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El mejor destino para el final del verano: esta isla combina pueblos barrocos, playas mediterráneas y una gastronomía única

Septiembre permite recorrer sus ciudades históricas con temperaturas más llevaderas y combinar patrimonio, gastronomía y playas en un mismo viaje.

El mejor destino para quienes quieran seguir viajando en septiembre

El mejor destino para quienes quieran seguir viajando en septiembre / Istock / holgs

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Hay una Sicilia especialmente agradable cuando termina agosto. El calor más intenso del verano empieza a aflojar, pero el mar sigue teniendo una temperatura ideal para bañarse y las terrazas continúan llenas. Las calles siguen teniendo ambiente y los mercados continúan llenos de productos locales. Es sin duda el mejor momento para recorrer ciudades y pueblos barrocos sin enfrentarse a las temperaturas más duras de julio y agosto.

Sicilia es una isla en constante cambio

Sicilia es una isla en constante cambio / Istock / t

La mayor isla del Mediterráneo reúne en un mismo viaje algunos de los grandes clásicos de la cocina italiana, ciudades como Noto, Ragusa o Módica y mucho patrimonio junto al Mediterráneo. En el sureste de la isla, además, se concentra uno de los conjuntos barrocos más importantes de Italia, con ciudades reconstruidas y un paisaje de colinas, olivares y pueblos de piedra.

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Adriana Fernández

Sicilia tiene un clima mediterráneo con temperaturas claramente veraniegas aunque ya haya llegado sepiembre. Eso es ideal tanto para ir a la playa sin sufrir durante las horas centrales del día como para hacer visitas culturales a pie (que recorrer estas ciudades a 40ºC se hace cuesta arriba...).

Sicilia no supone un viaje exigente desde el punto de vista físico.

Las pintorescas calles de Sicilia. / Istock / t

Pero, además de los yacimientos, que no son pocos, la costa es otro de los grandes atractivos de Sicilia, que tiene playas en prácticamente todo su perímetro.

El gran viaje barroco del sureste

La parte oriental de Sicilia concentra uno de los conjuntos barrocos más singulares de Italia. Noto, Ragusa, Modica, Scicli, Caltagirone, Militello Val di Catania, Catania y Palazzolo Acreide forman parte del conjunto declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO bajo el nombre de “Ciudades del barroco tardío del Valle de Noto”.

El origen de esta arquitectura está en un episodio dramático. Hablamos del terremoto de 1693, que destruyó buena parte de las ciudades del sureste de Sicilia y obligó a reconstruirlas. El resultado fue una arquitectura barroca muy característica, con iglesias, palacios y plazas diseñados en muchos casos desde cero.

Ragusa Ibla, capital de Sicilia

Ragusa Ibla, capital de Sicilia / Istock / Pilat666

Noto es probablemente la imagen más reconocible con su centro histórico construido alrededor de grandes calles y plazas y con edificios tan noables como la catedral de San Nicolás, el Palacio Ducezio y la iglesia de San Francisco.

Tampoco te pierdas Ragusa, que se divide entre Ragusa Superiore y Ragusa Ibla, esta última llena de edificios barrocos. En un paseo por sus calles podrás descubrir multitud de iglesias, palacios y pequeñas plazas.

Modica, Sicilia

Modica, Sicilia / e55evu / ISTOCK

Una gastronomía que merece el viaje

La pasta es lo primordial, como era de esperar, pero la cocina siciliana no se reduce a esta. La posición de la isla en el Mediterráneo ha dejado una gastronomía en la que aparecen influencias griegas, árabes, normandas y españolas.

Para probarlo, pásate por los mercados de Palermo. Allí aparecen productos como pescado, cítricos, aceitunas, quesos, verduras y diferentes elaboraciones de comida callejera.

Mercados de Palermo: descubriendo la capital de Sicilia a bocados.

Mercados de Palermo: descubriendo la capital de Sicilia a bocados. / Istock / poludziber

Entre los platos más conocidos está la pasta alla Norma, elaborada con tomate, berenjena, albahaca y ricotta salada. También están las arancine, las bolas de arroz rellenas y fritas que forman parte de la gastronomía cotidiana de la isla.

Y si hablamos de la repostería necesitamos otro capítulo aparte. Los cannoli y la cassata siciliana son probablemente los dulces más famosos, aunque el granizado y el brioche con tuppo forman parte de los desayunos y meriendas más típicas.

En el sureste, Módica es otro de los lugares que no puedes perderte por su chocolate, elaborado siguiendo una tradición local que utiliza una técnica de origen antiguo y produce una textura granulada muy diferente a la del chocolate convencional. Se hace a baja temperatura y así conserva parte de los cristales de azúcar.

Muchos viajes dentro de un mismo viaje

Sicilia da mucho (pero que mucho) de sí. No hace falta verlo todo en un primer viaje y es el tipo de destino al que nunca te cansarás de volver porque siempre hay un nuevo rincón por descubrir.

Puedes empezar por Siracusa, que es una buena base para combinar patrimonio y costa. La isla de Ortigia concentra buena parte del casco histórico y se puede recorrer a pie, mientras que el parque arqueológico de Neápolis te acercará a la herencia griega de la ciudad.

Vista de la erupción del volcán Etna desde Taormina

Vista de la erupción del volcán Etna desde Taormina / Istock

Más al norte, podríamos decir que Taormina esconde la joya de la corona: el antiguo teatro griego que se asoma al mar con el Etna al fondo. Es uno de los lugares más conocidos de Sicilia y también uno de los que conviene visitar temprano o a última hora para evitar las horas de mayor afluencia, aunque en temporada baja es probable que encuentres menos viajeros.

Palermo aporta una dimensión diferente. La capital ofrece arquitectura normanda, mercados históricos, iglesias y palacios, además de una gastronomía muy ligada a la comida callejera.

Y entre una ciudad y otra queda el paisaje siciliano lleno carreteras entre colinas, olivares, viñedos y pequeños pueblos. Lo difícil va a ser elegir qué ver y qué dejar para la próxima visita, porque vas a querer incluir todo en tu itinerario.