Moravia y Bohemia del Sur: la otra cara de Chequia

Tres días son suficientes para descubrir que Chequia es mucho más que Praga, su capital. Ciudades como Olomouc, Brno o Český Krumlov ofrecen durante el invierno una postal que se grabará en la memoria del viajero gracias a su belleza, sus tradiciones e, incluso, su gastronomía.

La otra Chequia: del queso apestoso al pueblo más bonito del país.
La otra Chequia: del queso apestoso al pueblo más bonito del país. / Istock

Neřeš s Čechy houby, pivo a hokej es un dicho checo que deberás interiorizar si vas a viajar por Chequia y pretendes vivir la experiencia como un auténtico local. Y es que ya se sabe que los refranes son sabios y, por tanto, no deberías hablar con un checo ni de setas, ni de cómo beber una cerveza ni mucho menos sobre hockey sobre hielo si no quieres meterte en problemas. Bromas aparte, es momento de coger el tren y descubrir algunas joyas nevadas más allá de Praga (y sus lugares imprescindibles) que nos llevarán por las regiones de Moravia y Bohemia del Sur.

Český Krumlov se encuentra en el sur de Bohemia, a unas 3 horas de Praga.

Český Krumlov se encuentra en el sur de Bohemia, a unas 3 horas de Praga.

/ Istock / Yasonya

El pueblo más bonito de Chequia: Český Krumlov

En el sur de Bohemia, a unas 3 horas de Praga en tren, el castillo de Český Krumlov se alza majestuoso dando la bienvenida al viajero. Desde hace algunos años, sobre todo desde que el turismo chino sucumbió ante esta joya declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1992, no se puede entrar con autobuses al casco histórico y, si bien, esto puede resultar un hándicap por la caminata que hay que darse desde el parking aledaño, poner un pie en esta ciudad de 13.000 habitantes entrando por la parte baja del viaducto (recuerda un poco a la ciudad medieval más bonita de España) que conecta el castillo con el teatro barroco y los jardines, es un tesoro para la vista.

Adriana Fernández

El Moldava abraza la ciudad, formando un meandro que parece sacado de un cuento medieval. El manto blanco que lo cubre todo (o el frío, si la nieve ha desaparecido) no debe ser un impedimento para descubrir el Latrán, barrio histórico al pie del castillo que antaño estaba ocupado tanto por los sirvientes de los Rosenberg como por diferentes artesanos. Hoy resulta imprescindible perderse entre sus callejuelas para descubrir tiendas de artesanía y algunos museos como el de la tortura (en la plaza principal o Náměstí Svornosti) o el de la moldavita, una gema que se formó hace aproximadamente 15 millones de años, cuando un meteorito impactó en Chequia y fundió rocas y tierra, creando este vidrio natural.

El castillo de Český Krumlov es el segundo más grande del país tras el de Praga.

El castillo de Český Krumlov es el segundo más grande del país tras el de Praga.

/ Istock / KavalenkavaVolha

El castillo, el segundo más grande del país tras el de Praga, fue levantado en el siglo XIV e incluye 40 edificios y casas palaciegas con cinco patios. La entrada incluye una visita a las dependencias de los Rosenberg y los Schwarzenberg, una exposición de objetos históricos o la torre cilíndrica (no recomiendo la subida a personas con claustrofobia) desde la que gozar de una insuperable vista con lo mejor de Český Krumlov.

Olomouc, la pequeña Praga

Dejamos atrás Bohemia y viajamos hasta Olomouc, considerada por muchos como la ciudad más bella de Moravia y que, además, puede presumir de tener el único reloj astronómico comunista del mundo. En una de las paredes del ayuntamiento descubrimos este reloj del siglo XV, que, tras quedar destruido en los bombardeos de la Segunda Guerra mundial, fue reconstruido en la década de 1950. Aquí, a diferencia del archiconocido reloj astronómico de Praga, no son santos y apóstoles los que marcan las horas, sino obreros, campesinos y atletas, alineados con los ideales del régimen comunista. El mediodía lo anuncia un gallo de latón y mirando el calendario debajo del reloj podremos descubrir el santoral checo, así como la fecha de cumpleaños de líderes comunistas como Stalin o Gottwald.

Reloj astronómico de Omoluc.

Reloj astronómico de Omoluc.

/ Istock / troyka

Justo enfrente del reloj y cruzando la plaza empezamos a notar un fuerte olor que sale de Prodejna Olomouc, tienda que vende una amplia selección de quesos y lugar en el que encontrar el famoso ‘queso apestoso’. Sí, es una especialidad local que puede recordar a olores de huevo podrido, y que en boca tiene un sabor intenso pero agradable.

En la misma plaza encontramos también la columna barroca de la Santísima Trinidad, construida en 1740 al final de una de las epidemias de peste más crueles que afectaron a Moravia en el siglo XVIII. Con 35 metros de altura, fue incluida en el año 2000 en la Lista de Patrimonio de la Humanidad y se mantiene en pie gracias a los habitantes de Olomouc, que durante la invasión de Prusia (en la famosa Guerra de los 7 años) rogaron al general al mando que el ejército no la disparase.

Olomouc destaca por su 'queso apestoso', sus fuentes y un casco histórico con mucho encanto.

Olomouc destaca por su 'queso apestoso', sus fuentes y un casco histórico con mucho encanto.

/ Istock / klug-photo

Paseando por esta urbe conocida antiguamente como ciudad de nobles y clérigos y hoy como la pequeña Praga, nos topamos con algunas de las fuentes barrocas más bellas de Centroeuropa. Inspiradas en la mitología antigua están ligadas a la leyenda que cuenta que Olomouc fue fundada por el emperador romano Julio César. Su estatua ecuestre se alza con orgullo en una de las plazas, junto a la moderna fuente de Arión. Esta fuente, creada en el 2002 por el artista y escultor local Ivan Theimer, cuenta con diversos animales marinos que surgieron tras una fase de diseño participativo en la que se invitó a niños de Olomouc a proponer ideas y bocetos para algunas figuras y elementos decorativos.

Otro lugar imprescindible de la ciudad es la catedral de San Wenceslao. En sus orígenes basílica romana, hoy presume de varios récords de esos que tanto gustan a los viajeros: cuenta con la segunda torre más alta de la República Checa, alberga la campana más grande de Moravia y posee el mayor presbiterio barroco del país. Y, por si esto fuera poco, es, sin duda, una de las obras góticas centroeuropeas más bonitas que existen.

Catedral de San Wenceslao, Olomouc.

Catedral de San Wenceslao, Olomouc.

/ Istock / Sergey Dzyuba

Frente a la catedral descubrimos el palacio del arzobispo, lugar en el que se refugió Mozart en 1767 tras su huida de Viena junto a su familia en plena epidemia de la viruela. Aquí compuso su Sexta sinfonía en fa mayor y un aria a la hija del médico que le trató de dicha enfermedad cuando tenía 11 años, dejando una huella musical única.

Brno, ciudad universitaria

Acabamos esta escapada de tres días en Brno, la segunda ciudad más grande de Chequia y capital de Moravia para descubrir algunos de sus rincones imprescindibles. Comenzamos en el barrio residencial de Staré Brno, núcleo medieval original antes de que la ciudad se expandiera. Allí descubrimos los depósitos históricos de agua que se construyeron en la segunda mitad del siglo XIX, en pleno desarrollo industrial de la urbe, para garantizar el suministro de agua a todos sus habitantes. Estas catedrales subterráneas se clausuraron hace tres décadas y quedaron abandonadas hasta que el ministerio checo de cultura las declaró monumento cultural. Hoy constituyen una de las excursiones más curiosas de Brno y, ojo, porque los fans de ‘Stranger Things’ creerán entrar al mundo del revés cuando desciendan a los tanques.

Depósitos de agua, Brno.

Depósitos de agua, Brno.

/ Alba Armida

Ya en el centro, y como nos hemos puesto en modo creepy, debemos visitar el segundo osario más grande de Europa, después de las Catacumbas de París. Ubicado en los subterráneos de la iglesia de San Jacobo, dicen que podría albergar los restos de más de cincuenta mil personas. Los tranvías se convierten en un peligro potencial para los viajeros más incautos (incluso en calles que parecen peatonales conviene mirar siempre a ambos lados), pero esto no debe detenernos en nuestro paseo que nos lleva también a descubrir el dragón de Brno, que tiene más de cocodrilo que de dragón y que se muestra en los aledaños del antiguo ayuntamiento.

Fuente de Parnas, en la plaza Zelný trh (Brno).

Fuente de Parnas, en la plaza Zelný trh (Brno).

/ Istock / Leonid Andronov

Como ciudad universitaria, Brno cuenta con gran ambiente. Al caer la tarde, en las inmediaciones del reloj astronómico (que muchos conocen como el pene de Brno por su apariencia fálica) se dan cita jóvenes dispuestos a disfrutar de lugares tan emblemáticos como el který neexistuje o ‘bar que no existe’. Este precioso local, en el que hay que reservar si quieres asegurarte la entrada, cuenta con una carta líquida que supone un cuaderno de viaje que nos permite recorrer el mundo gracias a unos cócteles que se asocian a algunos países, usando ingredientes, aromas o técnicas que los evocan.

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