Miami: la diversión como estilo de vida

Imposible aburrirse en la capital de Florida con sus fiestas desenfrenadas y su buena dosis de arquitectura, gastronomía y arte

Noelia Ferreiro
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Dicen que es el lugar donde todo puede pasar y donde efectivamente todo pasa. Excéntrica, alocada, frívola, la ciudad más latina de Estados Unidos es una procesión constante de lo superlativo, una ciudad que hace del hedonismo su carta de presentación. Por eso hay que proponérselo mucho para pasarlo mal en Miami, la capital del estado soleado, como se conoce a Florida.

Este lugar presume de un estilo único e irrepetible. El que le confiere la mezcla, como en una coctelera, de las olas y la arena de una playa tropical con la gastronomía y la vida nocturna de una metrópoli sofisticada, del spanglish con el reggaetón, de las mansiones y los coches de lujo con el vibrante latido latino. Todo ello barnizado de sensualidad y obsesivo culto al cuerpo.

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Miami es lo que se espera de ella. Y por eso nunca decepciona. El glamour, su imagen más arquetípica, tiene lugar en el universo bullicioso del Beach, a los pies de esas playas de coral triturado que son una pasarela de músculos y piel morena. Es aquí donde, ya en la noche y sobre el asfalto de la Ocean Drive, hierve la escena más cool: las terrazas atestadas de gente guapa, las más animadas fiestas gay friendly y las ruidosas discotecas de moda que atraen, a golpe de chequera, a celebrities de todas las latitudes.

Muy cerca, el distrito Art Decò, la mayor concentración de este estilo arquitectónico en todo el mundo, es también un imán irresistible. Más de mil edificios, muchos de ellos suntuosos hoteles, conforman un colorido paisaje en tonos pastel que es ideal para explorar a pie. Porque hay dos calles emblemáticas: la Española Way, con sus cafés de estética europea, y la Lincoln Road, una suerte de elegante Quinta Avenida donde anidan las mejores firmas junto a restaurantes de cocina latinoamericana y bares que se adscriben también al deporte de ver y ser visto.

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Pero además Miami tiene en el sabor cubano su gran seña de identidad. Alto y claro se escucha el español en la cautivadora Little Havana, el barrio donde vive y trabaja la mayor comunidad de Estados Unidos procedente de la tierra linda. Especialmente en la calle Ocho, su principal arteria, la vida discurre entre guayaberas, partidas de dominó y puros enrollados a mano, allí donde se bebe ron y se rompe a bailar sin venir a cuento.

Quienes busquen empaparse de arte deberán acercarse al Design District, plagado de galerías, o más al sur, al Wynwood, un antaño barrio puertorriqueño reconvertido en el rincón más hipster: museos y colecciones en fábricas destartaladas, mucho spray y tiendas de ropa vintage en lo que se ha catalogado como una de las instalaciones de arte callejero más grandes de todo el planeta.

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Pero ante tanta oferta de ocio, Miami brinda también rincones apacibles para escapar del frenético caos que desprenden las finanzas y el business, o de la fiebre de las compras prohibitivas en el ostentoso Bal Harbour Shops. En los barrios de Coral Gables y Coconut Grove se puede pasear tranquilamente en un ambiente europeo, mientras que en Biscayne Bay, con sus parques ajardinados, se contempla un bello atardecer con el skyline de fondo. Una de las pocas actividades para las que no hay necesidad de ser millonario.