El misterio de la Venus de Milo: los secretos de esta famosa escultura

Dónde fue encontrada, quién es, por qué le faltan los brazos... 

José Miguel Barrantes Martín
 | 
Foto: MARTIN BUREAU / GETTY

El museo parisino del Louvre es la mayor sala de exposiciones del mundo instalada en las dependencias de un palacio. El antiguo palacio real alberga una de las colecciones más visitadas del planeta gracias a la existencia en sus salas de algunas de las obras más relevantes de la historia de la Humanidad, con el cuadro de La Gioconda o Monna Lisa, de Leonardo da Vinci, a la cabeza.

Junto a la célebre pintura, otra de las adquisiciones más importantes del museo, en sus casi doscientos treinta años de existencia, fue la conocida como Venus de Milo, una joya del arte clásico que ha trascendido la mera categoría de obra maestra de la escultura para convertirse con el tiempo en todo un símbolo de la belleza.

Escultura Venus de Milo
Venus de Milo. | Gary Todd/Wikicommons

Considerada una de las “tres grandes damas” del Museo del Louvre, la Venus de Milo continúa siendo una de las obras más enigmáticas de la historia del arte, dando lugar a todo tipo de teorías y leyendas en torno a su figura. Misterios sin revelar, desde el mismo momento de su descubrimiento, que han amplificado su valor y despertado, aún más si cabe, el interés por ella. Nos disponemos, así pues, a bucear en los secretos y detalles que envuelven a esta célebre talla de mármol.

La más elevada representación de la belleza

El arte es capaz de expresar los más abstractos sentimientos y concepciones del ser humano en su deambular por las realidades que conforman aquello que considera la vida, logrando algunas veces dar forma a aquellas idealizaciones que solo transitan en el terreno de la imaginación.

Detalle de la parte trasera de la estatua de la Venus de Milo
Detalle de la parte trasera de la estatua de la Venus de Milo | Jastrow

Y qué mejor ejecución de esta expresión del arte que hacerlo a través de otro elemento artístico, tal y como mostró magistralmente el poeta francés Leconte de Lisle, quien estampó el ideal de belleza, a través de sus versos, gracias a la exaltación de una escultura descubierta hacía poco tiempo en su época, la Venus de Milo.

Símbolo de este atributo desde entonces y considerada además una de las obras más representativas del período helenístico, no cabe duda de que nos encontramos ante una escultura excepcional. Igual de excepcional que su azarosa historia, que comenzó a escribir capítulos con letras de oro desde el mismo momento de su descubrimiento.

Un tesoro codiciado

Fue durante el transcurso del año 1820 cuando el campesino griego Yórgos Kendrotás – según la versión más extendida -, dio fortuitamente con los restos de una gran escultura antigua en la isla de Milos o Milo, una pequeña porción de la actual Grecia en aguas del mar Egeo.

Los franceses se llevaron la estatua a París desde esta isla
Los franceses se llevaron la estatua a París desde esta isla | borchee / ISTOCK

Un hallazgo que llegó a oídos del representante local de Francia, quien aprovechó una escala en la isla de Milos del Chevrette - una embarcación en misión científica -, a bordo de la cual viajaba el alférez y explorador Dumont d’Urville, para poner en su conocimiento el descubrimiento de la estatua de mármol.

Dumont d’Urville, advirtiendo el gran valor de la obra, la adquirió rápidamente proponiendo al capitán del Chevrette cargarla en las bodegas para su transporte, pero ante el riesgo de daño de una carga tan frágil en un viaje expedicionario por los mares del Sur, se decidió finalmente enviar un comunicado al embajador francés en Constantinopla para que se hiciera cargo de ella.

El misterio de la Venus de Milo
El misterio de la Venus de Milo | Livioandronico2013

Mientras tanto, el campesino había recibido otra oferta por un sacerdote que pretendía enviarla como regalo al sultán otomano, si bien el embajador impediría finalmente la venta haciéndose con la escultura, que viajaría hasta París, donde un año después sería ofrecida al rey Luis XVIII.

Poco después fue donada por el rey al Museo del Louvre, que llevaba un tiempo en obras, por orden de Napoleón I Bonaparte, para ampliar y embellecer la galería de Antigüedades, donde se instalaría la Venus de Milo en un principio y donde se encuentra actualmente, a pesar de los traslados que ha sufrido la obra hasta su instalación definitiva en 2010.

Un cúmulo de misterios e interrogantes

La Venus de Milo ha estado envuelta en interrogantes desde el mismo momento de su descubrimiento. El más importante de todos ellos ha sido históricamente su carencia de brazos, que impide una correcta identificación del tipo de estatua que es y a quién representa – al no contar con estas extremidades no portaba los llamados “atributos”, objetos que sostienen las esculturas en sus manos y que son fundamentales para poder reconocer al dios griego que se representa con la obra -.

Detalle de la cara y de uno de los inexistentes brazos de la Venus de Milo
Detalle de la cara y de uno de los inexistentes brazos de la Venus de Milo | Dennis Jarvis

Seña de identidad característica de esta escultura en la actualidad, en su momento fue motivo de todo tipo de especulaciones y teorías, hasta el punto de plantearse en el Louvre la incorporación de los brazos desaparecidos. Afortunadamente, en un último momento, se desistió de continuar con la idea. Por otro lado, la mortaja de su lado izquierdo – el derecho fue tapado en el siglo XIX -, nos indica que los brazos fueron en su momento tallados por separado del resto de la obra, para ser luego ensamblados.

Datada entre los años 130 y 100 a.C., durante el período helenístico, la estatua de mármol blanco, de 211 centímetros de alto y 900 kilos de peso, se cree que pudo haber formado parte de un conjunto escultórico creado por Alejandro de Antioquía, merced a una inscripción que indicaría su autor, en el supuesto basamento que habría sido encontrado junto con la Venus de Milo, del que solo se tiene conocimiento por un grabado de 1821.

Controvertida en su momento y un ejemplo de lo que llamamos arte en la actualidad | Boticelli

La forma y el estilo de la estatua han hecho pensar que podría ser una copia, junto con la Afrodita de Capua, de una obra original perdida del siglo IV a.C., atribuida a Lisipo, uno de los escultores clásicos griegos más importantes. Según esta teoría, la Venus de Milo representaría a Afrodita, la diosa griega del amor y la belleza – Venus es el nombre usado en la mitología romana para designar a Afrodita -.

Convertida a su llegada a París, en el siglo XIX, en un símbolo del orgullo patriótico francés, tras haber tenido que devolver a Italia El nacimiento de Venus de Botticelli tras la derrota de Napoleón, no tardó en representar un icono socio-político que sería enaltecido como símbolo del ideal de belleza. Un ideal que aún hoy en día seguimos apreciando en la estatua cada vez que admiramos su armonía de formas y cuidadas proporciones.