Menorca insólita, 7 misterios de los dioses de piedra

Un viaje por los misterios de la piedra que puebla la bella Menorca, siempre rodeada de agua turquesa y luminosa. Cuajada de taulas, uno de sus símbolos más ancestrales y que solo aparecen en esta hermosa isla, descubrimos la Menorca más insólita.

Irene González
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Foto: Rudi_Lange / ISTOCK

La arquitectura prehistórica de Menorca es un patrimonio único en todo el Mediterráneo. Aquí el viento parece haber despertado las voces de un pueblo que construyó poblados con murallas, santuarios, taulas para sacrificios, cuevas sepulcrales y grandes torres llamadas talaiots. Menorca es arte en piedra con exclusivas construcciones que solo se encuentran en esta isla soñada. Menorca vive todavía a la sombra de los dioses de piedra. Y con un paisaje de belleza primordial, acantilados desérticos, llanuras, calas luminosas y colinas brinda la oportunidad de un viaje a través del tiempo. Es tierra de bosques llenos de misterio, donde se alzan taulas míticas como la de Torrellafuda en Ciutadella. Y también de poblados con espectaculares murallas y necrópolis.

Menorca es la isla más al norte de las Baleares, la segunda en extensión y la tercera en población del archipiélago mediterráneo. Con apenas 50 kilómetros de distancia de punta a punta, y con un relieve accidentado batido por el viento, posee un increíble mar azul. De nombre latino, Minorica, los romanos la llamaron así porque es de menor tamaño que la isla de Mallorca, Maiorica para los romanos. La isla pasó por tres momentos históricos que dejaron monumentos de primer orden. En la época pretalayótica, que corresponde la primera Edad del Bronce, fue cuando se levantaron las espectaculares, y exclusivas de la isla, navetas. Son edificios en forma de nave invertida, que servían como panteón colectivo. A finales de la Edad del Bronce y hasta la época romana, se desarrolló la potente cultura talaiótica.

Fue entonces cuando se construyeron las grandes torres conocidas como talaiots, así como poblados amurallados, salas subterráneas con columnas, necrópolis talladas en la roca y, sobre todo, los recintos de taula, santuarios centrados por una piedra vertical que sostiene otra horizontal. Resulta todo un misterio que las taulas solo aparecen en Menorca. Y por último, desatacan las basílicas paleocristianas de los siglos V y VI, que seguían modelos norteafricanos. Aunque su capital es Maó (Mahón), en la costa este, el municipio más poblado es Ciutadella, ubicada al oeste. En 1.993 fue declarada por la UNESCO, Reserva de la Biosfera y no es para menos, resulta puro arte en piedra, en plena naturaleza. Menorca merece una contemplación lenta y sin prisas para descifrar sus misterios.