Misterios eclesiásticos y leyendas de Palencia

La única ciudad española con un campo de golf en su casco urbano reúne una buena colección de misterios y leyendas en torno a sus edificios sacros y ofrece en el restaurante La Encina la mejor tortilla de patatas del mundo.

Rafael de Rojas

Uno recorre la Calle Mayor -el hilo conductor de Palencia-, la concluye en el parque El Salón, camina unos metros hacia la derecha, cruza el centenario Puente de Hierro sobre el río Carrión, camina otro poquito y se encuentra con la Isla Dosaguas y, sobre ella, un campo de golf . Nueve hoyos municipales a cinco minutos de la calle principal de la ciudad.

Es un buen comienzo para recorrer la Palencia más atípica, que estos días de mayo se decora con carteles de "Hay caracoles" en todos los bares. Es el alimento con el que se despide la primavera. Los mejores puede que sean los de Casa Cantabria (c/ Pedro Fernández del Pulgar), pero incluso en La Encina (c/ Casañé) la cocinera Cirina les hace un hueco en la barra junto a la mejor tortilla de patatas de España. O al menos así la ha considerado en tres ocasiones el jurado del Concurso Nacional de San Sebastián. El tapeo se completa con la morcilla de Fuenteandrino, un pueblo palentino de un habitante que es, claro, el que hace las morcillas. La sirven en Lucio y la venden en Peña (Plaza Mayor), una tienda de delicatessen.

Las esculturas urbanas son otra fuente de sorpresas. Por encima de todas (y de la ciudad) está el Cristo del Otero , de Victorio Macho. A sus pies existe un museo dedicado a este escultor palentino que ha sido reabierto en marzo tras un lavado de cara de todo el barrio: el Cerro del Otero. El artista tiene otra curiosa obra en la ciudad: El campesino (avenida Simón Nieto), una figura de 10 metros de altura pensada para ser situada en el Alto del León, en la sierra de Guadarrama, mirando a los campos de Castilla y que fue concluida por el palentino Luis Alonso, escultor de muchas de las obras modernas repartidas por la ciudad.

En Palencia son tan aficionados a las esculturas como a los paseos, lo que resumen las figuras gigantes de El Paseo, junto al puente Nicolás Castellanos, que representan a dos niños y sus padres. Por terminar con las esculturas, mencionemos tres de la Catedral : el Cristo de las Claras (del que se decía que le crecían el pelo y las uñas por su realismo y patetismo), la gárgola con la figura de un fotógrafo en el exterior (esculpida en una restauración a principios del XX) y la criada con coleta tras el altar mayor (dicen que tocarla da buena suerte).

En la Catedral se exhibe un borrón de colores sobre una tabla. Es un truco óptico que permite ver un retrato de Carlos V asomándose a un agujero en la madera. El juego, propio del siglo XVII, tiene hasta nombre: anamorfosis. Otra rareza es el mosaico de tema marinero en el Museo de Palencia, en la Plaza del Cordón. Se llama Océano y las nereidas y fue encontrado en la Villa Possídica de Dueñas, una de las villas romanas singularmente bien conservadas en la provincia junto con La Olmeda.

Por terminar con los temas religiosos, la iglesia de San Francisco cuenta con un túnel que la comunica con la Residencia de los jesuitas. La misma iglesia que se llena los domingos, a las 13 horas, para escuchar la homilía del padre Torres, amigo de Benedicto XVI y siempre dispuesto a dar un sermón llamativo.

En los alrededores de la plaza principal hay también dos de las tiendas más modernas e interesantes de la ciudad. La boutique Malizzia (Calle Mayor), en los bajos del palacio de Villandrando (la auténtica fachada de Palencia, obra cumbre del arquitecto Jerónimo Arroyo), une marcas poco conocidas y apreciadas y su situación en un edificio histórico. Por su parte, Adolfo Domínguez inauguró personalmente su tienda de la calle José Zorrilla , la más grande de Castilla y León y una de las más espectaculares de España, con una decoración de estilo industrial, con cemento y tubos a la vista.