Las Merindades, o el origen de Castilla

Las Merindades comprenden un territorio de Castilla y León determinado por la cordillera Cantábrica, el río Ebro y el comienzo de la Meseta Castellana. Constituyen un espacio natural realmente singular por la diversidad y espectacularidad de sus paisajes.

Rafael Pola y Miguel Moreno
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Foto: Rafael Pola y M. Moreno

En el siglo XI se conocía como merindad una demarcación geográfico-administrativa propia de los reinos de Aragón, Navarra y Castilla. La merindad la encabezaba el merino, personaje que ejercía tanto el poder judicial como el administrativo en los territorios que tenía asignados. Hoy Las Merindades dan nombre a una comarca al norte de Burgos que limita con Álava, Cantabria y Vizcaya y agrupan a una veintena de municipios, algunos de los cuales incluyen la palabra merindad en su propia denominación (Merindad de Montija, Merindad de Sotoscueva…).

Rafael Pola y M. Moreno

Al paso de esta ruta se sucederán ríos, montañas, cuevas, hayedos, desfiladeros, depresiones e infinidad de cascadas, incluido el Salto del Nervión, el de mayor altura de toda España. Las Merindades representan también un enclave fundamental en el origen tanto de Castilla como de su idioma, ya que esta comarca fue el germen del Condado de Castilla y la localidad de Valpuesta el lugar en el que, por primera vez, se escribió en castellano, concretamente en los Cartularios de Valpuesta, una serie de documentos anteriores a las Glosas Emilianenses.

Al paso de esta ruta se suceden ríos, montañas, cuevas, hayedos, desfiladeros e infinidad de cascadas

Después de tomar la N-232 a la altura del km 215 de la N-I, alcanzamos, por fin, la BU-504, para, poco más tarde, llegar a Frías, arranque de esta ruta por Carreteras Secundarias. Frías, junto con Oña y Poza de la Sal, forman uno de los conjuntos de localidades más vinculados a los orígenes de Castilla. Por su gran patrimonio artístico y cultural, las tres poblaciones han sido declaradas Conjuntos Histórico-Artísticos.

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A escasos 5 km antes de llegar a Frías hay que detenerse en Tobera, una pequeña localidad, casi un barrio de Frías, donde el río Molinar adorna el paraje con pequeños y bellos saltos de agua. En Tobera también se puede disfrutar de la singular y preciosa imagen que componen, al pie de una gran pared kárstica, la ermita tardo-románica de Nuestra Señora de la Hoz, el humilladero del Santo Cristo de los Remedios y el viejo puente medieval.

CASAS COLGANTES 

Frías está dominada por un castillo roquero y rodeada por un recinto amurallado que cobija las apretadas casas de la localidad, muchas de las cuales cuelgan de la pared de la ladera. Callejuelas empinadas, estrechos pasadizos, antiguos empedrados, aleros y galerías de madera rematando viejas casonas solariegas... Desde la imponente torre del castillo, que da vértigo, se tiene una magnífica vista del casco medieval y del cercano Parque Natural de Montes Obarenes-San Zadornil. Resulta imprescindible detenerse a la salida de Frías, camino de Quintana Martín Galíndez, para contemplar el viejo puente de nueve ojos y sus limpios reflejos en las remansadas aguas del Ebro.

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Muy cerca, en el entorno del valle de Tobalina, no hay que dejar de ver la necrópolis de Peña San Clemente, la torre de Bonifaz en Lomana y el pequeño núcleo medieval de Herrán. El cercano inicio del desfiladero del río Purón invita a practicar senderismo en un impresionante paisaje dominado por calizas, margas y tobas. De camino a Quincoces de Yuso, donde haremos noche, el cauce del río Jerea regala la visión de evocadores puentes medievales, así como la imponente perspectiva del espolón de San Pantaleón de Losa, coronado por una delicada ermita románica.

Las Merindades representan un enclave fundamental en el origen de Castilla y del castellano. Fue en esta comarca donde se pronunció la palabra "Castilla" por primera vez

Muy temprano, el segundo día nos dirigimos hacia el Salto del Nervión, dentro del Monumento Natural Monte Santiago, en pleno puerto de Orduña. En medio de una espesa niebla terrada atravesamos Villalba de Losa y Berberana, que conserva una interesante torre medieval. El Salto del Nervión, con sus 229 metros, es la caída de agua más alta de la Península Ibérica. Dentro de este Parque se encuentran los restos del antiguo monasterio medieval de Santiago Langreriz. También se puede visitar la Casa del Parque, donde, además de facilitar interesantes datos sobre el entorno, informan sobre la red de senderos del mismo.

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Adentrándonos ya en el Parque, un amplio camino que discurre en medio de un frondoso hayedo conduce a la antigua lobera, una trampa que se utilizaba para espantar al lobo llevándole después, a través de encajonados muros de piedra, hasta un foso donde quedaba atrapado. Siguiendo la misma pista, y a un par de kilómetros del Centro de Interpretación, se llega, por fin, al mirador de Esquina de Rubén, desde el que se obtiene una impresionante vista de las cresteras calizas y de las formaciones kársticas que establecen la muga (frontera) entre las tierras vascas y castellanas. El mirador vuela sobre un vacío vertiginoso que, por un lado, deja ver, en épocas de lluvias y deshielos, la difuminada y neblinosa cortina de agua del río Nervión lanzándose a un profundo precipicio y, por otra parte, regala una formidable panorámica del valle de Orduña.

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CASTELLANO PRIMITIVO

Dejamos Monte Santiago, pero antes de abandonar la zona nos acercamos a Valpuesta, donde en el siglo IX se escuchó por primera vez un castellano primitivo. Después continuamos camino de Villasana de Mena. Pasamos del valle de Losa al de Mena atravesando la sierra de la Carbonilla por el puerto de Angulo. A la bajada del puerto, y muy cerca de Cozuela, hacemos una parada para ver la cascada de Peñalabras, un pequeño pero bonito salto de 13/15 metros que exhibe sus cordones de agua y sus pozos esmeraldas en medio de una frondosa vegetación. La carretera, hasta llegar a Villasana de Mena, discurre a la sombra de imponentes farallones arcillosos que defienden todo el valle. Villasana de Mena conserva algún torreón reseñable, aunque, como dice una anciana del lugar, “su grandeza histórica y monumental pertenece más al pasado que al presente”. Toda la zona es un gran museo al aire libre del románico rural castellano. Por cierto, fue en estos paisajes donde por primera vez se pronunció la palabra castilla.

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Siguiendo el valle de Losa, y muy cerca de Espinosa de los Monteros, las grandes formaciones rocosas que flanquean la depresión parecen una sucesión de gigantescas proas de descomunales barcos fondeados en un inexistente puerto mesetario. En un cruce de caminos, a la izquierda queda Villasorda y a la derecha Arroyociego. Finalmente llegamos a Espinosa, probablemente el conjunto monumental más destacable de Las Merindades. Muchos palacios, importantes casas solariegas, el castillo de los Velasco, una gran plaza mayor porticada con galerías acristaladas y el museo de los Monteros (cuerpo hidalgo con el privilegio de proteger a la Corona desde el año 1006).

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CUEVAS Y GALERÍAS KÁRSTICAS. 

Volvemos al coche para dirigirnos a otro de los puntos de mayor interés del viaje; el Monumento Natural de Ojo Guareña, una de las mayores redes de cuevas y galerías kársticas de Europa. Poco antes de llegar a Ojo Guareña pasamos por Quisicedo, minúsculo pueblecito con construcciones de sabor a otro tiempo que crean un conjunto evocador. Ya en Ojo Guareña visitamos la cueva y ermita de San Tirso y San Bernabé.

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La ermita está labrada en la roca, y poco más arriba se sitúa el único acceso abierto a visitantes de esta amplia red de simas, lagos, dolinas... En Ojo Guareña hay, además, infinidad de importantes yacimientos arqueológicos que dan testimonio de la presencia humana en este sugerente lugar. Al fondo del anfiteatro rocoso, y bajo la ermita, también se puede visitar el sumidero de Guareña, un singular paraje donde el río se hunde para iniciar un largo periplo subterráneo. Por encima de la ermita, desde lo alto de la cresta calcárea se domina una fabulosa y extensa panorámica de los valles y páramos de las Merindades.

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Reanudamos camino retomando la B-526 en dirección a Villarcayo y Medina de Pomar. El paisaje sigue mostrando su rica diversidad vegetal; desde bosques de ribera, repletos de chopos, fresnos, alisos, tilos... hasta tupidos berzales, encinares y robledales; todo ello presidido por las encrespadas y rotundas cornisas de calizas que enmarcan, de forma imponente y constante, la totalidad del territorio. Estas formaciones se estrechan a veces, formando angostos desfiladeros, mientras en otras ocasiones se abren y elevan, fortificando el horizonte de manera espectacular. En Las Merindades sorprenden muchas cosas, pero, sobre todo, llama la atención la grandeza y variedad de su entorno natural.

El salto del nervión, dentro del monumento natural Monte Santiago, es, con 229 metros, la caída de agua más alta de la península ibérica

En el camino hacemos un alto para disfrutar de la obra de ingeniería natural que a lo largo de milenios ha realizado el río Nela excavando en la roca una gigantesca caverna de más de 60 metros de largo, 40 de ancho y 20 de alto para que sus aguas discurran mansamente a los pies del pueblo de Puentedey. Muy cerca de Puentedey se halla la Mea, un llamativo salto de agua, y el pueblo de Escaño, con su pequeña y encantadora iglesia románica.

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De camino a Villarcayo y Medina de Pomar hay que desviarse 4 km para llegar a Salazar, pero merece la pena. Salazar es un pequeño núcleo de población con multitud de casonas nobiliarias y numerosas muestras de la mejor arquitectura popular. A diferencia de otros muchos lugares, en Salazar se nota el cuidado y preocupación de sus regidores y vecinos en conservar y resaltar la pureza y autenticidad de los edificios y construcciones de su pueblo.

EL PRIMER CASTILLO DE CASTILLA

Abandonamos Villarcayo, con su interesante Plaza Mayor, para dirigirnos a Medina de Pomar, donde haremos noche. Medina de Pomar invita a pasear su empinada calle Mayor, que recuerda la estructura y estrechez de calles de las viejas medinas árabes. En Medina hay que callejear disfrutando de su casco histórico, del espectacular alcázar de los Velasco, del convento de Santa Clara y del Museo de Las Merindades. Muy cerca ya de concluir la ruta, cerrando en Frías el círculo de este periplo, hacemos un alto en Trespaderne para visitar la fortaleza de Tedeja, para algunos el primer castillo de Castilla.

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La fortaleza en una de las últimas cumbres de la sierra de la Tesla. Domina el desfiladero de la Horadada y, por tanto, controlaba el paso clave entre el Cantábrico y la meseta. Según recientes investigaciones, los primeros asentamientos en este estratégico promontorio datan de los siglos III y IV y fueron los romanos los primeros en fortificar la posición, aunque habría que esperar al año 740 para que Don Pedro, duque de Cantabria, fundase el castillo de Tedeja. En Trespaderne puede visitarse el curioso Centro de Interpretación del Desfiladero de la Horadada. Esta ruta por Carreteras Secundarias llega a su fin cuando la carretera provincial BU-504 desemboca en la N-232 para poner rumbo a Madrid. 

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