Mogán, la pequeña Venecia de Gran Canaria

Este idílico pueblo con canales, puentes y esencia marinera es uno de los más bonitos del archipiélago

 

Noelia Ferreiro
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Foto: cegli / ISTOCK

Tiene el encanto de los lugares sin tiempo, congelados en una bella estampa. Las barcas que se mecen en las dársenas, las casas que miran a las aguas, la atmósfera marinera. Mogán es, en esencia, un típico pueblo de pescadores emplazado al sur de Gran Canaria, en el archipiélago de las Islas Afortunadas. Un lugar atravesado por canales que conducen al mar y que le otorgan un romanticismo decadente que le ha valido el título de “la pequeña Venecia”.

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Pese a este perfil de lo más instagrameable, Mogán es un rincón tranquilo. Ni siquiera el turismo, que en condiciones normales desfila por sus calles y sus playas, ha logrado empañar la magia de este puerto pintoresco que convive, al otro lado, con el verdadero pueblo, el de los moganeros, allí donde la vida discurre sosegada. Este lugar presume (como tantos otros en estas islas) de gozar del clima más favorable del mundo. A saber: una temperatura media de 24º y un sol que brilla, prácticamente, los 365 días del año.

A pie bajo las buganvillas

Basta un simple paseo para aspirar ese aire veneciano que transporta a lugares remotos. Rodear el puerto bajo la hilera de casitas blancas ribeteadas de colores llamativos. Perderse por las callejuelas bajo los arcos que forman las buganvillas al trepar por los muros de piedra. Cruzar los puentes que salvan los canales como en la ciudad italiana.

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También habrá tiempo de sorprenderse con el submarino amarillo (nada que ver con los Beatles) plantado en una esquina del muelle, que espera a que la situación mejore para reanudar sus viajes. Y después habrá que detenerse en alguna terraza para recuperar fuerzas, mientras se contempla a los botes que regresan de faenar en el océano.

Dormir en un vergel

En Mogán, que está custodiado por peñas rocosas, se puede dormir, a muy pocos pasos del puerto, en un auténtico jardín botánico: el que conforma el hotel Cordial Mogán Playa, dominado por la vegetación. Una finca gigantesca en la que se esconde un oasis con más de 450 especies de árboles, plantas y flores.

Hotel Cordial Mogán

Es una delicia pasear por el vergel de este hotel, que recrea un pueblo canario encajado entre las montañas. Aquí el lujo consiste en dejar pasar las horas en sus dos piscinas con jacuzzi. O en someterse a un tratamiento relajante en su fabuloso spa. O en apuntarse a alguna actividad interesante, como la de hacer una cata de ron. Pero no de un ron cualquiera sino del delicioso Arehúcas, destilado con jugo de caña, que se viene produciendo en Gran Canaria desde 1894.

Marcos Cabrera

Gastronomía de bandera

El apartado gastronómico de Mogán merece un epígrafe aparte. Porque además de tratarse de un municipio marinero, cuenta con grandes extensiones de cultivo. De ahí la gran calidad de sus pescados, tanta como la de los aguacates y los mangos, de los que existen distintas variedades. Todo ello, conjugado con la maestría de los chefs, da como resultado un prometedor panorama en lo que a los fogones se refiere.

Sin salir del hotel Cordial, Mogán se saborea en Los Guayres, dotado de una Estrella Michelin. Un restaurante comandado por Alexis Álvarez, que hace una apuesta vanguardista en un menú degustación que incluye platos tan tentadores como el carabinero asado con remolacha, la ostra con jugo de millo o el cherne con curry vegetal y kumato.

Los Guayres

Más tradicional, pero no menos delicioso, es la oferta de Casa Enrique, con productos de kilómetro 0 (su lema es “de nuestra finca a nuestra mesa”) y recetas de siempre transmitidas por herencia familiar. Aquí Alejandro y María José brindan una experiencia inolvidable que se basa, ante todo, en el sabor. Nadie puede irse de Mogán sin probar sus típicas papas arrugadas con mojo, su bonito moganero o su interminable (y exquisita) variedad de quesos canarios.

CHIARA PIROZZI