Mosaico de vida salvaje: la fauna que puedes ver en Kenia

Desde los Cinco Grandes de la sabana hasta el catálogo de antílopes, cebras, jirafas… y las más variadas aves de África

Noelia Ferreiro
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Es el hogar de la fauna más copiosa y deslumbrante del mundo. Kenia es el paraíso de la vida salvaje. En su procesión de paisajes que saltan de la sabana a los bosques tropicales, en sus múltiples ecosistemas que abarcan montes, glaciares, ríos y míticos lagos, los animales campan a sus anchas, dejándose ver fácilmente. Por algo los safaris son la mayor fuente de ingresos del país desde que en 1977 la caza fuera prohibida. Por suerte, hoy, en estos enclaves fastuosos, el hombre sólo puede sentirse un intruso, un espectador de ese eterno drama de vida y de muerte que es designio de la Naturaleza.

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Con algunos de los parques nacionales más importantes de África, Kenia es el lugar donde contemplar a los Cinco Grandes de la Sabana. Hay poco que hacer para encontrarlos. Los búfalos, por ejemplo, son los más abundantes de este grupo y se dejan ver sin apenas esfuerzo, tanto como los elefantes, aunque estos últimos lo hacen en manadas: las hembras viven con sus crías y los machos en grupos de solteros. También el rinoceronte -especialmente el negro, más pequeño e irascible- se deja contemplar por los turistas, muchas veces bañándose en los barrizales o alimentándose en solitario de hojas, ramas y frutos.

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Leones y leopardos

El león -y con mucha más frecuencia, la leona- es otro de los Cinco Grandes presentes en las tierras keniatas. Al macho se le encuentra tendido perezoso en la sombra, con su majestuosa melena asomando entre la hierba. A la hembra se la contempla más activa, acompañada siempre de sus juguetones cachorros.

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Más esquivo se presenta el leopardo, el más escurridizo del grupo. Y es que este experto cazador de emboscada es nocturno y solitario, territorial y sigiloso. Por eso conviene buscarlo sobre las copas de los árboles, a donde incluso es capaz de subir sus pesadas presas a resguardo de carroñeros carnívoros.

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El ciclo de la vida

Pero el mosaico de vida salvaje que late en los parques de Kenia va mucho más allá de estos cinco. Incluso de los llamados Cinco Grandes de Samburu, que son la cebra de Grevy, la jirafa reticulada, el oryx, el avestruz de Somalia y el gerenuk. Este último es una suerte de simpática gacela-jirafa que tiene un larguísimo cuello y se alza sobre las patas traseras para extraer alimentos de los árboles.

Gerenuk. | Kyslynskyy / ISTOCK

Al dictado del ciclo de la vida, innumerables herbívoros viven de los pastos de la sabana. Todo un catálogo de antílopes (impalas, órices, topis, cobos de agua, gacela de Thomson, dik-dik...), a los que se suman cebras, jirafas, jabalíes verrugosos y demás mamíferos menores (mangostas, jinetas... e incluso primates como los babuinos) son, a su vez, alimento de los grandes y feroces predadores, cuyos ojos acechan sus movimientos para apresarlos en el instante preciso. Entre ellos, los leones y los leopardos, sí, pero además los guepardos, las hienas, los chacales, los caracales...

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Agua y aire

También en las aguas reposan orondos hipopótamos, mientras los cocodrilos del Nilo aguardan la avalancha de ñus para ponerse ciegos de carne. Y no hay que olvidar las aves, inabarcables en sus múltiples especies, que ofrecen un capítulo aparte. Kenia no sólo posee la segunda avifauna más variada del continente negro sino que, además, sus criaturas aladas constituyen un elemento elemental en su paisaje.

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Basta darse un paseo por los lagos Nakuru o Bogoria para contemplar las mayores colonias de flamencos del mundo, que alfombran sus aguas de un manto rosado y fosforescente. También abundan exóticas grullas y cigüeñas, pelícanos blancos, garzas, secretarios, calaos, tocos, estorninos, avutardas... Y dos de los más temidos carroñeros: el buitre y el marabú, de aspecto tétrico y desgarbado.

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