El monumento romano mejor conservado de la Antigüedad abre al público por primera vez sus salas secretas: es la gran joya de la arquitectura imperial y fundamental para conocer la historia monumental de Roma
Las salas recién abiertas permiten bucear en la historia de Roma a través de las capas que se han dejado en un solo edificio.

Durante casi dos mil años ha permanecido en pie sin perder su función ni su esencia. Ahora, uno de los edificios más extraordinarios de la Antigüedad se abre para mostrar al visitante espacios hasta ahora invisibles que nos desvelan las mil capas de la historia de su ciudad.

Esta apertura, además de añadir nuevas salas al recorrido, ofrece una nueva forma de entender Roma, su identidad y la historia de la arquitectura global.
El protagonista de esta nueva etapa es el Panteón de Agripa, antiguo templo romano encargado por Marco Agripa durante el gobierno de Augusto y concluido, en su forma actual, por orden del emperador Adriano en el año 126. Su nombre procede del griego Pántheion, “templo de todos los dioses”, y ostenta el título de primer edificio pagano convertido al catolicismo, monumento de la Antigua Roma mejor conservado del mundo y mayor cúpula de hormigón sin armar de la historia.
La historia del Panteón de Agripa de Roma
El recorrido de este emblemático edificio empieza hace más de 2.000 años. Según reza la inscripción de su friso (“Marco Agripa, hijo de Lucio, cónsul por tercera vez, lo hizo”), el primer Pantéon data del tercer consulado de Agripa, que se fecha en el año 27 a.C. Sobre este edificio, una vez destruido por un incendio en el año 80, se alzó el de Adriano, que se atribuye al arquitecto Apolodoro de Damasco.
Uno de los grandes secretos de su extraordinario estado de conservación es su uso ininterrumpido. El edificio se salvó de la destrucción que asoló Roma a principios de la Edad media porque en el año 60, el emperador bizantino Focas donó el edificio al papa Bonifacio IV, que lo consagró como iglesia cristiana bajo la advocación de Santa María y los Mártires.

Desde el siglo VII, el Panteón sigue siendo un espacio de culto activo. A lo largo de los siglos, el edificio se fue enriqueciendo con nuevas aportaciones artísticas. En el siglo XV se añadieron frescos, entre los que destaca La Anunciación de Melozzo da Forlì, visible en la primera capilla a la derecha de la entrada.
Desde el Renacimiento, el Panteón ha sido también lugar de memoria: aquí descansan figuras clave de la historia italiana como Rafael de Urbino y los reyes Vittorio Emanuele II, Umberto I y la reina Margherita, reforzando su condición de monumento vivo.

Así es el Panteón de Agripa
El edificio combina un pórtico clásico con columnas corintias de granito, un vestíbulo rectangular y una gran rotonda circular cubierta por una cúpula de hormigón que sigue siendo, casi 2.000 años después, la mayor cúpula de hormigón sin armar del mundo.
Con 43,3 metros de diámetro y de altura, la cúpula del Panteón crea un espacio interior de proporciones perfectas. En su centro se abre el óculo, de nueve metros de diámetro, siempre abierto al cielo. Por él entra la luz —y también la lluvia—, lo que explica la ligera curvatura del pavimento original de mármoles, elevado unos 30 centímetros en el centro para conducir el agua hacia un sistema perimetral de drenaje.

Este juego entre arquitectura, naturaleza y tiempo fascinó a los grandes durante generaciones. Miguel Ángel llegó a definir el Panteón como una obra de “diseño angélico y no humano”.
El Panteón es desde 1980 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco junto con todo el centro histórico de Roma.

Las salas secretas del Pantéon: Oltre il Pantheon
La gran novedad llega con el nuevo recorrido expositivo “Oltre il Pantheon” (Más allá del Panteón), que permite acceder por primera vez a los espacios de la antigua basílica de Neptuno, cerrados al público durante décadas. Estas salas, ahora restauradas y museizadas, conservan restos arquitectónicos, fragmentos decorativos, estucos, mármoles y estructuras litúrgicas.
El recorrido permite entender el Panteón como el centro de un complejo arquitectónico y ritual mucho más amplio, y no como un edificio aislado. Verlo en su contexto urbano ayuda a comprender mejor su génesis, su evolución y su relación con la ciudad.

El nuevo itinerario se completa con un videomapping proyectado sobre el muro que separa la rotonda de los espacios de la antigua basílica. Esta intervención descompone visualmente el edificio y explica cómo el óculo funcionó como instrumento para medir el tiempo y marcar los acontecimientos anuales importantes, como una suerte de calendario.
También se presenta una reconstrucción casi a tamaño real de un ciborio altomedieval y fragmentos de un edículo barroco desmontado en el siglo XX, piezas que ayudan a visualizar cómo el monumento fue reinterpretado en distintas épocas.
Con esta apertura, el Panteón invita a mirar un icono de la Antigua Roma con nuevos ojos y a comprender cómo en sus muros se superponen las capas que conforman la identidad de la ciudad.
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