Masías para la relajación en la Costa Daurada

La huella del emperador romano Octavio Augusto, sumilleres judíos, el taller del padre del genial arquitecto Antonio Gaudí... que la Costa Daurada es mucho más que sol y playa es, desde luego, un secreto a voces. Tomando como base de operaciones tres masías de lujo, esta ruta ofrece pistas para descubrir los aspectos menos conocidos de la costa tarraconense.

Foto: Álvaro Arriba

La Costa Daurada toma su nombre del tono dorado de la arena de sus playas cuando reciben el sol. Por lo tanto, la etimología de este paraje ya indica su inexorable vinculación con el mar. No obstante, teniendo en cuenta que se trata de una zona de casi 3.000 kilómetros cuadrados que abarca seis comarcas y 131 municipios de Tarragona, sería injusto definirla exclusivamente como un simple destino de sol y playa, suprimiendo de un plumazo su extraordinaria riqueza natural y cultural. Tomando como punto de partida tres hoteles ubicados en antiguas masías, el recorrido que propone este reportaje visita un encrespado pueblo en el que merodean perros surgidos del Averno (cuyo secreto popularizó el maestro Joan Perucho), los restos del mayor hipódromo romano de toda Europa (con capacidad para 30.000 espectadores) y la casa familiar de Antonio Gaudí (donde su familia tenía una calderería). Una pequeña muestra de lo que el visitante de la Costa Daurada puede encontrar si decide apartarse de los caminos trillados.

Cualquier periodo vacacional es susceptible de convertirse en una película de terror; tan solo un par de imprevistos pueden ser el detonante. No cabe la menor duda de que los viajeros que se acerquen a la localidad de Pratdip, en plena Costa Daurada, apreciarán en el entorno los elementos imprescindibles de los filmes clásicos protagonizados por Bela Lugosi y Boris Karloff.

La primera señal inquietante se aprecia en el escudo de este pequeño municipio de la Sierra de la Llabería: su emblema es la soberbia estampa de un perro negro. La leyenda afirma que este can, que recibe el nombre de dip, es un ser venido del averno que se alimenta de la sangre humana. Parte de su popularidad se debe al escritor Joan Perucho. Entre su extensa obra, siempre con cierta querencia hacia lo fantástico, resalta Las historias naturales. Esta increíble novela, ambientada durante las guerras carlistas, ha sido emparentada por los críticos con Borges, Lovecraft o Calvino. Palabras mayores. Parte importante de la trama transcurre en Pratdip y el dip desempeña un jugoso papel. Otro paraje inquietante de la localidad es su maltrecho castillo, que la tradición relaciona con Onofre de Dip, señor feudal que fue acusado de ser vampiro. En cualquier caso, estos malévolos personajes no deben ser tan fieros como los pintan cuando los pratdipenses se muestran tan orgullosos de ellos.

Días de vino y rosas. Aquellos que salgan con vida encontrarán en las afueras de Pratdip el hotel gastronómico de cuatro estrellas Mas Mariassa. Este alojamiento familiar también guarda una historia entre sus muros, pero en ningún caso aterradora. Hace cuatro años, un joven cocinero andorrano y su esposa llegaron a la conclusión de que lo mejor para sus hijos era crecer en un ambiente rural, donde el trato resulta mucho más humano y las angustias de la vida moderna más relativas. Cuando encontraron Mas Mariassa, que llevaba abandonada 100 años, creyeron ver cumplido su sueño. Tras mucho esfuerzo e imaginación, rehabilitaron con gusto esta masía y la convirtieron en un alojamiento hotelero de siete habitaciones con especial cuidado en el aspecto culinario (no en vano, el propietario pertenece a la familia Bellsolà, que regenta el restaurante andorrano Moli dels Fanals, en Sispony). Gracias al empleo del roble, la piedra y el hierro como elementos principales, su moderna decoración resulta cercana y acogedora. Uno de sus grandes aciertos es la pequeña zona chill out del jardín. Algo de beber, música relajada, la brisa de la sierra, la luz de la luna... no hay duda de que Pratdip es una pesadilla.

Pratdip pertenece al Baix Camp, una de las seis comarcas de la Costa Daurada. Al noroeste limita con el Priorato, comarca de interior cuya vida gira alrededor de una bebida de intenso color encarnado, pero que poco tiene que ver con la cuestión vampírica: el vino. Entre viñedos, a escasos 30 kilómetros de los perros maléficos, se encuentra el hotel Mas Collet. Las 14 habitaciones de este alojamiento de cuatro estrellas ocupan una masía cuyos restos más antiguos datan de 1791. En 1998, un madrileño enamorado del Parque Natural de la Sierra de Llabería decidió convertirlo en hotel. Ubicado en plena naturaleza, Mas Collet constituye el punto de partida ideal para descubrir los encantos vitivinícolas de la zona. Para abrir boca, al llegar a su habitación, los clientes reciben como obsequio una botella de vino de uva garnacha tinta, la principal variedad empleada por la Denominación de Origen Calificada Priorat. El restaurante del hotel cuenta con una pequeña pero bien surtida bodega donde los visitantes pueden descubrir alguno de los caldos del Priorat. Y si su tarjeta de crédito lo soporta, también puede degustar reputados vinos de otras latitudes como el Pingus. La localidad más cercana a Mas Collet es Capçanes, donde puede visitarse la cooperativa vinícola Celler de Capçanes, en activo desde 1933. Una de las peculiaridades de esta bodega es que elabora vino kosher; esto es, de acuerdo con los preceptos de la religión judía.

¿Playa o montaña? La Costa Daurada está formada por seis comarcas: tres de interior (Priorat, Alt Camp y la Conca de Barberà) y tres de costa (Baix Penedès, Tarragonès y Baix Camp). Las dos localidades más populosas son Tarragona, capital provincial y de la comarca Tarragonès, y Reus, capital del Baix Camp. Esta última es la localidad natal de Antonio Gaudí (1852-1926). El Centro Gaudí, ubicado en la céntrica Plaça del Mercadal de Reus, es un lugar imprescindible para conocer algo más de la vida y la obra del genial arquitecto de la Sagrada Familia barcelonesa. Su principal interés radica en que explica, de forma didáctica e interactiva, los principales avances arquitectónicos de Gaudí. Padres e hijos disfrutarán manipulando sus numerosas maquetas.

En una esquina del Mercadal se encuentra la preciosa Casa Navàs, del arquitecto modernista Lluís Domènech i Montaner (quédense con este nombre). Es posible visitar su interior previa cita. Muy recomendable. Quizás sea esta la expresión más refinada del modernismo en Reus, pero ni mucho menos es la única. En toda la ciudad hay más de cien edificios denominados modernistas. Callejear por esta agradable ciudad, con una intensa vida comercial, es la mejor opción para descubrir estas joyas. En uno de esos paseos, el visitante encontrará una estatua a tamaño real de un niño: el pequeño Gaudí. Ello indica que se encuentra frente a la calderería de su familia.

Un edificio de inspiración modernista. A escasos cinco kilómetros de Reus y a tan solo 14 de Tarragona se encuentra Mas Passamaner, un hotel de categoría cinco estrellas que ocupa una masía de postín. El arquitecto del edificio es ni más ni menos que el citado Lluís Domènech i Montaner (1850-1923), cuya obra más conocida es el Palau de la Música de Cataluña. El término Passamaner hace mención al oficio del propietario original, un acaudalado industrial que era propietario de una fábrica de pasamanos. El hotel lleva 10 años en funcionamiento y ha sido restaurado por el arquitecto Ángel García Puertas. A pesar de su recogimiento y tranquilidad, solo alterada por los arrullos de las tórtolas, se trata de un alojamiento con una superficie de 20.000 metros cuadrados. Dispone de 26 habitaciones de distintas categorías, que están decoradas con una sabia mezcolanza de muebles modernos y de época. Además de piscina y spa (todos los clientes del establecimiento pueden disfrutar de un circuito gratuito), Mas Passamaner dispone de dos excelentes pistas de pádel de cristal panorámicas, donde se realizan cursos y torneos. En definitiva, se trata de un lujoso y cuidado alojamiento pensado para los viajeros del siglo XXI, cuyo principal encanto radica, paradójicamente, en estar situado en un edificio centenario.

Esplendor romano. El centro neurálgico de la Costa Daurada es Tarragona. Quizás fuera su ubicación lo que propició su auge durante el periodo romano. De hecho, en el año 22 a.C., Tarraco, así se la conocía, fue nombrada capital de la Hispania Ulterior por el emperador Octavio Augusto. Hoy, los restos romanos aún resultan evidentes. Su anfiteatro es uno de los monumentos más visitados de la ciudad, especialmente al atardecer. Además, en los últimos años se están recuperando los restos de un hipódromo romano que llegó a albergar 30.000 espectadores, lo que le convierten en el más grande conocido de toda Europa. Durante la Edad Media la ciudad creció sobre sus restos, de ahí que algunas de las casas y los locales de la zona hayan integrado en su estructura elementos constructivos romanos.

Las películas de romanos son un género en sí mismo. Al igual que los filmes de vampiros. Resulta obvio que la Costa Daurada es apta para cinéfilos de todos los gustos. Aquí han quedado sugeridas unas pocas pistas para ampliar los intereses culturales de los viajeros más inquietos. Unos se decantarán por los destinos literarios, otros por los gastronómicos, arquitectónicos o históricos... o quizás hay quien prefiera no renunciar a nada.

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