Miradores de Mojácar

Hermosos miradores protegidos por el índalo almeriense.

Manuel Mateo Pérez

Mojácar no es un pueblo costero. Mojácar es un pueblo de interior, por mucho que su blanco y ovillado caserío se asome al azul Mediterráneo. Así lo quisieron sus primeros moradores, que buscaron protección tierra adentro para escapar de los continuos ataques piratas que amenazaban desde la mar.

Desde las playas situadas a los pies del pueblo, a unos cinco kilómetros de las puertas de la villa, Mojácar se antoja una blanca ensoñación en mitad de un rosario de secas montañas y valles pelados. Abrazado a un altivo cerro desde el que se divisa buena parte del Levante almeriense, su blanco caserío atesora la inspiración morisca con la que fue creado. Las formas redondeadas de sus viviendas, las cúpulas, minaretes y escalinatas que se abren a cada paso constituyen el mejor patrimonio de un pueblo que conserva el índalo, el icono y símbolo mágico que desde hace décadas identifica a toda la provincia.

Hoy la localidad almeriense está dividida en dos grandes zonas: Mojácar pueblo y Mojácar playa. La historia y la monumentalidad residen en el primero; el bullicio, la animación y los servicios turísticos, en el segundo. El pueblo viejo de Mojácar hay que recorrerlo obligatoriamente a pie. No hay que ir con prisas. Conviene descansar de vez en cuando y recobrar fuerzas para continuar trepando por las calles blancas, empinadas y serpenteantes.

Mojácar posee los miradores más hermosos de toda la provincia. Uno de los más célebres es el de la Plaza Nueva, que data del siglo XVI. Desde él se divisa una impresionante vista del valle de las Pirámides. De día y de noche es fácil advertir las localidades vecinas de Turre, Bédar, Los Gallardos, Vera, Garrucha y Cuevas de Almanzora. A un lado de la plaza, que se encuentra próxima a la oficina de turismo, se alza la ermita de Nuestra Señora de los Dolores, construida en el siglo XVI sobre la primitiva mezquita árabe. Otro de los más fascinantes miradores de Mojácar es el del Castillo. La plaza se abre hacia la mar. A un lado hay un aljibe árabe que acoge en la actualidad un museo etnográfico. El castillo fue levantado a mediados del siglo XIII, reformado tras la conquista cristiana y nuevamente reconstruido tras el terremoto del año 1518. Con los siglos fue perdiendo protagonismo hasta que en el siglo XIX un célebre músico colombiano, el compositor Enrique Arias, se empeñó en recuperarlo de la ruina para levantar en él un auditorio de música.

Restaurante El Bucanero . Pº del Mediterráneo, s/n. Tf: 950 478 408
Hotel Mamabel''s . Calle Embajadores, 5. Tf: 950 472 448 y en www.mamabels.com
Oficina de información turística de Mojácar . Calle Glorieta, 1. Tf: 950 615 025 y www.mojacar.es