La Mérida mexicana: la ciudad que quería ser París

Un paseo por esta joya colonial de la península de Yucatán

Noelia Ferreiro
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Foto: CampPhoto / ISTOCK

Hay, ya se sabe, ciudades tocayas a ambas orillas del Atlántico. Mérida es una de ellas. La que da nombre, en nuestro territorio, a la capital de Extremadura, y la que nombra asimismo a otra población mexicana, localizada en el estado de Yucatán y construida sobre las ruinas abandonadas de otro emplazamiento maya que, cuentan, se asemejaba a los restos romanos encontrados en su homónima de Badajoz.

Hasta aquí, es todo lo que tienen en común. Porque la Mérida de México, a la que llaman la ciudad blanca, adolece del arte del tapeo y del perfil ribereño del Guadiana, pero a cambio ofrece otros muchos atractivos. El más singular: su apariencia francesa, palpable especialmente en la influencia de su arquitectura.

El oro verde

La Mérida de Yucatán es la ciudad que quería ser París. De ello dan fe los palacios neoclásicos y las mansiones aristocráticas que se remontan a la época dorada de este estado, allá por el siglo XX. Eran los tiempos del henequén, al que se llamó el oro verde porque dio lugar a una industria que generó colosales fortunas.

Hacienda Yaxcopoil | Orbon Alija / ISTOCK

¿Qué era exactamente este producto? Una planta de la familia del agave que brindaba una fibra resistente (la misma con que ya los propios mayas elaboraban sus hamacas) cuya demanda traspasó las fronteras hacia Europa y Estados Unidos.

Fue en esta época cuando se erigieron soberbias haciendas dedicadas a su explotación. Plantaciones que se perdían en el horizonte con majestuosos edificios coloniales, algunos de los cuales llegaron a tener hasta su propia estación de tren. Hoy estas haciendas (que hacia 1920 asistieron al declive henequenero por la llegada de la fibra sintética), se han reciclado en hoteles que rezuman un encanto único. Alojarse en ellas es hacer un viaje al pasado con la sofisticación del presente.

Calle emblemática

Nada como recorrer el Paseo de Montejo para descubrir ese toque parisino. Y es que la avenida principal de Mérida está inspirada en los Campos Elíseos con un trazado que es una sucesión de casonas y palacetes de la época colonial, algunos de los cuales albergan hoy exclusivos hoteles.

Casas Gemelas en el Paseo Montejo | abalcazar / ISTOCK

Las Casas Gemelas o Casas Cámara, el Palacio Cantón que acoge el Museo de Antropología, la Casa Peón del Minarete, la Quinta Montes Molina… son sólo algunos ejemplos de esta tendencia afrancesada. Y al final aparece de pronto el majestuoso Monumento a la Patria: una visión de la historia de México, desde la fundación de Tenochtitlán, en 1325, hasta los avances del siglo XX.

Monumento a la Patria | Jedamus_Lichtbilder / ISTOCK

Corazón de la ciudad

Conocer Mérida es perderse por el Zócalo, corazón y centro neurálgico de la ciudad, al que también se llama Parque Principal o Plaza Grande. Un espacio rodeado por edificios históricos y pleno de vida en su interior. Aquí hierve la historia y la cultura de esta ciudad, el día a día de sus gentes, el alma de la península de Yucatán, a la que a menudo se asocia únicamente con la Riviera Maya, obviando la magia del interior.

Zócalo al anochecer | S. Greg Panosian / ISTOCK

No hay que perderse la Catedral de San Ildefonso, la primera levantada en América continental y la más antigua de todo México. Tampoco el Museo de Arte Contemporáneo Ateneo Yucateca, antiguamente conocido como MACAY y hoy como Museo Fernando García Ponce, que está al lado del templo.

Catedral San Idelfonso | LUNAMARINA / ISTOCK

¿Más museos? El del Mundo Maya, el de Antropología e Historia o el de Arte Popular de Yucatán, que recoge todo el colorido y el folclore de esta tierra que debe su esencia al mestizaje, a las huellas de una civilización milenaria que aún hoy se mantiene viva y a ciudades coloniales como Mérida que nacieron con el descubrimiento.

Museo Maya | Prakich / ISTOCK

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