Los miradores más sorprendentes del norte de España

Hay lugares en el norte de España cuya mirada no deja absortos. Pueblos, paisajes, rincones y estampas desde donde se divisan las bravías aguas del Cantábrico que es el modo en que los españoles llamamos a nuestro Atlántico norte. Desde estos cinco lugares, el Cantábrico es un horizonte inenarrable

Manuel Mateo Pérez
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Estaca de Bares

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Es la punta más al norte de España. En 1933 la Estaca de Bares fue declarado Sitio Natural de Interés Nacional. Desde entonces no ha dejado de sumar títulos de protección. En este enclave simbólico sentimos estar más cerca del norte.

Desde su faro y el sendero que desciende hasta los roquedales azotados por las olas se divisa la ría de Ortigueira, la de O Barqueiro y algunos de los acantilados más ciclópeos de la costa norte gallega. Además, la Estaca de Bares es un observatorio único desde donde observar el vuelo de las aves migratorias y las aves acuáticas.

Faro de Muxía

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Uno de los iconos luminosos más singulares de la Galicia marinera. Los pescadores más veteranos, cuando en las noches oscuras divisan su haz de luz, sienten que el hogar está más cerca con tan solo mirar Muxía. Su faro se alza a un lado de la punta da Barca, que es el saliente más conocido y pedregoso del faro.

Al lado está el santuario de Nosa Señora da Barca donde los vecinos del pueblo rezan ante la santa imagen pidiendo protección para los marineros. Da Barca es un templo en piedra, expuesto a los vientos y los temporales, donde las familias de los pescadores muertos depositan oraciones y exvotos.

Mirador del Fito

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Es uno de los miradores más bellos de España. Desde él, Asturias se nos antoja un territorio inabarcable, un mapa en tres dimensiones abierto al paisaje. Montañas, valles, cumbres nevadas, poblaciones, niebla y el mar Cantábrico con solo orientar nuestra vista hacia el norte…

El mirador del Fito es un lugar icónico. Se alza en el collado más famoso de la Sierra del Sueve y posee una deliciosa área de descanso. El mirador es una estructura en hormigón con una escalera y una plataforma circular.

Palacio de la Magdalena

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Es otro de los miradores más espectaculares al mar del norte. Desde el palacio de la Magdalena, encaramado en la península del mismo nombre, Santander queda dividido en dos flancos. A la izquierda, se extiende la bahía, el paseo marítimo y la vieja ciudad decimonónica.

A la derecha, el sol broncea la selecta playa del Sardinero, moteada por exclusivas urbanizaciones o exclusivas instituciones sociales como el Casino, donde se han lapidado en pocas noches las más incalculables fortunas. Desde la Magdalena se divisan las islas de Mouro, la Torre y Horadada.

Ea

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Tan solo dos vocales bastan para citar uno de los pueblos más encantadores del País Vasco, una excentricidad entre montes a cuyos pies discurren las aguas del río Ea que desemboca en el Cantábrico. El pueblo es un ejemplo del mejor tipismo arquitectónico de la región vasca.

Su playa es animada y familiar. Pero en sus alrededores existen otras que son solitarias, apartadas y salvajes. Se trata de la cala de Natxitua, una playa virgen rocosa rodeada de montes y bosques. La otra playa virgen es Ogella de Bedarona. En horas de marea baja deja al descubierto su gran biodiversidad y riqueza geológica.