El Medievo deslumbra en 7 (casi) desconocidas villas

Estas son las 7 villas medievales, con menos de 7.000 habitantes, que primero fueron declaradas Conjunto Histórico Artístico. Son pueblos que se cuelan entre los más bonitos del mundo, y no es para menos, todos sus rincones sorprenden y enamoran por el encanto de lo auténtico.

Irene González
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Foto: Mercedes Rancaño Otero / ISTOCK

Son villas que deslumbran, que poseen un misterioso aire medieval, y que mantienen su majestuosidad de antaño. Ellas transportan a la Edad Media y, gracias a su aislamiento y algunas veces a su dificultad de acceso, se han convertido en villas medievales de princesas y dragones. De norte a sur, y de este a oeste, se alzan por toda la geografía pueblos y villas irresistibles. En Galicia, Ribadavia, regada por el Miño, lleva el nombre de un afluente, el Avia. Aquí los monjes fueron los primeros que cultivaron viñas y se dice que fue su vino lo que salvó a la villa de ser destruida varias veces. Quizá por eso muestra viejas casonas con soportales que huelen a bodega. Uno de los lugares con más encanto, es la plazuela de La Magdalena que fue centro de la Judería. Conserva iglesias románicas, y el castillo de Sarmiento con murallas, puertas, escudo y un elegante torreón, es Medievo puro.

Al igual que la bella Sepúlveda, germen de las instituciones castellanas. Conserva varias casonas señoriales e iglesias románicas como la de San Salvador, la más antigua de la provincia. En el escudo de la villa, una torre y siete llaves que recuerda las siete puertas que tuvo la ciudad, de donde deriva el nombre latino de Septempública que dio origen al actual. En el centro está su plaza Mayor presidida por el Ayuntamiento, a los que están adosados los restos del castillo. Su casco es magnífico y sus estrechas callejuelas llevan a barrios que conservan los nombres de sus antiguos habitantes, como judíos, o morería. Y qué decir de la batalladora Calatañazor, donde el temido Almanzor fue derrotado. El caudillo sarraceno recorrió estas tierras destruyendo sus principales villas, hasta que enfermo, tuvo que volverse a Córdoba, y al pasar por Calatañazor fue vencido. La batalla fue una simple escaramuza, pero Calatañazor ha entrado en la historia con ella y su nombre irá unido siempre al de Almanzor. Sus casas de adobe con entramado de madera, amplios balcones, y salientes aleros de madera, deslumbran.

También en tierras gallegas está la increíble Allariz con su espectacular puente. Su casco histórico es de los más importantes de Galicia, con calles empedradas y casas blasonadas, y donde destacan las Iglesias románicas de San Esteban y Santiago, el santuario de San Benito, y el Real Monasterio de Santa Clara.  Laguardia posee la impresionante iglesia de Santa María de los Reyes, que es monumento nacional, y la de San Juan Bautista. Sus cuidadas callejas conducen a la plaza Mayor, con su palacio plateresco, y casonas blasonadas. La bella Ampudia, con menos de 1.000 habitantes posee irresistibles campos donde pastan los rebaños de ovejas. En su iglesia parroquial, convertida en colegiata por el duque de Lerma, reposan grandes señores de la villa. No solo las calles de estas villas saben a Medievo, también sus cocinas. Carnes y productos de matanza, pulpo a la gallega, embutidos, empanadas, lacón, cordero asado, alubias de El Burgo, lentejas, migas canas, tortilla merina, caldereta, patatas a la riojana, lechazo asado, y famosos vinos, son majares de reyes y señores de aquella hechizante Edad Media.