La Murcia más desconocida: entre Cabo Tiñoso y Cabo de Palos

Entre cabo Tiñoso y cabo de Palos se extiende el litoral más desconocido y mejor conservado de la región de Murcia

Manuel Mateo Pérez
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Foto: by N4n0 / GETTY

En mitad de ambos accidentes geológicos descansa la ciudad de Cartagena, protegida por una estrecha ensenada y un conjunto de fortalezas que durante siglos la hicieron inexpugnable a las amenazas procedentes de la mar. En este paisaje expuesto al sol y los vientos la naturaleza ha modelado acantilados, bosques de pinos que llegan hasta las orillas del Mediterráneo, calas secretas y playas de arena color canela a la que asoman pueblos que aún conservan el tipismo de su origen marinero.

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Murcia es un conjunto de sierras y templadas llanuras que descienden con docilidad buscando el Mediterráneo. El cabo Tiñoso se alza en un extremo de la región, marcando la frontera entre el turístico golfo de Mazarrón y los espacios naturales protegidos que rodean Cartagena. Una batería costera protege el cabo, sobre el que se alza un faro. A su alrededor todo es naturaleza. Un conjunto de senderos señalizados comunican las diferentes alturas del cabo hasta las calas solitarias que quedan a sus pies. El cabo forma parte del Parque Natural de la Sierra de la Muela donde los montes alcanzan hasta los quinientos metros de altitud y los bosques de pinos tapizan con sus copas verdes los acantilados y los precipicios que cortan en seco la tierra frente al rompeolas de la mar.

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Lentiscos y jaras perfuman las orillas y manchas de encinas y pinos piñoneros sirven de guarida a jabalíes y jinetas bajo un cielo que sobrevuelan águilas reales y perdiceras. Sus aguas y su litoral sumergido está considerado por los naturalistas como lugar de alto valor ecológico. De hecho, en esta franja costera vive una de las últimas comunidades de delfín mular del Mediterráneo.

Los saltos de este cetáceo son visibles desde la playa de La Azohía, una pequeña colonia de pescadores ubicada al lado del Cabo Tiñoso, en dirección hacia Mazarrón. La Azohía debe el nombre a una vieja torre vigía construida en tiempos de al-Andalus y conserva el tipismo de los viejos pueblos marineros. Sus casas son de una sola planta y los vecinos acostumbran a blanquear sus fachadas cuando llega la primavera. En un pequeño dique amarran las barcazas en las que cada mañana salen a faenar hombres curtidos en las tareas de la mar. A primera hora de la tarde vuelven con la mercancía fresca. Hay vecinos y foráneos que esperan su llegada para adquirir en la misma orilla el pescado a muy buen precio.

Portús fue en origen una pequeña colonia de pescadores antes de convertirse en el único camping naturista de Murcia. Su playa es un delicioso y pequeño arco de arena blanca entre montañas feraces, pardas y peladas que descienden con brusquedad buscando la mar. En los terrenos llanos germina un bosque mediterráneo al que asoman palmeras. Entre las ramblas parten caminos señalizados que suben hasta miradores naturales desde donde contemplar un paisaje marino de indescriptible belleza. Los vecinos de este rincón murciano recomiendan subir hasta los cerros de la Sierra de la Muela a la caída de la tarde para asistir al espectáculo del crepúsculo.

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El Parque Regional de Calblanque es uno de los santuarios ecológicos de la región de Murcia. Su naturaleza intacta y su escasa presencia humana contrasta con la presión turística del cercano Mar Menor, situado por encima del cabo de Palos. Calblanque es un espacio protegido de algo más de dos mil hectáreas de tierra firme y reservas marinas a cuyas playas es sólo posible acceder por pistas sin asfaltar. El esfuerzo habrá merecido la pena con sólo alcanzar las playas de las Cañas o la idílica cala Dorada donde las olas rompen entre dos pizarrosos montículos pelados que protegen un estrecho arco de arena fina y azafranada.

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Los acantilados, las bandas arenosas y las sierras áridas se extienden hasta el cabo de Palos, convertido desde mediados del pasado siglo en un pueblo de pescadores y de ambiente turístico. Sobre el cabo toma asiento el faro construido en 1864. Pero aún nos aguarda una última sorpresa: Frente a este estratégico lugar, en mitad del mar, se divisan las islas Hormigas, una de las grandes reservas marinas del Mediterráneo. Es posible acceder a ellas en barcos que zarpan desde los puertos de cabo de Palos y del mar Menor y que llevan hasta un conjunto de cinco islotes en cuyos fondos hay valiosas colonias de posidonias, formaciones coralígenas y bancos de peces que son una tentación irrenunciable para los amantes del submarinismo.

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