Meteora: monasterios a las puertas del cielo

Este enclave de la Grecia central es uno de los paisajes más extraordinarios del mundo

Noelia
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Foto: Ihor_Tailwind / ISTOCK

Unos sienten serenidad, otros se contagian de misticismo, muchos sufren sobrecogimiento y otros tantos, simplemente, se dejan seducir por la belleza pasmosa de este extraño lugar de Grecia. Un enclave que combina la naturaleza con la arquitectura imposible para ofrecer uno de los paisajes más extraordinarios del mundo.  

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Meteora (cuyo nombre quiere decir “suspendido en el aire”) se emplaza en la región de Tesalónica, al norte y en el interior, justo en el territorio donde dicen que se condensa el carácter esencial del pueblo griego. Aquí las fuerzas de la madre tierra esculpieron, a golpe de erosión, rocas gigantes como agujas de granito. Después el hombre se encargó de trepar a sus cimas para construir en ellas su retiro espiritual. El resultado, como los duelos heroicos entre dioses y mortales que la mitología sitúa en estos parajes, es este escenario fantástico donde los monjes ortodoxos logran sentirse cerca de Dios, y los turistas, dentro de un prodigio.

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Paraje futurista

Comunicado con las grandes ciudades, Meterora es una meca para los peregrinos, pero también un imán para los amantes de la fotografía. Porque lo que aquí aguarda es una postal coronada por un cierto aire de la antigüedad, que bien pudiera pasar también por un fotomontaje futurista, por un set de rodaje de una película de ciencia ficción.

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Aunque la formación de estos pináculos de piedra data de millones de años (habían sido, de hecho, sedimentos de un mar interior), fue en el siglo XIV cuando los monjes ortodoxos, en una hazaña arquitectónica, edificaron estos monasterios de las alturas, concibiéndolos como un refugio seguro contra los turcos que, además, les permitía sentirse en las mismas puertas del cielo.

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Cuentan que a los primeros tan sólo se podía acceder a través de unas escaleras desmontables. Y que después se idearon unos montacargas cuyas cuerdas, según testimonio de los monjes, “el Señor a veces dejaba romper”. 

Acceso al interior

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Desde la Segunda Guerra Mundial los monasterios sufrieron un abandono continuado que los sumió en un estado de ruindad y deterioro. Meteora se vio condenada al olvido. Pero afortunadamente algunos de ellos se restauraron y el mundo recuperó una joya única.

Hoy, ocupados por monjes y monjas, seis de ellos siguen abiertos: Agios Nikolaos (San Nicolas), Grande Meteoron o Monasterio de la Transfiguración, el monasterio de Varlam, el Monasterio Roussanou o de Santa Barbara, el Monasterio Aghia Triada (Santa Trinidad) y el Monasterio de Agios Stefanos (San Esteban). 

Monasterio de Varlaam  | rusm / ISTOCK

A través de empinados escalones modelados en la roca se puede acceder a su interior para contemplar sus frescos y katholikones, algunos de gran riqueza. Y también para empaparse de ese misticismo que rezuman, casi a la altura de las nubes.

Monasterio de Roussanou | RobertBreitpaul / ISTOCK

Escenario de James Bond

Por su peculiaridad y valor histórico Meterora está acreditado por el reconocimiento de la Unesco desde 1989, año en que el lugar fue designado Patrimonio de la Humanidad. Ya antes el cine había sucumbido a sus encantos, utilizando estas montañas y coronas monásticas como un hermoso plató. Es lo que ocurrió con el filme Sólo para tus ojos del carismático agente 007. Bond, James Bond, exhibió la belleza del lugar para asombro de los espectadores, como también lo hizo la película Meteora, del director Spiros Stathoulopoulos, que además de desvelar la curiosa existencia de este rincón, aborda la relación sentimental de un monje ortodoxo griego  y una monja ortodoxa rusa.

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Meteora es, más allá de su belleza, un emplazamiento único para la práctica de la escalada. Cerca de los monasterios existen 120 torres de piedra arenisca para desempeñar este deporte en todos los niveles. Con nombres tan truculentos como la Esquina de la Locura o el Filo de Hierro, se trata de una meca para los amantes de esta disciplina. 

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