Hay una isla llamada Navidad donde los cangrejos, este mes, hacen las maletas

Uno de los espectáculos naturales más asombrosos del mundo

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Francois LOCHON / GETTY

Existe una isla en el océano Índico que por su situación de aislamiento y reducido tamaño pasaría completamente inadvertida en cualquier búsqueda en los mapas del planeta. Un pequeño territorio a unos doscientos kilómetros de la isla de Java que fue durante mucho tiempo tierra de nadie, prácticamente inhabitada, haciendo posible a la evolución seguir su curso hasta crear un refugio de un gran número de especies endémicas y una riqueza natural de gran importancia.

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Es precisamente gracias a esa riqueza que hoy en día la isla de Navidad es el escenario en el que se representa uno de los espectáculos naturales más impresionantes del mundo. Una demostración del poder y la belleza que pueden alcanzar los ecosistemas cuando se mantienen al margen de la acción del ser humano.

Un pequeño territorio emergido con mucho que contar

No llega a veinte kilómetros la distancia máxima de punta a punta que abarca la isla de Navidad y 361 metros desde el nivel del mar hasta su punto más elevado y, sin embargo, este pequeño territorio posee un enorme número de historias que contarnos.

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Desde tiempos ancestrales estas costas fueron tocadas por los pueblos de las islas del mar de Java, pero no fue hasta mucho tiempo después, con la llegada de exploradores europeos, en que esta porción de tierra empezó a ser tenida en cuenta. Tuvo que ser un capitán británico quien, en 1643, pusiera nombre a esta pequeña isla tras llegar a ella el mismo día de Navidad. La fortuna quiso que pasasen varios siglos hasta que comenzase a despertar cierto interés debido a la existencia de fosfatos, además de por su posición estratégica como base de aprovisionamiento para otras islas. Es en este momento en el que se desarrolla un primer asentamiento llamado Flying Fish Cove, su actual capital administrativa y en torno a la cual se concentra actualmente su multicultural población.

Perteneciente desde 1952 a Australia a pesar de su lejanía, esta isla de clima tropical no es más que la punta del iceberg de la enorme montaña submarina de la que forma parte, la más alta del océano Índico con sus 4500 metros de altura, de los que sólo trescientos de ellos asoman en la superficie. Un antiguo volcán que bajo el agua crea un relieve impresionante de abruptas paredes que se precipitan hacia el fondo de las aguas oceánicas formando una profunda fosa, creando en superficie morfologías cortantes en forma de acantilados y propiciando en aguas someras la aparición de corales.

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Las interminables laderas submarinas – de las más largas del mundo – contrastan poderosamente con un territorio en superficie que apenas sobresale de entre las aguas. Eso sí, lo que en este pequeña porción de terreno encontramos, tanto en la parte terrestre como en la acuática, no deja de sorprender a la comunidad científica y a los amantes de la naturaleza. El gran aislamiento que ha mantenido la isla a lo largo de muchos siglos ha favorecido el desarrollo de un mundo salvaje en el que se ha desarrollado un gran número de especies que no podemos encontrar en ninguna otra parte del planeta. Bautizada por ello la «Galápagos del océano Índico», la isla de Navidad es todo un paraíso natural en el que se da, por ejemplo, la mayor hibridación de peces de arrecife de todo el planeta, confluyendo las especies de los océanos Índico y Pacífico. Una auténtica joya para los buceadores y la comunidad científica.

Puente para cangrejos.  | neil bowman / ISTOCK

Mientras, en el ámbito terrestre, casi las tres cuartas partes de la isla están protegidas como Parque Nacional, reconociendo y protegiendo la riqueza vegetal y animal que atesora la selva, sumando a la lista un gran número de especies endémicas, entre las que destacan una buena cantidad de plantas, aves o animales invertebrados como los cangrejos, el «animal estrella» de la isla de Navidad, que cuenta con catorce especies diferentes de este crustáceo.

Llegó el momento de una de las mayores migraciones animales que se pueden contemplar

Si existe un hecho que ha reportado fama mundial a la isla de Navidad, ese es el de la gran migración de cangrejos rojos que ocurre cada año al comienzo de la estación húmeda. La llegada de las lluvias – entre los meses de octubre y noviembre - y el ciclo lunar dan el pistoletazo de salida para uno de los fenómenos naturales más impresionantes que podemos contemplar en el planeta. Casi 50 millones de cangrejos Gecarcoidea natalis – según su nombre científico – abandonan la espesura de la selva para llegar al océano con el fin de aparearse y que, acto seguido, las hembras desoven.

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Esta especie endémica de la isla de Navidad y las islas Cocos invade literalmente grandes partes del territorio, paralizando la vida de los habitantes en tierra firme para no obstaculizar una migración de tales dimensiones. La isla se tiñe de rojo como si de riadas de cangrejos se deslizasen hasta las playas.

Este año la migración ha llegado con el mes de noviembre, siendo fiel a su cita anual, para ofrecernos esta maravilla natural que atrae a la isla a numerosos visitantes con el fin de contemplar tanto el fenómeno en sí como de tratar de observar a los tiburones ballena y las mantas gigantes que viajan hasta este punto para alimentarse de las larvas de los cangrejos, que inundan las aguas por doquier. Experiencias únicas que ponen en el foco mundial, durante un breve periodo de tiempo, a esta valiosa isla del océano Índico.

Francois LOCHON / GETTY