Huele a café… Asómate a los bellos pueblos del Eje Cafetero colombiano

Uno de los mejores cafés del mundo, en un paisaje Patrimonio de la Humanidad

José Miguel Barrantes Martín
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Nos servimos una aromática taza de buen café y nos trasladamos hasta el Eje Cafetero colombiano, una de las zonas más bellas del país sudamericano, donde se produce uno de los mejores cafés de todo el mundo.

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Sobrevolaremos esta preciada región geográfica cuyos paisajes han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y nos detendremos en algunos de los lugares y pueblos más emblemáticos y asombrosos del centro de Colombia.

El epicentro del país cafetero por excelencia

Colombia es el tercer productor cafetero del mundo, sólo por detrás de Brasil y Vietnam, y está considerado por muchos el país donde se obtiene el mejor café del planeta, con múltiples premios que reconocen año tras año, como tal, al género resultante de algunas de sus haciendas.

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El Eje Cafetero – como se denomina la región geográfica donde se cultiva mayoritariamente -, aglutina varios territorios colombianos, con los departamentos de Caldas, Quindío, Valle del Cauca y Risaralda a la cabeza. Una zona situada en la parte central del país, coincidiendo con el trazado de la región andina en dos de sus brazos.

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La importancia paisajística, económica y cultural del cultivo del café en este sector es enorme, hasta tal punto que la Unesco reconoció su valor en 2011, declarándolo Patrimonio de la Humanidad bajo la denominación de «Paisaje Cultural Cafetero», convirtiéndose a partir de entonces en un referente turístico internacional de Colombia.

El paisaje resultante - fruto de la adaptación a la orografía del terreno y las condiciones climáticas -, marcado por la presencia de montañas, ha dado lugar a postales envidiables. Un gran abanico de ecosistemas que difiere según los diferentes gradientes térmicos,  y que han favorecido de manera decisiva la gran calidad de los cultivos cafeteros.

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Las dedicadas plantaciones en las laderas montañosas, unido a una recolección y transporte manual – no olvidemos la ya universal silueta del arriero Juan Valdez y su mula - y un mimo extremo en el trato del grano resultante, han convertido la  industria del café en Colombia en un trabajo puramente artesano. Un buen saber hacer que ha situado a este producto colombiano como el mejor del mundo.

Pueblos coloridos entre paisajes increíbles

Comenzando por Salamina, en el departamento de Caldas, considerado la cuna del paisaje cultural cafetero, podemos sumergirnos de inmediato en el sentir del típico pueblo dedicado a la producción del café, así como despertar nuestras miradas con el estallido de colorido que nos vamos a encontrar en muchas de las poblaciones que hallaremos a lo largo del Eje.

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Más al sur, Manizales es una ciudad que resulta la parada idónea para abordar la visita del Parque Nacional Natural Los Nevados, ubicado en la cordillera central de la región andina, donde podremos admirar los impresionantes seis volcanes nevados – tres de ellos de forma permanente y los tres restantes ocasionalmente -, con el mítico Nevado del Ruiz. Asimismo, muchas personas pueden aprovechar para conocer los famosos páramos colombianos, justamente reconocidos entre los viajeros como los más bellos del mundo.

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Una de las actividades más apreciadas al visitar el Eje Cafetero es la de adentrarse en una de las muchas fincas cafeteras, con el fin de descubrir todo el proceso que lleva aparejado la obtención del café. Algunas de ellas están especialmente acondicionadas para pernoctar y la sensación puede ser muy gratificante. No hay nada como disfrutar de un «tinto» - como se conoce en Colombia a una taza de café negro -, mientras se descansa en una típica casa antioqueña o se acompaña a las típicas chapoleras – campesinas colombianas vestidas con vistosos trajes, dedicadas tradicionalmente a la recolección del café -  en su tarea cotidiana en el campo.

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Bien es cierto que con el paso de los años se han ido reproduciendo en el Eje Cafetero una serie de parques para fomentar el turismo de toda esta zona, pero sigue siendo aún una opción muy elegida el hacer incursiones por los paisajes de montaña para hacer ecoturismo, gracias a la ayuda de guías locales, usando en ocasiones los tradicionales Jeeps Willys – un símbolo en sí mismo de la zona -. Si se elige la primera opción, el Parque Nacional del Café, en el municipio de Montenegro, es uno de los más populares, con sus célebres teleféricos.

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Otro de los grandes reclamos turísticos por antonomasia de la región es la visita al Valle del Cocora, en el departamento de Quindío, situado en el área de influencia del Parque Nacional Natural Los Nevados. Se trata del típico lugar al que se suele acudir para conocer las poblaciones del árbol nacional de Colombia, la palma de cera, aunque es cierto que es en la cuenca del río Tochecito donde se encuentran – con mucha diferencia – los mayores y más densos bosques de esta especie tan emblemática.

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Volviendo a la línea de la población de Salamina, no podemos dejar de visitar algunos pueblos del Eje Cafetero que están considerados entre los más bellos de Colombia.

Pijao o Quimbaya, en el departamento de Quindío, son auténticas perlas rurales del país, pero las joyas de la corona de este territorio son sin lugar a dudas Salento y Filandia.

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Salento, típica parada para visitar el Valle de Cocora y puerta de entrada del Parque Nacional Natural Los Nevados, es uno de los pueblos más bonitos de Colombia, con su famosa calle Real plagada de casas coloridas y tiendas de artesanía. Uno de los imprescindibles en nuestra visita a la región cafetera.

Mientras, Filandia, menos turístico que Salento, es sin embargo el máximo exponente del colorido de Colombia – nombrado incluso en ocasiones como el más bonito del país –, guardando gran autenticidad en sus edificios de estilo colonial. Por su parte, el Mirador del Quindío, a las afueras de Filandia, nos depara unas panorámicas de la zona espectaculares.

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Y, por último, aunque no menos importante, no podemos olvidarnos del lugar más reconocido turísticamente del departamento de Risaralda, el pueblo de Santuario, uno de los más característicos de la región, situado junto al Parque Nacional Natural Tatamá, por lo que se conoce popularmente como «la perla de Tatamá». Su genuina arquitectura de casas coloniales antioqueñas es única; además, el territorio de su municipio es uno de los mejores lugares del Eje Cafetero para hospedarse en una casa rural.