La muralla más impresionante de Europa está en una ciudad dividida entre dos continentes: del siglo V, venerada por la ingeniería y la más efectiva de la historia
En la ciudad donde Europa y Asia se dan la mano se alza un sistema defensivo que solo es superado en tamaño por la Gran Muralla China: un monumento que ha resistido imperios, asedios, terremotos y siglos.

Basta observar la magnitud del complejo defensivo que rodeaba la antigua ciudad para hacernos una idea de lo grandiosa que llegó a ser la urbe. Kilómetros de piedra protegían el lugar de ataques por mar y por tierra, convirtiéndola en una metrópolis inexpugnable.

Estos muros fueron el último gran sistema de fortificación de la Antigüedad. Un entramado que provocó un asedio tan largo que pasó a las páginas de los libros de historia y que marcó la historia militar de Europa y Oriente Medio durante más de un milenio.
Altas, densas, estratégicamente diseñadas y reforzadas una y otra vez, las Murallas de Constantinopla se convirtieron en todo un escudo que sería imitado por fortalezas en todo el continente. Hoy han perdido su función, pero buena parte de su extensión se ha mantenido en pie.
La historia de las Murallas de Constantinopla
Antes de que Constantinopla fuera Constantinopla ya había muralla. Los primeros vestigios de fortifiación se remontan a la época griega, en el año 658 a.C., cuando la entonces llamada Bizancio fue rodeada de una versión pequeña y más reducida de lo que hoy vemos.
Las que pasaron a la historia se alzaron cuando Constantino I, tras fijarse en el potencial estratégico de la ciudad, la instauró como capital del Imperio romano de Oriente. Ya en el siglo V fueron ampliadas con la monumental segunda línea de defensa de Teodosio. Para entonces, las murallas rodeaban Constantinopla por completo.

Así era la Muralla de Constantinopla
Con hasta 12 metros de altura y aproximadamente 12 kilómetros de longitud, resistieron durante un milenio. Finalmente, la ciudad cayó en 1453 bajo manos otomanas tras nada menos que seis semanas de batalla. Aun así, buena parte de sus muros sigue hoy en pie.
Visitarlas es pisar uno de los trozos más significativos de la historia de Europa y Asia. Zanjas defensivas, torres, puertas ceremoniales, pasadizos ocultos… todo un entramado diseñado para proteger la ciudad más codiciada del mundo antiguo.

Más allá de Estambul: otras murallas colosales de Turquía
La Muralla de Constantinopla no es al única del país. Las murallas de Diyarbakir, con casi 6 km de longitud, son Patrimonio de la Humanidad y otra muestra del dominio militar de la región. Construidas en basalto negro, protegían el territorio de Anatolia, un territorio siempre estratégico por su condición de ciudad de paso en las rutas comerciales.
A unos kilómetros al oeste de Estambul se alza la Muralla de Anastasio, un enorme sistema de defensa exterior levantado en el siglo V, durante el reinado de León I. Con casi 56 km de longitud original, más de 5 metros de altura y 3,3 metros de grosor, fue pensada para frenar invasiones cuando todavía se encontraban a unos kilómetros de Constantinopla. Acabó abandonada alrededor del siglo VII por lo caro que resultaba mantenerla y porque no se demostró demasiado útil, ya que fue traspasada en numerosas ocasiones. No obstante, todavía quedan tramos visibles que permiten imaginar su envergadura.

La Muralla de Constantinopla, la otra Gran Muralla China
Hoy, mientras la Gran Muralla China atrae millones de visitantes, las Murallas de Constantinopla permanecen, en muchos tramos, silenciosas, majestuosas y abiertas al descubrimiento. Son la “otra muralla” que todo viajero debería visitar al menos una vez en la vida: no olvidemos que Turquía es el segundo país del mundo, después de China, con más kilómetros de muralla.
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