Meloneras, el privilegiado sur de Gran Canaria

Es el lado más sofisticado y chic de la zona turística por excelencia de Gran Canaria. Un centro vacacional que aúna la belleza de su entorno natural con el lujo de sus instalaciones hoteleras y una oferta de ocio que lo convierte en una meca del estilo.

Noelia Ferreiro
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Foto: ©edwardgroeger

"Un continente en miniatura”. Desde que el célebre escritor, periodista, ideólogo y humanista Domingo Doreste, más conocido como Fray Lesco, definiera de esta guisa la esencia de Gran Canaria, la expresión se ha convertido en el sempiterno lema de la isla, repetido hasta la saciedad desde el primer tercio del siglo XX. No hay promoción turística que no incida en la diversidad de la más redonda de las Afortunadas, agraciada con todo un muestrario de paisajes naturales que responden a un abanico de microclimas: el subtropical, el oceánico, el continental... Gran Canaria, la tercera mayor del archipiélago, es una isla de playas, pero también de montañas, volcanes y barrancos. De valles fértiles, calderas y acantilados. De senderos que vertebran el terreno desde tiempo inmemorial, antes incluso de que se dibujaran los mapas. Un pequeño mundo aparte, declarado Reserva de la Biosfera, que es un paraíso para los amantes del sol y playa, sí, pero también para los aficionados al senderismo y al turismo activo.

Mientras el norte exhibe el rostro más fresco y arrugado, las exuberantes gargantas plenas de vegetación, el sur está pintado de amarillo y marrón. Durante siglos, su árida costa se mantuvo ajena a la civilización, instalada en el olvido. Eran paisajes desiertos, salpicados tan solo por las motas verdes que propiciaba el cultivo temporero del tomate. Kilómetros y kilómetros de dunas de arena dorada tocadas por una soledad que parecía irreductible y por un silencio espectral interrumpido de tanto en tanto por las aves migratorias que acudían a beber a los oasis. Tal era su abandono que, hasta la década de 1960, un desangelado faro suponía la única edificación del extremo meridional de la isla.

Sucedió entonces (era inevitable) que el mundo entero descubrió estas playas rubias y deslumbrantes, bañadas por el sol todos los días del año. Y aunque sobre la zona se proyectaron múltiples planes de desarrollo, no lograron acabar con su belleza originaria. Hoy el sur de Gran Canaria es ciertamente un lugar de referencia para el turismo internacional y una meca del ocio donde es posible practicar todo tipo de deportes náuticos.

Mar, sol y diversión

Así se resume esta parte de la isla caracterizada por sus hermosos paisajes de dunas y extensos arenales, pero también, a no demasiada distancia, por pintorescas localidades que merecen una visita pausada: Mogán, Telde, Agüimes... En esta parte de la isla se concentran los complejos vacacionales, un conjunto de urbanizaciones turísticas desplegadas al pie de una larga sucesión de playas. Menos de una hora desde la capital, Las Palmas de Gran Canaria, lleva plantarse en esta zona comúnmente conocida como Maspalomas-Playa del Inglés, compuesta por hoteles, apartamentos, restaurantes, bares, comercios, parques temáticos... con un incansable trasiego durante todo el año.

Sin embargo, orillada hacia el oeste y al final del animado paseo marítimo, otro centro en pleno desarrollo presenta un perfil bien distinto. Se trata de Meloneras, tal vez el rincón más atractivo del sur. Un apacible lugar que se encuentra a un paso de estos populares enclaves y su nutrida oferta, pero que se presenta menos masificado, más exclusivo, especialmente diseñado para aquellos que persiguen el lujo y la tranquilidad.

Meloneras es el secreto mejor guardado de la costa meridional. Emplazado en dirección a Puerto Rico, al noroeste del faro, se trata de un complejo ideado de manera especial. Con parámetros rendidos al turismo, claro, pero rabiosamente modernos y con un toque de sofisticación. Un lugar que se aleja de las embestidas urbanísticas que a menudo impactan también en el paisaje humano: las aglomeraciones, los botellones, el alboroto constante... Nada de eso encontraremos aquí, donde todo rezuma lujo sin necesidad de ostentación. El lujo de su entorno natural, con una magnífica playa de arena fina acariciada por las aguas cristalinas del Atlántico y favorecida por la mejor climatología. Una playa que tiene merecida fama en toda Gran Canaria gracias a su ambiente tranquilo, por lo que atrae a los propios isleños a tomar el sol y darse un chapuzón.

Instalaciones de lujo

Meloneras, que en los últimos tiempos ha experimentado una renovación integral, es una meca del estilo. Repleto de tiendas de diseño, prestigiosas joyerías y elegantes boutiques donde se dan cita las últimas tendencias, hay quien lo concibe como un paraíso para llevar a cabo una terapia de compras. Y ello por no hablar del golf (un campo de 18 hoyos con espectaculares vistas) ni de las posibilidades gastronómicas (ver recuadro) que pueden apreciarse en los centros comerciales, restaurantes, cafeterías y bares repartidos por toda la avenida principal.

Kevin Murray

Desde la cocina local de la isla hasta platos de todos los rincones del mundo. Y es que el ocio –selecto y refinado, eso sí– es una de las grandes bazas de este enclave al que es imprescindible conocer una vez que se enciende la noche. Con uno de los atardeceres más mágicos de la isla, la vida nocturna de Meloneras comienza con una copa de vino en un elegante local con música en directo, y termina en una exclusiva discoteca de moda. O en el famoso casino donde, si no hay suerte con la ruleta y el blackjack, siempre se podrá disfrutar del Legends Cabaret Show.

En tan distinguido universo también los hoteles tenían que ser auténticas joyas. Palacios donde la estancia resulta especial y donde la cocina está en manos de los mejores chefs de la isla. Un ejemplo es el Lopesan Costa Meloneras Resort Corallium Spa & Casino, donde el estrés tiene prohibida la entrada gracias a un ambicioso centro de tratamientos inspirado en la naturaleza volcánica de la Isla. Y es que si hay algo que distingue la oferta hotelera de Meloneras es la originalidad, capaz de alumbrar establecimientos que no se ven en ningún otro lugar de Gran Canaria.

Es lo que ocurre con el Lopesan Villa del Conde Resort & Thalasso, ideado como un acogedor pueblo con los rasgos de la arquitectura tradicional canaria: una plaza central, una iglesia neoclásica con espectacular recepción y las habitaciones distribuidas estratégicamente por el complejo en forma de villas señoriales. Un rompedor concepto de alojamiento con jardines que bordean las seis piscinas, una de ellas con playa propia y otra de agua salada con preciosas vistas al mar. Más exótico incluso es el Lopesan Baobab Resort, inspirado en África. Aquí la modernidad y el refinamiento se unen al embrujo étnico, con instalaciones que son un espectáculo para la vista. Por ejemplo, la entrada principal conduce a los huéspedes por un pintoresco puente de madera hasta la recepción, atravesando un paisaje de cascadas. O ese gran jardín en cuyo centro se erige una gran choza africana que alberga bares, restaurantes y tiendas.

Con semejante oferta de lujo, bienestar y ocio, difícil será que el viajero se resista a abandonar estos recintos. Y, sin embargo, conviene hacerlo, aunque solo sea para descubrir el mayor reclamo del sur: la Reserva Natural de las Dunas de Maspalomas, reducto de gran valor ecológico. Se trata de un paisaje único compuesto por la charca (una reserva de agua dulce que es un importante hábitat de flora y fauna), un palmeral (con palmas autóctonas canarias y datileras africanas) y el espacio más impactante: las dunas, que se extienden a lo largo de seis kilómetros desde el barranco de Maspalomas hasta el barranco de Buenavista. Un espectáculo de luz y formas sinuosas, donde la arena se fusiona con el infinito al más puro estilo del desierto.

Bienestar frente al mar

También Meloneras es un destino ideal para entregarse a la salud y el bienestar gracias a una jugosa oferta de centros donde sumergirse en un circuito reparador o someterse a un tratamiento de belleza o simplemente deleitarse con las beneficiosas propiedades que tiene el relax para el organismo. Corallium Thalasso Villa del Conde, emplazado en el hotel Lopesan Villa del Conde, es uno de los más reputados centros de talasoterapia, con magníficas instalaciones como la vitality pool, los baños de vapor, la piscina de flotación, el pabellón de inhalaciones salinas o la piscina de reflexología podal.

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Otra referencia en el panorama wellness de Gran Canaria es el centro Corallium Spa Costa Meloneras, la joya de la corona del hotel Lopesan Costa Meloneras. Se trata de un fantástico circuito hidrotermal de 3.500 metros cuadrados, en primera línea del mar, que propone un viaje a través de la temperatura de los trópicos, del mundo árabe y del Polo Norte, todo ello dentro de una arquitectura maravillosamente integrada en el relieve volcánico de la isla. Está considerado como uno de los mejores y más completos centros de Spa de Europa, en el que, además de todo tipo de tratamientos y técnicas orientales (masaje tailandés, reiki, shiatsu…), se puede disfrutar de la Cueva de Sal del Himalaya, la primera instalada en España.

La buena mesa canaria

Con una amplia propuesta gourmet, moderna y variada, la exclusiva zona turística de Meloneras se ha convertido en un destino gastronómico de primer nivel. Es el lugar donde descubrir la cocina de Gran Canaria, influenciada por sus diversos microclimas, capaces de engendrar todo tipo de frutos, desde castañas y nueces hasta guayabas y mangos (además, por supuesto, del famoso plátano). También es el lugar para degustar una variada oferta de comida internacional con excelentes restaurantes de diferentes nacionalidades.

Como el italiano La Toscana, en la zona ajardinada del hotel Lopesan Costa Meloneras, que es toda una tentación para los amantes de la pasta fresca y las pizzas. O el argentino El Churrasco, un exquisito asador de carne con el afamado corte del cono sur. Tampoco escasea en este hotel la gastronomía de diversos puntos de España, como la del restaurante Las Rías, especializado en arroces y mariscos, o la del Café del Mar, que sigue la estela de su homólogo en Ibiza e incluye un cabaret que ameniza las cenas.

El mejor chuletón de la isla se puede hallar en Plaza Mayor, en el hotel Lopesan Villa del Conde, preparado al carbón de encina. Y aquí se encuentra el único restaurante de cocina africana de toda Canarias, en el Lopesan Baobab Resort: se llama Ákara y acerca a sus comensales los sabores autóctonos del continente africano a través de un menú degustación con platos tan originales como el cocodrilo marinado y frito con ensalada de hierbas y cardamomo.