se convierten en lugar de encuentro habitual de expatriados y turistas donde tomar una copa en un ambiente de lo más internacional.

Si lo que se busca es una atmósfera más local, hay que ir a alguno de los restaurantes más populares de la ciudad, como el reputado Carnivore, y probar el plato nacional por excelencia: el nyama choma, una exquisita carne a la parrilla.

Existe igualmente en Nairobi una amplia oferta de restaurantes donde saborear comida internacional y de mercado, desde deliciosos curries en el restaurante hindú Haandi, comida asiática en los jardines del Zen Garden o incluso delicias mediterráneas en el frecuentado Rustique o en el animado Brew New Bistrot, que todos los jueves ofrece conciertos de populares grupos musicales. La mayor parte de locales nocturnos y hoteles con terrazas de moda se encuentran en el barrio de Westlands.

Parque nacional urbano

Para los menos urbanitas, Nairobi ofrece un exclusivo lujo, ya que es la única ciudad del mundo que cuenta dentro de sus límites con un espacio protegido. A tan solo 20 minutos del centro de la ciudad los visitantes cambiarán el paisaje de los rascacielos por extensas praderas y bosques delParque Nacional de Nairobi (www.kws.org), donde pueden verse más de cien especies animales como jirafas, leones, rinocerontes o elefantes, y más de 400 especies de aves. Además de los tradicionales safaris en coche, el parque cuenta con un sendero que puede recorrerse a pie en un itinerario de unas dos horas de duración.

También merece una visita la fundación regentada por la naturalista Daphne Sheldrick y su orfanato de elefantes (www.sheldrickwildlifetrust.org), situado en la entrada Sur de dicho parque nacional. Una visita a este proyecto de conservación supone una magnífica oportunidad para comprobar cómo se ayuda a pequeños elefantes que han perdido a sus progenitores y que, tras ser rescatados, pueden sobrevivir para después ser reintroducidos en la vida salvaje durante la edad adulta en el Parque Nacional de Tsavo. Todos los días, a las 11 horas, los cuidadores alimentan a los pequeños paquidermos con gigantescos biberones bajo la atenta mirada de los turistas.

Un té con jirafas

No muy lejos del Parque Nacional de Nairobi se encuentra también el centro de jirafas de Langata (www.giraffecenter.org), donde es posible tomarse un té en el aledaño y elegante hotel Giraffe Manor y saludar a estos animales, que en ocasiones asoman su cabeza por las ventanas que se abren a su espectacular jardín.

Si lo que el viajero busca es acercarse al folclore y las costumbres de las 42 tribus que conviven en Kenia, no puede perderse las Bomas (www.bomasofkenya.co.ke), un museo al aire libre donde se representan los poblados y formas de vida de las principales tribus y donde cada día tiene lugar un espectáculo lleno de ritmo a cargo de los bailarines de la compañía Harambee.

Mercados y artesanía

Como colofón, nadie debería irse de Nairobi sin llevarse un recuerdo de su paso por Kenia, si es que no ha caído ya rendido ante la artesanía que se ofrece a los turistas en los puestos callejeros. En los múltiples mercados de Nairobi, como el Masai Market -se celebra en el Westgate Centre, en Westlands, los martes-, el Village Market -tiene lugar los miércoles- o el centro comercial Junction -los jueves-, es posible comprar artesanías en madera o telas y conseguir auténticas gangas, eso sí, no sin antes entrar en el juego del regateo.

Tras las huellas de "Memorias de África"

"¿Sabrá África una canción sobre mí? ¿Vibrará el aire en la llanura con un color que yo he llevado? ¿Inventarán un juego los niños en el cual esté mi nombre o me buscarán las águilas de Ngong?" Poco podía imaginar la joven aristócrata danesa Karen Blixen que estas palabras suyas, recogidas en su libro autobiográfico "Memorias de África", reflejarían tan bien un legado que aún perdura en el barrio de Nairobi con su mismo nombre. Karen Blixen llegó a Kenia en 1913 y aquí vivió durante más de 20 años. La granja en la que se desarrolló la película, y que fue el hogar original de Karen Blixen entre 1913 y 1931, es hoy uno de los museos más visitados de Kenia. En esta casa de estilo colonial, que mantiene aún el porche en el que Karen tomaba su té y el jardín por el que paseaba junto a los nativos que trabajaban en su granja, vivió Karen hasta que, tras muchos años en el país africano y varias tragedias personales, decidió volver a su Dinamarca natal. Esta fue la casa que inspiraría su libro autobiográfico y la oscarizada película "Memorias de África" y donde pasaría los mejores años de su vida, primero junto a su esposo, el barón Bror von Blixen, y más tarde junto a su amante, Denys Finch-Hatton. La residencia, construida en 1912, está en el corazón del barrio de Karen y cuenta con numerosas piezas originales y parte del mobiliario y vestuario de la película, donados por Universal Studios. En 1985 abrió sus puertas al público coincidiendo con el estreno del filme. Hoy en día forma parte de la red de Museos Nacionales y recibe más de 50.000 visitantes al año.